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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡El peligro de echar leña al fuego!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 29 de abril de 2010, 05:49 h (CET)
En este circo mediático que, interesadamente y con fines más bien inconfesables, han organizado los del Gobierno, los progresistas de siempre, algunas autonomías que buscan desesperadamente salvar un Estatut insalvable, y los habituales “sabios” –aquellos que se consideran intelectuales, depositarios del acervo cultural de la nación y que presumen de historiadores y de entendidos en la materia; pero que, en realidad, no son más que fracasados, siervos de sus demonios personales y útiles para la extrema izquierda, que se vale de ellos para inventarse sucesos y acontecimientos que nunca tuvieron lugar o, si lo tuvieron, han tergiversado la verdad atribuyéndolos, con mala i.e. y peor intención, a quienes no fueron los responsables de ellos –; se están produciendo posicionamientos de algunos capitostes de la política, de personas a las que se les supondría un mínimo de discernimiento y sentido común, cuando no algo de decencia intelectual, que puestos a mantener sus posiciones maximalistas no dudan en disparatar de tal modo que, a los modestos ciudadanos de a pie, se nos hace imposible poder entender que haya habido alguien capaz de votarles en las urnas.

Debo reconocer que me he equivocado de nuevo, lo que suele suceder cuando, a alguno de estos políticos de la izquierda, le concedo un margen de confianza, pensando quizá que, en algunos casos, la lucidez mental puede reaparecer o que el milagro de un cambio de apreciación y conducta puede llevarles al buen camino. Había esperado, en un exceso de buena voluntad, que nuestro amigo, el señor Blanco, había dejado su etapa de “Pepiño” para entrar, en la de “don José”; cuando pasó a ocupar su puesto de ministro de Fomento. Nos daba la sensación de que, en esta nueva etapa de su vida, se le podía apreciar una patina de más seriedad, de más responsabilidad y, por qué no decirlo, de más eficacia (claro, que en comparación con su antecesora, la señora Magdalena Álvarez, hasta un peón caminero lo hubiera podido desempeñar mejor). Su imagen había mejorado. Ha sido, no obstante, sólo un espejismo transitorio y debo pedir disculpas por mi candidez, mi ingenuidad y, lo que es peor y más me arrepiento, por mi estupidez, al atreverme a pensar que, de entre los adláteres de ZP, pudiera haber alguno que se salvara de la quema, alguien que fuera capaz de actuar rectamente y de buena i.e.

Porque, señores, el señor Blanco, una vez más, ha confundido lo que sería un silogismo bien construido, como debe ser (¿recuerdan aquello del: bárbara, felaren, etc.?) con un sofisma de la peor especie. Y es que, para Pepiño Blanco, el que el PP del señor Rajoy y muchos otros millones de ciudadanos, apoyen al Tribunal Supremo en su actuación contra del juez Garzón, independientemente de que la resolución que, al final, emita dicho tribunal, fuere inculpatoria o absolutoria; da la sensación de que constituye ya de por sí un delito: ¿cómo se atreverán los del PP a apoyar al TS cuando, en el ejercicio de sus competencias, se “aventura”, “osa” o tiene la valentía de poner en el banquillo de los acusados a un juez de izquierdas, que tiene tres acusaciones de prevaricación? Veamos, señores, el razonamiento del señor Blanco: a) Primera premisa: La falange ha presentado una denuncia contra el juez Garzón ante el Tribunal Supremo; b) Segunda premisa: el PP apoya al TS ante la avalancha de improperios y descalificaciones de la jauría frente populista que se ha lanzado contra él por la imputación al juez Garzón. La “conclusión” que, de estas premisas, saca nuestro señor Blanco, es que: “el PP apoya a la Falange” o sea que, el defender contra los que pretenden chantajear al Alto Tribunal, para Pepiño no es más que “dar aire a los de la Falange”. ¿Qué esto no es ni un silogismo ni nada? De acuerdo, pero así trabaja la mente sectaria del señor Blanco: ¡el PP apoya a la falange! Porque, pongamos por caso que, la Falange, estuviera en contra del delito de asesinato y el PP también lo estuviera ¿es que, por esta razón y por ser la Falange la que se opusiera al asesinato, este delito dejaría de serlo? O, por el hecho de que la Falange estuviera en contra del asesinato y el PP también, ¿significaría que el PP apoyaba a la Falange como partido o por sus ideales? Absurdo sobre absurdo.

Pero también hemos escuchado, en otro ámbito de ideas, al señor Mas, de CIU, explayarse a sus anchas sobre el tema del Estatut; seguramente molesto por los resultados de las famosas votaciones sobre la presunta independencia de Catalunya que, estos últimos días fue, de nuevo, sometida a consulta por medio de un supuesto referéndum, ilegal y utópico, como una posible opción de futuro, a los ciudadanos de 200 localidades de la comunidad catalana. Si en las primeras consultas de este tipo la asistencia a las urnas fue ya escasa, un 22 a 25 por ciento, en esta ocasión el ridículo ha sido de los que marcan época, porque sólo han conseguido que acudieran, a esta fantochada, un porcentaje que no ha alcanzado al 20% del censo. Estamos, señores, ante un 80% de catalanes que, aún amando a Catalunya, queriendo conservar sus costumbres ancestrales y su idioma, no están por la labor de independizarse de España. No obstante, nuestro personaje no ha querido dar su brazo a torcer y, si bien, ha admitido que Catalunya no está “madura” para separarse de España, ha querido cocear contra el aguijón con una de esas frases que se pretende sean inscritas en los anales de la humanidad: “O España es plurinacional o no será. No habrá España”. Me puedo imaginar a Boabdil el Chico, cuando berreaba a las puertas de Granada camino del exilio, diciendo algo parecido “ O el reino los Reyes Católicos respeta los reinos de Taifas o no habrá unión entre Castilla y Aragón” El pescozón que le hubiera propinado su madre, la sultana Aixa, se hubiera escuchado en todo el Albarracín.

Con todos los respetos para el señor Mas, debiéramos recomendarle que se empape de nuestra Historia, que vea las hazañas de tantos y tantos españoles para defender, engrandecer y mantener la unidad de nuestra nación; que analice, uno por uno, los intentos de revolución (empezando por la de los socialistas, el mes de octubre del año 1934, contra la legítima República gobernada, entonces, por las derechas) y compruebe los miles de españoles que dieron su vida por mantener la unidad de España ( no aquellos que tuvieron que huir para evitar que sus manos, manchadas de sangre, los delataran y tuvieran que pagar los crímenes que cometieron en la retaguardia de la zona republicana y, ahora, nos los quieren presentar como los grandes perjudicados por el régimen franquista); también debería revisar en lo que quedaron los intentos del señor Maciá y del señor Companys, de proclamar la independencia de Catalunya y valorar si, los muertos que costaron a toda la nación tales aventuras, han justificado los logros conseguidos hasta la fecha. Es posible que algunos de estos políticos de vía estrecha, como el propio señor Rodríguez Zapatero, puedan infravalorar la capacidad de los españoles para reaccionar cuando se nos quiere sojuzgar; creo que es una mala política, la política del atornillar y aumentar la presión sobre las tradicionales clases medias y las mismas derechas y, todavía estoy más convencido de que, el achuchar a las masas contra el Estado de Derecho, representado por los tribunales de Justicia, se puede comparar con el gran error cometido por los gobernantes de la República cuando les entregaron armas al pueblo; en ambos casos se abandonó la legalidad para dejarse arrastrar por los intereses egoístas y espurios de ciertos gobernantes que no supieron ver más allá de sus narices ¡y así les fue!

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