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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Decidme, buenos días

María Romo de Oca
Redacción
lunes, 3 de mayo de 2010, 05:25 h (CET)
El libro tiene aspecto divertido y triste. Destaca en las vitrinas de la librería francesa por la que paso a diario. En la portada, el dibujo de un lobo que pasa corriendo como una exhalación. Y arriba, el título: “Dites-moi Bonjour”. Autor, Azouz Begag, desconocido para mí.

No se sabe si la petición es una orden o una súplica. En todo caso, está claro que el hombre, “lobo para el hombre”, es capaz de huir, cruzando la calle para no dar los buenos días al pelmazo del vecino que ve acercarse por la acera.

Sí señor, así somos. Somos capaces de no saludar aunque no nos cueste ni un euro.

Seguí mi camino con pensamientos tristes. De repente en el escalón de un comercio chino, veo sentado casi un bebé. Le conocí en el vientre de su madre, mujer de sonrisa amplia cuando iba a comprar el pan. Se levantó tambaleándose y en silencio, porque aún no habla, me entregó un trocito de una hoja verde que tenía en la mano. Mis efusivas gracias le animaron y aún podría estar allí recibiendo trocitos de la hoja verde. ¿Cómo tirarlos? Al llegar a casa los puse ante esa joya de Virgen que acoge en el vestíbulo y allí siguen. Las manifestaciones de afecto hay que agradecerlas en este mundo donde abundan los lobos.

El libro en cuestión me llevó a otro de una librería de Roma que también me impactó: “Il dovere de farsi amare”. Escribo de memoria pero lo traduje como “El deber de hacerse amar”, Y esto es lo insólito. Todos conocemos el deber de amar a los demás, ¿pero somos conscientes del deber de hacernos amar?

Porque no basta amar poniéndonos sonrisa de dentífrico sino ¡ojo! ganándonos al que nos ama. No es lo mismo amar que hacerse amar, conseguir el amor del marido, de la mujer, de los hijos, de los amigos, de todos....

Trabajar el amor
Muchos entusiastas de ONG parece que se han tragado una escoba, en casa. Hay madres que van a los suburbios a llevar sonrisas a los chavales, y, a los hijos, cara de dolor de cabeza.

El deber de hacerse amar tiene más trasfondo que el hecho de ser amable, o el de sonreír por instinto.

No hay que demostrar que “el deber de hacerse amar”, es urgente, en este mundo, donde los menores matan, y los padres recurren a la policía para que los libren de hijos materialmente insoportables.

Hasta los entusiastas que adoptan hijos devuelven hoy al chaval –afirmando que no pueden soportarlo- como en el reciente caso del niño ruso. Lo enviaron solo con una dirección, igual que un paquete postal. Terrible.

Dado que abundan hoy los “niños hiperactivos”, el tema es urgente.

Confieso que no he leído ninguno de estos dos libros que me han parecido apasionantes. ¿Los reconstruimos entre todos? ¡Venga, moveros! Os lo pide.

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