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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

México: su respuesta ante la ley SB-1070 de Arizona

Natalia Zamorano (México)
Redacción
miércoles, 5 de mayo de 2010, 22:33 h (CET)
Después de haberse firmado la ley SB-1070, Arizona comenzó a enfrentarse a la amenaza de una serie de boicots económicos en protesta por la ratificación: poco después de que se firmara la ley, la Asociación Americana de Abogados de Inmigración aseguró que revocaría su convención nacional de otoño que estaba programada para realizarse en la ciudad de Scottsdale, Arizona; mientras que decenas de camioneros independientes hispanos convinieron no transportar ni tampoco recoger cargas que tuvieran como destino Arizona o que salieran de ella. Incluso el representante federal Raúl Grijalva, demócrata por Arizona, calificó también a la ley de ser racista mientras convocaba a las compañías en todo el país a sumarse a un boicot económico contra ese estado.

Dichos boicots, están cerca de revivir una etapa que fue penosa en la historia de esa entidad, que causó daños en la economía perdiendo decenas de millones y también en la reputación de la ciudad. Pero a pesar de este riesgo, las cosas siguen en pie para que la ley se lleve a cabo.

Para México, la ratificación de la ley en Arizona, debería de ser un golpe al orgullo nacional, pues de quienes estamos hablando es en su mayoría de nacionales de éste país o que tienen sus raíces en él. Y aunque la respuesta que ha dado al respecto tanto México como quienes tampoco se han mostrado a favor, haya sido si no muy acertada al menos sí muy necesaria, no se puede dejar de pensar en que en realidad de lo que se trata es del manejo de un doble discurso por parte de México, pues en primer lugar, se trata de una ley antiinmigrantes, por lo que no puede olvidarse que si la migración desde México a los Estados Unidos existe, es precisamente porque existen millones de mexicanos en condiciones de pobreza, algunos extrema, que necesitan salir delante de alguna manera, por lo que deciden salir en busca de mejores oportunidades de empleo que les permitan lograr una mejor condición de vida para ellos y sus familias. La pobreza, la marginación y el desempleo, todos generados en tierras mexicanas, son los que ocasionan que existan paisanos en movimiento hacia el país vecino. Ésta misma situación se repite en el sur y el centro de América, que también son grandes expulsores de migrantes, al no poder dar garantía alguna de vida digna para sus ciudadanos.

En segundo lugar, muchos hemos calificado a la nueva ley en Arizona como una que viola las garantías individuales, los derechos humanos, que fomenta la discriminación y el racismo, pero no nos detenemos a pensar en las condiciones en las que recibimos a los migrantes que vienen desde centro y Suramérica y que tienen que pasar por nuestro país para poder arribar a los Estados Unidos. En México, existe quizá más discriminación y racismo, mayores maltratos y violaciones a derechos humanos, que los que pueden existir en los Estados Unidos. Pero lo peor de todo, es que dichas agresiones son en su mayoría provenientes del Ejército Mexicano y de autoridades tanto ministeriales como judiciales y policiales.

La respuesta entonces no es aumentar las protestas ni formar equipos de cabildeo para que trabajen en que leyes de este tipo desaparezcan, pues el problema no inició ahí, sino mucho antes y dentro de México, y es desde ahí desde donde debe verse por una solución. No mostrarse indiferente fue una buena estrategia, pero no es la respuesta definitiva, ni siquiera basta para que las cosas pinten mejor para los migrantes, pues de hecho las cosas en sí se proyectan muy mal, no sólo por el trato que ya han comenzado a vivir quienes tienen una apariencia diferente a los típicos estadounidenses y que de seguro va a empeorar, si no porque además el empleo comenzará a disminuir debido a que se impedirá la contratación de indocumentados y a que la oferta de empleo en otros estados será muy competida debido a la movilización de migrantes en busca del mismo.

En resumen, México no se ha preocupado del todo porque la migración disminuya, pues más que luchar porque no se construyan muros o se aprueben leyes que atenten contra la dignidad de las personas, debería ver primero porque existan mejores condiciones de vida y más y mejores empleos para que nadie más tenga que migrar.

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