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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ley de Odio contra migrantes

Natalia Zamorano (México)
Redacción
lunes, 3 de mayo de 2010, 05:10 h (CET)
A pesar de que por tanto tiempo se ha entablado diálogo entre los gobiernos de México y Estados Unidos para hacer realidad la reforma migratoria, lo cierto es que no ha habido un avance en concreto. Sin embargo, el que ambas naciones no se hayan puesto de acuerdo aún o que simplemente le hayan dado prioridad a otros asuntos en sus respectivas agendas, no ha significado que el tema de la reforma esté también en reposo a nivel estatal en los Estados Unidos. El punto es que se han venido aprobando reformas dentro de los mismos estados, que aunque no tienen un sustento legal para llevarse a cabo, han marcado el comportamiento de las autoridades de ese lugar hacia los migrantes, el cual no siempre ha sido el más apropiado.

Pues bien, por fin una de esas iniciativas se convirtió en ley hace apenas unos días: la decisión que el Congreso Local de Arizona había tomado con respecto a los migrantes, fue ratificada por la firma de la gobernadora de ese estado, la republicana Jan Brewer. Este hecho, no hizo más que aumentar las fricciones que se han venido presentando entre un sector de la sociedad y la clase política de los Estados Unidos con respecto a los migrantes, especialmente mexicanos.

La ley permitirá que si así se desea, se pueda acosar no sólo a aquellos que sean migrantes, sino a todos aquellos que tengan aspecto de mexicanos aún siendo residentes o estadounidenses, es decir, permitirá que aquellas personas con aspecto “diferente” al estadounidense, sean interceptadas y sometidas a un interrogatorio acerca de su estatus legal en ese país, eso siendo lo menos a lo que podrían ser expuestas. La persecución y discriminación serán más fuertes de lo que habían estado siendo, por lo que la ley podría interpretarse como una ley de discriminación, desprecio, más que de control de la migración.

Y no sería extraño que esto fuera sólo el primer paso y que otros estados aprobaran el mismo tipo de leyes, lo que significaría que un indocumentado no estaría a salvo prácticamente en ningún lugar de los Estados Unidos. Además, comenzará a darse la movilización de los migrantes dentro de ese país hacia lugares que sí sean seguros, en los cuales la presión por mayores fuentes de empleo será mucha ocasionando una peor situación de vida para los migrantes de la que ya tienen.

Es así, que más que observar un avance en materia de política migratoria entre México y Estados Unidos, vemos solamente que hay una separación más abierta entre ambas naciones, a la par de que las violaciones a la integridad y a los derechos humanos de las personas aumentan, y que de que la discriminación por el aspecto físico tiene ahora una justificación de ser.

La seguridad nacional se convirtió en un tema fundamental para los Estados Unidos luego del ataque del 11 de septiembre de 2001, lo cual sin duda cambió sus prioridades en materia de políticas de gobierno. Pero ese cambio de primacías no fue el mayor resultado, sino que con el ataque vino la justificación perfecta para acosar a los indocumentados alegando que cualquiera podría representar un peligro de seguridad. Sin embargo, nunca se trató de cualquiera, pues no a todos los extranjeros se les ha dado el mismo trato, siendo los sudamericanos y especialmente los mexicanos, los más afectados por el trato discriminatorio y las políticas antiinmigrantes en el país norteamericano.

El deterioro en la seguridad hacia los migrantes en la zona fronteriza se hizo cada vez más grande, pero ahora, con esta aprobación, será el deterioro no sólo ahí sino en todo el país vecino. Y si desde antes las políticas entre ambos países eran asimétricas, lo serán aún más pues México difícilmente abordará acciones semejantes hacia los Estados Unidos, pues representarían una baja en las ventajas que trae el ser sumiso y no desobediente.

El costo de que la gobernadora Jan Brewer continúe en su puesto debido a esta ley será muy grande, pues aunque haya conseguido la simpatía del electorado, con esto sólo alentará que los derechos humanos sigan siendo violados, que aumente el racismo, que haya más represión y maltrato policiaco contra los inmigrantes, que las condiciones de empleo sean peores, que haya separación de familias, entre otras cosas.

Por lo pronto, el gobierno de Barack Obama tendrá que hacer frente a una división de su sociedad y partidos políticos cada vez mayor, a la par de que el gobierno de Felipe Calderón tendrá que seguir afrontando el costo social que ha traído la guerra contra el narcotráfico en México, y mientras todo eso ocurre y a pesar de los deseos generalizados, es claro que una ley a favor de los indocumentados, que considere una mejora en su situación en todos los aspectos, no pinta ni cercana ni segura.

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