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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Primero de mayo

Piedad Sánchez de la Fuente
Redacción
miércoles, 5 de mayo de 2010, 22:09 h (CET)
Siempre he valorado de manera especial esta fiesta laica y cristiana a la vez, porque es la fiesta del hombre trabajador, porque cada uno puede celebrarla según su criterio pero todos valoramos la dignidad y el valor del trabajo y humano honrado. El trabajo desde el principio de los tiempos es para el hombre una exigencia de su condición de criatura que habría que realizarse de un modo natural y sin esfuerzo, pero en un momento especial todo se vuelve difícil y agotador, la dignidad del hombre permanece, aunque las condiciones en que se realiza ese trabajo han hecho que se considere un castigo o un instrumento de opresión, de tal manera que no vemos por ningún lado su grandeza y dignidad, tan sólo lo contemplamos como forma de ganar dinero y a veces olvidando al que trabaja para nosotros.

Durante mucho tiempo se despreció el trabajo material y se le tuvo como algo sin valor que rebajaba la categoría social del hombre. Esos tiempos ya pasaron, pero aún se valora a los hombres por lo que tienen y no por lo que son. Ejemplo de trabajador honrado y sencillo es San José, con su vida nos hizo ver que con un oficio humilde se puede ser vínculo de unión con los semejantes, forma de sostener la propia familia y medio para contribuir a la mejora de la sociedad en la que vive y al progreso de la humanidad. San José Obrero, es la otra cara de la moneda del trabajador. San José nos enseña a todos a amar nuestra tarea ya sea en el campo, en una oficina, en un quirófano o barriendo las calles. La categoría de un trabajo proviene de su dignidad y esa la pone el hombre o la mujer que por otro lado tiene que esforzarse en hacerlo bien y en buscar la justicia en su retribución. Cuando no hay justicia, hay que exigirla. Por eso, me gusta tanto esta fiesta, porque es para todos los hombres, cada uno según sus ideas, pero todos buscando el bien personal y de la sociedad. Sin olvidar que el trabajo bien hecho es el que se hace con amor. Apreciar la propia profesión, el oficio al que nos dedicamos es quizás el primer paso para dignificarlo, debemos poner el corazón en lo que tenemos entre manos y no hacerlo porque no hay más remedio. El hombre con fe hace todo eso y busca la justicia para todos y además mete a Dios en su vida, dándole un sentido sobrenatural a todo lo que hace.

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