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Etiquetas:   Ver   juzgar y actuar   -   Sección:   Opinión

Preocupados

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
jueves, 29 de abril de 2010, 05:55 h (CET)
Me preocupa la situación que atravesamos: el paro que afecta a tantas familias, la difícil situación económica, la deuda creciente, la falta de medidas que terminen con el despilfarro y la corrupción, con la ineficiencia y endeudamiento de nuestro sistema autonómico y municipal, con la falta de competitividad de nuestras empresas y un largo etcétera.

Pero también me preocupa y desazona que el Gobierno, en lugar de aprestarse a resolver los problemas, se dedique a crear otros: deslegitimar la transición y destruir las bases de nuestra convivencia, desenterrar los fantasmas del pasado y tratar de reescribir la historia, imponer la ideología de género y la sexualidad libre, destruir la familia y reivindicar para el Estado el derecho exclusivo de educar a las nuevas generaciones en sus disolventes postulados; inventar la alianza de civilizaciones para abrir las puertas al Islam, mientras nos amenaza con una próxima ley de libertad religiosa que, sin duda, será restrictiva y contraria a la Iglesia Católica.

Hay quien dice que el Gobierno trata con estas cosas de distraer la atención de los verdaderos problemas de la nación. No lo creo, ya que su tarea demoledora empezó en tiempos de bonanza económica, cuando solo unos poco alertaban de los peligros de nuestra economía.

Pienso que el designio de Rodríguez Zapatero, desde que llegó al poder, es el de mantenerse en él a toda costa. Para él solo la izquierda tiene derecho a gobernar, por lo que no acepta, aunque no lo diga, que en la democracia ha de darse necesariamente la alternancia de partidos. El camino que le resulta más fácil para su designio es la eliminación del adversario, para eso busca la vuelta al pasado, al más negro pasado de nuestra historia, del que espera sacar el provecho de una revancha en la que hacer cargar a la derecha con todas las maldades, reales o inventadas, del franquismo y a la izquierda con todos los méritos, y hacer una segunda transición a su gusto, cambiando el régimen que nació con la Constitución del 78.

Las manifestaciones callejeras de la izquierda, con el pretexto de apoyar al Juez Garzón, frente al Tribunal Supremo, no les preocupa la justicia, han mostrado su verdadero motivo: la deslegitimación de las instituciones como paso previo a una solapada acción revolucionaria.

Frente a una derecha acomplejada y vituperada por sus propias corrupciones, se va alzando una izquierda envalentonada y rencorosa que se dice “progresista” pero que vuelve a los años treinta del siglo pasado, para agitar las aguas del odio. La debacle económica puede ser el caldo de cultivo adecuado para sus designios. Decía Rodríguez Zapatero a Gabilondo, en las pasadas elecciones, que le favorecería que hubiera tensión, pues bien, ésta ya ha empezado.

Creer, como creen el Sr. Rajoy y sus consejeros, que el desgaste por los problemas económicos de este Gobierno le va a servir en bandeja la victoria en las próximas elecciones, me parece arriesgado. Hay por delante dos años en los que se atizará la tensión todo lo posible. ¿Qué podemos hacer? ¿Quién logrará poner algo de cordura?
El antifranquismo militante, ¡después de casi cuarenta años de muerto Franco!, sólo busca establecer un peligrosa razonamiento: la amnistía, la transición, la constitución la hicieron los franquistas y la izquierda tuvo que aceptarla a la fuerza, por tanto las instituciones que de allí nacieron, incluida la Corona, hay que destruirlas, ahora que la izquierda está fuerte.

Los que vivimos con ilusión aquellos años, sabemos que todo aquello se hizo para superar y enterrar un pasado de enfrentamientos, aunque la organización autonómica que se plasmó en la Constitución no haya conseguido resolver el problema catalán y vasco, sino que lo ha radicalizado y extendido a todas las regiones de España, pero no parece que a nadie le interese poner fin a la costosa e insolidaria deriva autonómica y en cambio hay demasiada gente interesada en acabar con la misma Constitución.

¿Qué nos espera? Creo que hay motivos suficientes para estar preocupados.

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