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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

El quiste

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 6 de mayo de 2010, 03:32 h (CET)
Lo de Zapatero ya no es sólo una verdad nacional, sino que la evidencia de su aberrante proceder político, económico y moral es cuasi un clamor universal: la peor enfermedad que ha podido contraer España. Sólo sus adeptos más fundamentalistas, y en especial los que superviven de los cósmicos emolumentos que perciben por su nadería, y están aferrados como parásitos al corpus presidencial, pueden ver en este hombre al adalid del talento, aunque envolviéndole intencionadamente, aislándole y privándole de ver la realidad, cual si se tratara la dura vaina de un quiste. También así se conduce la naturaleza humana cuando un grupo de células amenaza al organismo: para protegerse del sistema inmunitario y vivir a costa de las células sanas y de los fluidos del cuerpo al que dañan, se rodean de una capa dura e insensible que les aísla en su autismo.

Las más cualificadas voces nacionales llevan tiempo diciéndolo desde todos los ángulos cortésmente posibles, eludiendo con la mayor habilidad lo que, siendo un diagnóstico, pudiera parecer un insulto: no sabe, es ignorante, miente continuamente, se rodea de las criaturas más inadecuadas, es paciente y generoso con los terroristas e inclemente con las víctimas, es pomposamente narcisista, enfrenta a la sociedad, gobierna a contrarrazón y contraespaña, dilapida los recursos patrios en sus delirios, pervierte a la infancia y la juventud con sus asignaturas aberrantes, el aborto libre para menores y la mayoría de edad sexual a los trece años, discrimina a los hombres a contraconstitución, mantiene pillos en base a subvenciones, ningunea a los capaces y promociona a los inútiles, crea quiebras y multiplica el desempleo, sus ayudas son gravámenes para todos, es resentido… y un tan largo etcétera que bien puede resumirse en unas pocas palabras: es nuestra peor pesadilla.

Es fácil comprender que un radical, que es incapaz de ver por sí mismo cuanto sucede, apoye a quien siempre miente y está reverdeciendo nuestros más ancestrales rencores, e incluso que quien vive a todo tren con un salario de veinte o treinta mil euros mensuales, no sabiendo hacer la O con el culo de un vaso, vea en su adalid la cúspide de los sucesos cósmicos universales, porque en ningún otro empleo tendría ni en sueños tales percepciones; pero lo difícil de entender es que mentes lúcidas de hombres y mujeres con excelente formación sean incapaces de ver que este hombre tiene serios problemas de competencia y que, tal vez, todos nos equivocamos gravemente al sostenerle al frente del gobierno. Que no es bueno para España, en fin, y que cada uno de sus actos nos cuesta un Potosí en crédito y en dinero, y representa varias décadas de retroceso en cuanto a convivencia. Un lujo que no nos podemos permitir.

Tal vez ahora que no son sólo las voces de algunos españoles –a quienes los ayatolás de este prohombre nos han tildado de fascistas, nacionales (no sé si con z) y partidarios de la dictadura y la tortura-, sino que su delirante proceder es un clamor mundial, se comprenda el alcance del daño que está perpetrando. Hace algunas semanas decía en uno de mis artículos que si hay un procedimiento para destituir al capitán de un barco o al administrador de una empresa que no está en sus cabales, que por qué no lo había en el caso del Presidente del gobierno. La respuesta, tal vez, hay que buscarla en la cohorte de babosos de la que se ha rodeado: en el quiste político.

El gobierno de España, como en todos los ámbitos internacionales se difunde ya sin ninguna contención, es un tumor que puede costarnos la propia existencia como nación. Cinco millones de parados y un nuevo enfrentamiento entre las dos Españas y los dos géneros, es mucho más de lo que es razonable pagar por una excentricidad absurda, como lo es tener a ese señor y sus lamedores viviendo a la sopa boba y jugando a ser dios. Si bien, un dios perverso, a tenor de los resultados prácticos.

Adempero, pocos ojos hay en su propio partido que vean lo que desde las cuatro esquinas del mundo se señala, en un autismo que nos está conduciendo a una fosa del pasado de la que costosamente y con muchas renuncias y sacrificios salimos. Su fracaso, que es nuestro fracaso, ya no es sólo nacional, sino europeo y, por extensión, mundial; pero él sigue tan ricamente enquistado por sus babosos y babosas, delirando con grandezas mientras nos extingue.

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