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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

“Con ‘Mantis’ he intentado dar un pequeño toque a los vendedores de humo”

Mercedes Castro, escritora
Redacción
lunes, 3 de mayo de 2010, 04:37 h (CET)
Dieciocho treinta horas. Paseo Hermanos Machado de los Viveros de Valencia. Piar de pajaritos, altavoces anunciando autores, curiosos y paseantes, de estos últimos no muchos porque la tarde está lluviosa. Caseta de Organización de la Feria del Libro de la capital del Turia. Allí acude Mercedes Castro.

La escritora gallega tiene nueva novela en el mercado: ‘Mantis’, la historia de una mujer singular, Teresa Sinde Valverde, que ha alcanzado la fama televisiva gracias a una receta de cocina heredada de su madre y de su abuela. Teté, así la llaman aunque a ella le molesta, regenta, además, ‘Barbantesa’ un restaurante de gran prestigio, lujo y exclusividad donde da rienda suelta a su imaginación gastronómica, creativa y singular, distinta. Pero no es oro todo lo que reluce y un indudable halo de misterio rodea su éxito. Néstor Esparbel, otro tipo no menos interesante, parece dispuesto a descubrir qué es lo que esconde la trastienda, el fogón y la despensa de Teté Sinde.




Mercedes Castro.


Herme Cerezo / SIGLO XXI

¿Para la cocina y la literatura hacen falta grandes materias primas?
Para mí la creatividad se puede aplicar a casi todo. Yo no soy una gran cocinera y en mi casa utilizo lo que tengo. Estamos en tiempos de crisis y hay que apañarse con lo que hay. Lo mismo ocurre con los escritores. Algunos, con grandes materiales, no consiguen obras especialmente gloriosas y otros, con menos, obtienen mejores resultados. Creo que la voluntad es muy importante en toda actividad creadora.

A la hora de sentarse a escribir, ¿qué es lo más importante: lo que se dice o cómo se dice?

Hay escritores que quieren suministrar al lector un producto tan elevado, cargado de referencias y términos, que sólo ellos lo entienden. Otros, sin embargo, saben llegar más y conectar mejor con el lector. Pienso que hay que conseguir el equilibrio entre una cosa y otra.

Antes de centrarnos en ‘Mantis’, una pregunta relacionada con el libro: ¿Mercedes Castro tiene algún trauma con las croquetas?

[Risas] Y dale. ¿Qué pasa con las croquetas? En la Feria de Sevilla todos los periodistas me sacaban este tema. No, no ocurre nada con ellas, me encantan.

‘Mantis’ no tiene como personaje principal a Clara Deza, la protagonista de ‘Y punto’.

No. ‘Mantis’ ya la tenía metida en la cabeza cuando publique ‘Y punto’. Así que pensé que ahora era el momento de escribirla, antes de que Clara Deza se convierta en un personaje de serie y no pueda deshacerme de ella fácilmente para intercalar otro tipo de obras con tanta facilidad.

La novela ¿es una crítica abierta a esos grandes cocineros que, de pronto, se han convertido en personajes mediáticos?

A mí me interesaba que mi protagonista fuera cocinera, porque ‘Mantis’ tiene un toque gótico y en las novelas góticas la comida es un elemento muy importante. No hay más que recordar a todas las mujeres fatales, asesinas en serie, que utilizaban el veneno para matar. Yo quería jugar con estos ingredientes ... Pero por otro lado, sí que es cierto que los cocineros actualmente salen mucho en los medios. Mira, cuando un cocinero anuncia un yogur en televisión es que ya es megafamoso. No falla. Yo soy gallega y en mi tierra somos muy de la materia prima. Miramos con desconfianza el producto muy elaborado. Vivimos un momento lleno de marketing y todo se eleva a la categoría de arte. El mercado traga con todo. No resulta fácil distinguir entre lo que es un montaje y lo que no. Con mi novela, en este sentido, he intentado dar un pequeño toque a los vendedores de humo.

Dentro de esta especie de mercado persa que hoy es la literatura, la promoción resulta un elemento indispensable, ¿no?

Estoy en contra de que los libros se conozcan a través de sus autores, porque lo que teníamos que decir lo hemos escrito en ellos. Pero, de momento, hay que hacer promoción, porque el oficio está montado así. Sin olvidar, que los escritores somos muy egocéntricos y nos encanta hablar de lo que escribimos.

