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Etiquetas:   Crítica de cómic   -   Sección:   Libros

La Keta o María José Aparici o María Griñó, tant se val!

Herme Cerezo
Herme Cerezo
lunes, 3 de mayo de 2010, 04:44 h (CET)
A veces, las instituciones públicas emprenden iniciativas editoriales interesantes y nos brindan la oportunidad de conocer autores locales que, por una causa u otra, todavía no han publicado obra gráfica y, por tanto, no han podido acceder a un público mayoritario para darles a conocer sus habilidades plásticas y su imaginación versátil. Este es el caso de la ‘Colección Imágenes/Humor’, editada por el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y por la que ya han desfilado un buen puñado de autores castellonenses.




Portada del cómic.


Precisamente, hoy quiero hablarles del número 15 de esta colección, que está dedicado a la Keta o María José Aparici o María Griñó, tant se val! (da lo mismo). La Keta debe el apodo a su padre, el conocido pintor, ilustrador y dibujante de cómics Daniel Aparici Traver-Griñó, el Keto, fallecido hace un par de años. Y, aunque ella, la Keta, es posible que no lo reconozca, ha alcanzado una talla más que notable en el manejo de los recursos técnicos del noveno arte, sin olvidarnos de sus otras facetas como ilustradora y pintora. Este volumen, dividido en cuatro partes, es fiel testigo de todo ello.

En el primer bloque nos tropezamos con unas cuantas tiras de su personaje Carlos, probablemente inspirado en su hijo del mismo nombre, un preadolescente de doce años que se interesa por los temas que le rodean: los estudios, Internet, el paro, la comida, el futuro ... Estas inquietudes suele discutirlas o, simplemente, hablarlas, apalancado en un banco o paseando por las calles de una ciudad sin nombre, estándar y universal, con su amigo Adri. En ocasiones, la propia María Griñó, como los autores más clásicos del genero, se atreve a hacer algunos "cameos" y aparece en las tiras como tercer elemento en discordia. Me acabo de dar cuenta de que llevo toda la reseña denominándolas tiras pero, en realidad, por la disposición vertical de las viñetas, creo que resultaría más apropiado llamarlas historietas, ya que la concepción vertical de la página (de un tamaño aproximado a la holandesa, ya saben, ni folio, ni A-4), invita a calificarlas de este modo. El humor de la Keta es suave, amable, con pocos exabruptos y una cierta dosis de ingenuidad. Las ocurrencias, parrafadas, chascos y sorpresas, evocan distantes ecos de la Mafalda de Quino, de la que la propia autora se reconoce admiradora y seguidora. En algunas historietas, como remate, María José Aparici introduce un caracol con los ojos bien abiertos y las cejas al aire. Este detalle recuerda la costumbre que tenía un extraordinario dibujante de la escuela TBO, Manuel Urda, que siempre colocaba en sus viñetas perros bien atentos, espectadores de lujo de lo que en ellas acontecía.

Prosigue la selección de trabajos incluidos en el álbum, con una serie de ilustraciones extraídas de las raíces más profundas del acervo cultural de los habitantes de La Plana. Así podemos contemplar tipos tradicionales, a pie o ecuestres, los célebres Moros de Alquería y algunos edificios emblemáticos como la concatedral de Santa María o el ermitorio de Lidón. Son dibujos hiperrealistas, en blanco y negro, en los que probablemente la técnica fotográfica no sea ajena a su proceso creativo.

En tercer lugar, la Keta nos invita a pasear por sus ilustraciones acrílicas, preñadas de formas redondeadas, preferentemente femeninas - mujeres gordas, vaya -, que el lector aprende pronto a reconocer por sus características tan definidas. Las figuras vienen siempre delimitados por un trazo negro, de mayor o menor grosor, y en ocasiones recuerdan las vidrieras polícromas que ilustran las ojivas y los rosetones góticos de algunas catedrales españolas.

El último capitulo del libro, como tributo cariñoso y reverencial, viene dedicado al padre de la Keta, el Keto, del que la autora, indudablemente se siente deudora. En la introducción, el dibujante Quique explica que los primeros boetos de María Griñó nacieron al albur de la mesa de dibujo de su progenitor, de la que sustraía los lápices y colores que precisaba para dibujarlos. Daniel Aparici Traver-Griñó fue un artista pluridisciplinar, capaz de crear multitud de historietas, trazar inagotables marinas a golpe de acuarelas o impartir talleres para interesados en el mundo del cómic. El álbum recoge, además de su célebre ‘Baraja Taurina’, imágenes de su ‘Historia de Castellón’, varios chistes, algunas caricaturas e historietas publicadas en la Editorial Valenciana y en la Editorial Bruguera, concretamente del león Melquíades y de Bugs Bunny, el Conejo de la Suerte.

En resumen, ‘La Keta’ es un álbum entretenido, distinto, divulgador, que casi podríamos definir como un breve catálogo de la Keta y el Keto, con el que podemos acercarnos al universo de esta artista castellonense y de su padre, haciéndonos una idea de lo que ambos eran capaces de hacer con un lápiz, un pincel o un rotulador en la mano.

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‘La Keta’ o María José Aparici o María Griñó.
Colección Imágenes/Humor. Tapa dura; blanco y negro y color; 112 páginas. Ayuntamiento de Castellón, año 2009.

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