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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Dibujar para liberarse

Kathleen Parker
Kathleen Parker
jueves, 29 de abril de 2010, 05:53 h (CET)
WASHINGTON - Una vez que ha corrido la voz, no hay vuelta atrás.

Esa es la dura lección de una viñetista de Seattle que esbozó algunos garabatos y sin saberlo, puso en marcha un movimiento.

Molly Norris, un fenómeno reticente, quiere volver a su tranquila vida de artista, la que transcurría en el práctico anonimato hasta que dibujó al Profeta Mahoma -- como un carrete de hilo, una caja de pasta, un tazón de café, una ficha de dominó, una cereza y una bolsa de mascotas.

Elija la que más rabia le dé. Puesto que la representación de Mahoma está prohibida bajo algunas (pero no todas) variantes del Islam, nadie sabe qué aspecto tiene. Y, alarma de fastidio, todo el que trata de plasmar su imagen es objeto de la pena capital.

El faldón de la viñeta de Norris, un cartel invitando al "Día en que Todo el Mundo Dibuja a Mahoma" el 20 de mayo, reza: "¿Podría levantar la mano por favor la imagen REAL del profeta Mahoma?"

Chica inteligente, pero ¿demasiado inteligente quizá?

Su idea, que Norris insiste estaba destinada exclusivamente a servir de historieta independiente - ¡no un movimiento! - ha dado lugar a una página de Facebook que se jactaba de tener cerca de 8.500 amigos la mañana del martes. Al parecer, muchísima gente quiere ver esto.

No Norris, que sólo estaba tratando de expresar su solidaridad con Trey Parker y Matt Stone, los creadores de "South Park" amenazados por un grupo musulmán radical (o 12 tipos y una web) ofendido por un episodio reciente en el que (BEG ITAL)no(END ITAL) se representa a Mahoma. En realidad, el Mahoma de los dibujos lleva un traje de oso.

Horror. (Ni siquiera se puede reunir la indignación necesaria para poner signos de admiración). ¿Pero estamos hablando en serio?

¡¡¡En serio!!!

Un tal Abú Talha Al-Amriki (alias Zacarías Chesser, de Virginia) publicó un comentario de advertencia en la web Muslim Revolution sugiriendo que Parker y Stone podían terminar sus días igual que el asesinado cineasta Theo van Gogh. El delito de Van Gogh consistió en filmar una película acerca de los abusos del Islam contra la mujer.

En respuesta a la amenaza, los jefes de Comedy Central se arrodillaron ante el altar de - no es broma - la corrección política y censuraron un episodio de secuela, tapando toda mención a Mahoma así como un segmento corto sobre el miedo y la censura.

¿Quién podría haber adivinado que el choque de civilizaciones se libraría a través de personajes de dibujos animados?

Aquí entra Norris, que tuvo la idea simple de que esto eran chorradas y merecen seguir hurgando. Y entonces es cuando las cosas se salen realmente de madre. Norris quiere desaparecer y ha comenzado a distanciarse de la refriega, que ha adquirido vida propia.

Hasta hace poco, su web mostraba la leyenda: "¡NO tengo relación con el 'Día en que el Mundo Pinta a Mahoma!' (sic)". Una nueva viñeta muestra a Norris con una camiseta con el símbolo de la paz sentada en su mesa de dibujo entre un remolino de nubes de pensamientos: "Yo soy viñetista. Nunca 'inicié' un día para dibujar a Mahoma". "¡Menos mal que estoy casada con un LUCHADOR DE SUMO!" "Esto siempre se limitó a la libertad de dibujar lo que queremos en Estados Unidos". Y quizá lo más oportuno:

"He acertado en algún tipo de diana gigantesca".

Desde luego que lo ha hecho, Sra. Molly. Pero hay una razón de que diera en la diana, y merece un debate más amplio. Las dianas gigantes son los depósitos de la verdad. Una vez que se ha dado de lleno en una, réplicas explosivas recorren el paisaje de la psique humana. Una luz se enciende en un estudio de Seattle, y de repente la nación está iluminada por una brillante idea.

La verdad es que a los americanos les encanta su libertad de expresión y están hartos de los que creen que pueden dictar los límites de este derecho fundamental. A los estadounidenses también les encanta el humor y la irreverencia en que se basan las bromas.

Se podría decir que ser irreverentes es nuestra religión nacional. Nos impide tomarnos demasiado en serio y matarnos entre nosotros por diferencias de opinión. Los dibujos animados llegan al corazón de formas especiales, superando nuestra defensa y acertando de lleno al corazón de nuestra importancia personal. Es por eso que respondemos emocionalmente.

A excepción del discurso ofensivo puntual, el humor es una prueba placentera casi siempre de nuestra lealtad a los principios fundacionales. Véalo así: el grado al que una puede tolerar que se juegue con las convicciones más arraigadas de una misma es el grado en que una sociedad puede seguir siendo libre. Honramos ese concepto a través de nuestras leyes y nuestro sentido del humor. Es posible que no todos se rían de las mismas cosas, pero la mayoría entiende que no es personal.

La viñeta de Norris era una buena idea, pero debería ser absuelta de otros deberes o responsabilidades. En cuanto al resto de personajes: que dibujen lo que quieran. Es un país libre. Por ahora.

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