A Mercedes Castro, ¿le gusta el contacto con los lectores?

Disfruto mucho cuando recibo emails con comentarios sobre mis novelas. Y, cuando viajo a la ciudad de alguno de mis lectores, les escribo, aunque no los conozca, para que acudan a verme si les apetece. Aunque no tengo secretario, soy muy hormiguita y suelo responder a casi todos.

* * *

No llueve, pero sigue nublado. El sol, de vacaciones. Hay más gente. Más curiosos, más paseantes. El murmullo ha subido de volumen. Interrumpimos la charla durante unos minutos porque la dependienta de unos grandes almacenes – no hace falta citar nombres – viene con dos ejemplares de ‘Mantis’ para que Mercedes los firme. Otra mujer, lectora asidua, se acerca a felicitarla y la anima a seguir escribiendo. Un señor le entrega dos libros para que se los dedique a su hijo, mientras otra señora, chaqueta y bolso en ristre, llega a la caseta. No dice nada, sólo su nombre. Recoge el libro firmado y se marcha, silenciosa, con gesto satisfecho. Retomamos la conversación.

* * *

¿En un libro cabe de todo?

Hacer una novela y que suene bien es difícil, porque un libro es un artefacto complicado. Lo que no me gusta es que en los libros se incluyan digresiones extensas que rompen la trama de la obra. Si alguien quiere decir algo, no ha de escudarse en su novela, que escriba un artículo y que lo firme con su nombre y apellidos. Una novela no es lugar para vendettas personales, aunque también hay que tener presente que un escritor es testigo de su época y ha de contar lo que ve.

Hace un par de años aseguró que, en su futura novela, la protagonista sería una villana y que no pronunciaría ni un solo taco. Por lo tanto, Clara Deza y Teté Sinde son dos personajes bastante opuestos, ¿de cuál de ellas tiene más cosas Mercedes Castro?

Lo de los tacos lo he conseguido porque Teté no dice ni uno solo a lo largo de la novela. De Clara Deza tengo el gato, el abuelo, los recuerdos, muchas cosas... Ahora bien, la ironía en Teté es más depurada, porque con los años me he vuelto más mordaz, más cáustica, digamos que me he soltado un poco más la melena. Sin embargo, con Ofelia, un personaje secundario, me lo he pasado bárbaro. Y es que cuando utilizas personajes malos, como carecen de ética y códigos de conducta, tienes libertad absoluta para cometer y decir maldades.

Ademas de Ofelia, Estrella y Néstor Esparbel, son dos personajes secundarios importantes en ‘Mantis’.

Estrella existe, tiene varias caras, representa la realidad. Esparbel es el antagonista de Teté Sinde. Es como un lobo solitario. Me lo he pasado genial con él, porque es un estereotipo y me gusta darles muchas vueltas a los estereotipos.
El mundo de las editoriales también es retratado en ‘Mantis’. La escena con el consejero delegado es tremenda, sin cortapisas, despiadada.

* * *

Es verdad que en esa escena he sacado la mala baba. He sido testigo de situaciones parecidas y he conocido estudios de mercado que eran auténticas barbaridades. Y es que el libro, al fin y al cabo, es un negocio como otro cualquiera.

* * *

¿Fue necesario visitar muchos restaurantes para escribir ‘Mantis?

No, no, ojalá pudiera permitírmelo, me lo he inventado todo, incluidos los platos, aunque luego consultaba libros de cocina para verificar que era posible prepararlos.

Las portadas de sus novelas tienen un sello especial, característico, un cierto estilo. Al entrar en una librería, se reconocen rápidamente.

Desde la editorial me enviaron varias imágenes y escogí la de la mujer sentada en el sillón. Quería una fotografía en blanco y negro y cuando la encontré, la pinché en un corcho mientras escribía. Cada vez que me sentaba al ordenador la miraba y me preguntaba ¿qué habrá hecho esta tipa que está ahí toda despatarrada? Luego, aunque tuve que pelear, conseguí que la mantuvieran como portada.

Inevitable pregunta final: ¿qué lleva entre manos ahora?

Tengo ya la primera frase de mi próxima novela, que para mí es lo más importante. Sé también que el narrador será omnisciente, en tercera persona. Y buscaré un género nuevo, otro género para destripar.

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