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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

De arlequín a Pajín

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 4 de mayo de 2010, 04:07 h (CET)
Una columna semanal no da para comentar ni someramente cada una de las tonterías que surgen de las mentes preclaras de nuestra “clase política”. Había comenzado a escribir sobre Leire Pajín y sus torpes balbuceos en las cuatro lenguas habladas en España, cuando por la puerta asoma doña Esperanza con la última (que a esta hora será penúltima) boutade: que la corrupción política es algo inherente a las instituciones… ¿Hablará por propia experiencia?

Pero volvamos al risueño arlequín; es decir, a Pajín.

Decía Unamuno que quien sólo conoce su lengua ni su lengua sabe, y hete aquí que la senadora por Alicante da a entender su mayor o menor grado de competencia lingüística en cuatro (yo, que de las peninsulares sólo conozco, y a duras penas, la mía, el castellano, doy fe de la habitual pobreza de expresión en esta lengua de la senadora, lo que me lleva a suponer su fluidez en algún dialecto, acaso el bable o, por qué no, el de germanías)

La ocurrencia de encadenar las cuatro lenguas a su conceptualmente raquítico discurso, pronunciado en el Senado la semana pasada, tenía el objetivo de “ilustrare prodese”, enseñar divirtiendo, para convencernos de lo imprescindible que es convertir esa institución en un trasunto de la torre de Babel y de que en breve cada senador se exprese, si lo desea, en el idioma de su comunidad. Da igual que en la cafetería o en los pasillos sus señorías comenten el partido de fútbol del domingo o su plan para las vacaciones en castellano, al entrar a la sala de sesiones perderán el don de las lenguas y el que era bilingüe sólo verá la realidad por el ojo del canuto de su masía, caserío o alquería. Es por ello del todo imprescindible instalar un sistema que permita a los senadores entenderse entre sí durante sus sesudas intervenciones.

Considerado desde el punto de vista de la combinatoria, nos saldrá un buen número de variaciones que habrá que dotar de intérprete titular y al menos dos suplentes (especialmente para cuando la sesión se haga agotadora si Pajín decide expresarse por costumbre en las cuatro lenguas) El montaje del tinglado costará un millón y medio de euros; pero como es dinero de nadie…

El futuro del I+D+I, del que ya apenas se habla, podría pasar por la promoción del maragato y el calagurritano como futuras lenguas universales, y López Garrido tendría que exponerlo en el Parlamento Europeo como una de las medidas del Gobierno para combatir la crisis y el paro juvenil. Afanarse en el estudio del caló y ganar una oposición como intérprete jurado va a ser, sin duda, mejor opción que acabar la carrera de telecomunicaciones.

Otra profesión con futuro en la Administración será la de “corrector de cuentos infantiles”: hay que acabar con el machismo de “Cenicienta”, “Blancanieves”, “La bella durmiente” y “La princesa y el guisante”. Una destacada “miembra” del Gobierno, cuyo nombre extrañamente no es “Aida” sino “Aido” lo ha dicho hace pocos días.

Veo a Zerolo como probable ministro de “la cosa”.

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