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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Odio a España... en chancletas

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 30 de abril de 2010, 05:23 h (CET)
Esto de los calores es lo que tiene, que vienen y van en unos días de nada y los fríos te pillan en chancletas y camisa de tirantes: media España en la consulta del médico. A mí nunca me han gustado los calores, al menos desde que maduré. Ayer, vaya. Odio la España veraniega que con displicencia y haraganería baja al pescao, a la plaza o al café en paños menores.

España huele a ajo, dijo aquella anoréxica pija, y además con frecuencia es ordinaria, chabacana y sanchopancesca, creo yo. Hemos hecho de la tosquedad una virtud ciudadana y cada día es más frecuente encontrarse con la vulgaridad presidiendo la vida ciudadana. Ir normalmente vestido es un lujo al alcance de minorías selectas, y no entiendan que estoy hablando de llevar traje y corbata o vestir ropa moderna o de determinadas marcas elitistas, simplemente hablo de eso que antiguamente se llamaba urbanidad. Dentro de poco nos encontraremos a la zafiedad vestida de demócrata de toda la vida presidiendo el Gobierno o el Congreso y no sólo la charcutería de la esquina.

Las chancletas, el pantalón corto y la camiseta de tirantes, con la sobaquera al alcance de la vista y del olfato de todos, resumen España en verano; tenemos que parecer más sucios e informales que nadie, si es posible sin afeitar y con una gruesa cadena de imitación de oro alrededor del cuello. España es grotesca para parecer moderna, postmoderna o hípermoderna, llevar pantalón largo y camisa (de manga corta, aclaro) ha quedado en desuso al mismo tiempo que la civilización. De la España pija, de pañuelo al cuello y pelo engominado, hemos pasado, como en un viaje en el tiempo, a la España de permanente pantalón corto, calcetín tobillero y gruesas palabras en permanente exhalación para parecer más machotes que nadie.

No crean que vindico la omnipresencia del traje y la corbata, personalmente no los llevo más que para la tele (y no siempre) y cuando en verano me piro una semana a Verona. Repudio la uniformidad social, incluso cuando en una oficina me encuentro a los diez empleados con vaqueros y camisa de cuadros, toma mimetismo. Pero la sociedad actual se ha convertido en una competición de horteras, en la que nunca se sabe si se llevará el premio la señora del chándal y zapatos con plataforma o el señor maduro, barrigón y desgarbado, que no le importa exhibirse recubierto de pelo hasta la planta de los pies.

Hemos perdido las formas de comportamiento social porque no se lleva la educación, qué vulgaridad, lo que se lleva es el desenfado, la falta de cuidado indumentario y la bastedad generalizados. España es asín.

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