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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

‘Bofetada’ al Gobierno

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
jueves, 29 de abril de 2010, 05:58 h (CET)
Pasado el tiempo, el Gobierno de Rodríguez Zapatero quedará para la Historia como aquel grupo de mediocres que no hizo los deberes ante la crisis económica. Y no solo no los hizo, sino que llegó a negar la crisis, se atrincheró en la mentira, revivió el odio entre españoles -- que ya había sido enterrado en la Transición -- y acabó por dividir a la ciudadanía, así como protegió la corrupción de los suyos, poniendo en marcha el ventilador para los demás. Es decir, mostró la teoría y la práctica del ruin más desequilibrado; ahí tienen los ejemplos de la ley de la memoria 'histérica' y la falsa - además de hortera -- ley igualitaria del Ministerio de "Igual-Da".

El daño que este Gobierno de equivocados espermatozoides ha hecho a España, no tiene parangón con otras épocas de nuestra Historia. El mejor ejemplo de ello es comprobar que el paro ha alcanzado el 20,12% de la población en edad de trabajar. Y ahí no queda todo, pues sigue subiendo y se sigue destruyendo empleo a un ritmo muy superior al de la zona euro.

Puede ser una contradicción decir que hay mucho trabajo y que, a la vez, se destruye empleo. Sin embargo, es así. Muchas empresas tienen mucho trabajo acumulado y -- pudiendo contratar gente -- no lo hacen por la falta de confianza en el futuro cercano y por la falta de confianza en este Gobierno; un Gobierno capaz de decir una cosa hoy y, mañana, la contraria, sin ruborizarse.

Digno de tener en cuenta, aunque dañino para España, es comprobar que las empresas extranjeras han cogido miedo a invertir en España; prefieren invertir en otros países, aun con menos ganancias, pero teniendo garantizada la estabilidad y la protección estatal. Es, sin duda, el peor estigma para un Gobierno que, además de roto desde hace tiempo, genera abundante rechazo y desconfianza. Recuerden aquello del Gobierno ‘bikini’: nadie sabe cómo se sujeta y todos quieren que se caiga.

No hemos de llamarnos a engaño. No solo el Gobierno ha generado esta situación de desconfianza y destrucción de empleo. También los sindicatos clasistas han puesto su grano de arena o, mejor dicho, su montón de arena. En vísperas del 1 de mayo es un buen momento para levantarse contra las manifestaciones sindicales del mal llamado Día del Trabajo. Cuanto antes dobleguemos a los sindicatos de clase, antes empezaremos a recuperar nuestro futuro. Se acabaron los paños calientes.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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