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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Qué salvaría en un incendio?

Yolanda Plaza (Madrid)
Redacción
jueves, 6 de mayo de 2010, 02:57 h (CET)
En un incendio, ¿qué salvaría: una obra de arte o un gato atrapado entre las llamas?

¿Ha visto usted la película “Un hombre y una mujer” (Un homme et une femme)? Yo lo he hecho en varias ocasiones y volveré a verla. Fue dirigida en 1966 por Claude Lelouch y protagonizada por Anouk Aimée, Jean-Louis Trintignant. La fotograía es increiblemente buena, la música, una maravilla. Pero no quiero hablar ahora de la película en sí, sino de una parte del diálogo entre los dos amantes protagonistas que me llamó la atención la primera vez que la vi. En una de las escenas en la que la pareja están conversando, uno de ellos recuerda una frase del escultor Alberto Giacometti:

"Si en un incendio tuviera que escoger entre salvar a un gato o un Rembrandt, salvaría al gato,…y luego lo dejaría libre".

Vivimos en una sociedad donde la vida de la mayoría de los animales no tiene ningún valor, incluso me atravería a decir que la vida humana pasa por una época de “rebajas”. Podemos encontrar noticias sobre los millones de euros que se han podido pagar para comprar un cuadro de un famoso pintor. Así mismo, miles de edificios tienen un valor incalculable. Me pueden meter en la cárcel si intento robar un cuadro del Museo del Prado, quizá incluso si causo algún daño en su edificación, pero no si mato a pedradas a un gato, un perro, o una paloma que deambule tranquilamente por sus alrededores.

En algunos rincones del país se ha llegado al límite del disparate, al considerar la tauromaquia, este mal denominado “arte”, como “Bien de Interés Cultural”, así ha ocurrido en Navarra y la Comunidad de Madrid, otorgando a este espectáculo macabro y anacrónico, en el que un toro es torturado hasta la muerte, una protección de la que carecen miles, millones de animales no humanos. Y no sólo esto, si no que, gracias al dinero de todos los contribuyentes que pagan sus impuestos obligatoriamente, esta manifestación de sadismo y estancamiento en el pasado, recibe subvenciones millonarias, millones de euros de los que carecen colectivos más desfavorecidos del país, ya sean ancianos, enfermos crónicos, niños y jóvenes en edad escolar, parados, etc.

¿Qué pensaría Giacometti sobre esta decisión? Él valoró más la vida de cualquier gato a la de cualquier obra de arte. Aun más, este artista no se sentía “dueño” de un animal que hubiese salvado de la muerte, como él dijo: “y después lo dejaría libre”.

La vida de los animales no nos pertenece, no son objetos que podamos comprar o vender y aun menos, martirizar y matar. Cada individuo, ya sea humano, gato, perro o toro, tiene derecho a disfrutar de lo único que posee “su vida”. Una vida en libertad, más digna de protección que cualquier obra de arte.

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