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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Don imprescindible de pronto no lo es

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 29 de abril de 2010, 05:59 h (CET)
WASHINGTON - No es fácil formar un comité de un miembro.

A veces no está de acuerdo con uno mismo.

Apenas el mes pasado, el Senador Republicano de Carolina del Sur Lindsey Graham - el indispensable de los Demócratas del Senado cuando toca hablar de la reforma migratoria - insistía en que el Presidente Obama "elevara la prioridad" de la inmigración si quería ver resultados.

El fin de semana pasado, Graham - el indispensable de los Demócratas del Senado cuando toca hablar de cambio climático - sentenció un proyecto de ley bipartidista de energías porque, dijo, había (BEG ITAL)mucho(END ITAL) énfasis en la inmigración. Graham denunciaba el cambio "precipitado, presa del pánico" a la inmigración como "una maniobra política cínica". Para la noche del lunes, estaba exigiendo garantías al secretario de la mayoría en el Senado Harry Reid de que la inmigración estará aparcada lo que resta del año.

Puede que no casualmente, Reid está inmerso en una difícil campaña por la reelección en un estado con una gran, y hasta ahora desmovilizada, población hispana.

Puede comprender el motivo de que Reid prometa sacar adelante la reforma migratoria, incluso si todos los paquetes legislativos distan de estar preparados para someterse a votación -- e incluso si no cuenta con 50 votos, y no digamos 60. También puede que entienda el motivo de que, habiendo aprobado la reforma sanitaria por los pelos, admita no estar impaciente por presentar un proyecto de reforma energética que será atacado de forma segura como otra intervención del gobierno en la economía.

Quizá no sea por casualidad que el mejor amigo de Graham en el Senado, John McCain, de Arizona, esté inmerso en una dura campaña por la reelección en un estado con un gran número de inmigrantes ilegales y una nociva ley de inmigración nueva - y un contrincante en las primarias que se está comiendo a McCain gracias a sus sensiblerías anteriores en la materia.

Es comprensible que Graham pueda querer ahorrar al rebelde inconformista McCain un debate sobre inmigración. Y se podría entender que Graham, censurado por tres delegaciones del Partido Republicano de Carolina del Sur por confraternizar con los Demócratas, quiera aliviar parte de la presión que viene sufriendo por sacar adelante la "Grahamnistía".

Graham - hasta hace poco, de todos modos - ha recreado su papel de Don Imprescindible Republicano: rompiendo la disciplina del partido para ser el único Republicano del Comité Judicial del Senado en respaldar a la candidata al Supremo Sonia Sotomayor; negociando con John Kerry y Joe Lieberman la legislación de cambio climático; regateando con Chuck Schumer en materia de inmigración; protagonizando un tira y afloja con Rahm Emanuel en torno a la clausura de Guantánamo y la imputación de terroristas detenidos.

Hasta el momento, Graham ha logrado abrirse un espacio político por su admirable heterodoxia, sacrificando parte del apoyo entre el electorado Republicano de su estado pero compensando gracias a la atracción de votantes independientes y Demócratas.

La pregunta inquietante es si este sigue siendo o no un camino seguro en una era de protestas fiscales en la que los herejes como el Gobernador de Florida Charlie Crist se juegan el tipo y hasta conservadores convencidos como el Senador de Utah Robert Bennett tienen que preocuparse por la competencia en las primarias desde su derecha.

En Carolina del Sur, los ataques contra Graham se han vuelto cada vez más preocupantes. Graham "ha demostrado un valor increíble", me dice un alto funcionario antes del episodio reciente. "Él ha optado de buen grado por la ortodoxia del partido jugándose el tipo. Gracias a Dios no se presenta hasta 2014".

Dados los riesgos que ha corrido y el tiempo que ha dedicado a la legislación de cambio climático, la frustración de Graham es comprensible. Su análisis político - que el nuevo hincapié en la reforma de la inmigración tiene más que ver con la política electoral que con cualquier esperanza realista de aprobar la legislación -- da en el clavo.

La reforma migratoria es difícil incluso con amplia base; por este motivo el presidente - a instancias de Graham - viene recabando apoyos en un esfuerzo por encontrar un segundo Republicano dispuesto a unirse a la causa. Obligar a los senadores a correr riesgos antes de las elecciones va a endurecer posturas de cara al futuro. El cambio climático no es fácil, pero la ocasión, por lo menos, se presta más, con un improbable abanico de respaldos que van desde el sector privado a la Coalición Cristiana pasando por los colectivos ecologistas.

Sin embargo, había algo descomunalmente dramático en la retirada pública de Graham. La inmigración no estaba justo por detrás de la legislación del cambio climático en el Senado; no existe ningún anteproyecto listo para presentarse.

¿Estaba Graham protegiendo a McCain? ¿Estaba buscando una excusa - a tenor de las acusaciones de que la legislación incluirá un "impuesto a los combustibles" -- para salir del debate del clima? ¿Se estaba volviendo demasiado incómodo ser "un comité de un miembro", como un funcionario de la administración describe a Graham?

Espero que el episodio del fin de semana sea un roce menor, rápidamente subsanado. Porque el Senado necesita con urgencia más personas con la combinación de Graham de energía, pragmatismo y coraje. Un Senado sin un Graham en la refriega sería aún más disfuncional. Lo que es mucho decir.

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