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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Gobierno con la venda delante los ojos

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 28 de abril de 2010, 05:31 h (CET)
Mientras en las calles unos pocos, pero ruidosos y gritones ciudadanos, encabezados por los de siempre, aquellos que una vez nos hicieron reír delante de las pantallas de cine pero ahora, olvidándose de lo que medraron en el régimen de Franco, han decidido renegar de él, abominar de los que ganaron la Guerra Civil y empeñarse en volver a las trincheras de la discordia, para reabrir las heridas de aquella contienda fraticida, cuando ya nadie se acuerda de ella; todo en un vomitivo intento de dar salida al odio y la bilis que han llevado contenidos en el fondo de sus corazones vengativos, durante años; aunque, vale la pena consignarlo, no tuvieron el valor, las agallas y la hombría de enfrentarse a la dictadura y ha tenido que ser, cuando el antiguo Jefe de Estado ya yace en la tumba, el momento en el que han sacado pecho, han acumulado valor y han decidido , por aquello de que “stultorum numerus infinitus est”, catalogar a los que lucharon entre sí en aquella contienda, de buenos o malos, según les convenga a sus particulares intereses y, todo ello, cuando la historia ya está escrita y rubricada, a su pesar, en las hojas imperecederas del tiempo. Señores tan obsoletos, en estos tiempos del Siglo XXI, como pudieran ser el señor Sacristán (si la cara es el espejo del alma, la debe tener muy dañada, el pobre) o la omnipresente señora Bardem, y toda la camarilla de acólitos de este mal llamado progresismo, en el que podemos incluir al Toledo, al Bosé al Zerolo, al exótico Gran Wioming, al amanerado Almodóvar y a tantos otros millonarios, que quieren redimir la lacra de ser “ricos” aparentando ser los defensores de los abandonados de la fortuna; gastan sus últimos cartuchos de resentimiento, buscando la manera de aprovecharse de la crisis, a la que los socialistas han conducido a España, para intentar desestabilizarla y facilitar la nueva revolución del proletariado destinada a acabar de hundir y cuartear nuestra nación, en busca, no se sabe muy bien, de la satisfacción de qué oscuros designios.

Quizá estas algaradas contra el tercer poder del Estado, la Justicia, le vayan muy bien al señor Zapatero para ocultar el verdadero problema al que estamos enfrentados, pero, en todo caso, no le va a librar de que, más pronto que tarde, la realidad de nuestra economía, el lastre de nuestro desempleo y el cáncer de nuestra falta de competitividad, se cobren su tributo sobre el pueblo español, este pueblo que adormilado, despreocupado y optimista en exceso, se creyó que siempre podríamos vivir de rentas del anterior gobierno, el del señor Aznar, y que, las vacas gordas se eternizarían, aunque en España ni se trabajase como en el resto de Europa, ni se rindiese como en las fábricas de Alemania y Francia ni la gente contuviese su gasto y despilfarro, como hacen otros ciudadanos de países mucho más ricos que el nuestro. Esta utopía, este estado onírico en el que quisieron que creyéramos los socialistas: con sus patrañas, mentiras y engaños, se ha desmoronado como un castillo de naipes y, en estos momentos, estamos comenzando a ver con claridad cual es nuestro futuro, si es que queremos mirarnos en el espejo de Grecia y comprobar que la cosecha de los helenos, su actual desplome económico y su incapacidad para resurgir del barrizal de miseria en el que se ha hundido, se deben a que, antes que nosotros, comenzaron a practicar las políticas sociales, laborales, económicas y financieras que, en la actualidad, el Gobierno del señor ZP está desarrollando en nuestra nación. El siguiente país en sufrir las consecuencias del despilfarro nacional, puede que seamos nosotros y, por esto, desde Bruselas ya han fijado su puntero hacia España, recelosos de que las martingalas de Papandreu, sus trampas financieras, sus Presupuestos amañados, tengan un fiel calco en lo que, el señor Zapatero, está practicando con absoluta irresponsabilidad, en esta España que no levanta cabeza bajo el yugo de incompetencia, fanatismo partidista y sectarismo de quienes nos gobiernan.

Veamos unas pinceladas de lo que ocurre en Europa. Grecia está agonizando, ha pedido ayuda cuando ya no le quedaba otro remedio y Europa debería darle 40.000 millones de euros para intentar evitar su quiebra. Pero Alemania debería aportar, ella sola, la friolera de 8.000 millones de euros y parece que, el partido gubernamental CSU de Baviera estaría más por que Grecia abandonara la Unión Monetaria Europea. También eurodiputado de la CSU, Werner Lancen, se muestra “sumamente escéptico a cerca de si el paquete de ayudas a Grecia es conforme a la legislación de la UE y a la Constitución alemana”. La oposición, a su vez, pide que las ayudas financieras a Grecia se traten en el Bundestag. La misma Merkel, aunque estaría dispuesta a ayudar a Grecia, pide que dicha nación presente, ante la UE y el FMI, un programa de ahorro creíble. A España le correspondería aportar unos 3.650 millones de euros que, como es evidente, debería pedir prestados mediante la emisión de más deuda pública.

No obstante, las reticencias alemanas se comieron una gran parte del optimismo generado por la decisión griega de pedir socorro a la UE. y ello ha supuesto una presión alcista sobre el riesgo país de distintos miembro de la UE, entre los que, como no, se halla España que ha visto como el diferencial de nuestra deuda con respecto al bono alemán, se ha disparado en nada menos que ¡100 puntos básicos! Esto significa que nuestra aportación a Grecia, que sólo se podrá hacer acudiendo a nueva emisiones de deuda pública, si es que la queremos colocar, deberá costarnos una elevación del interés que veníamos satisfaciendo por ella. Vamos, que es como si un muerto le quisiera hacer una transfusión de sangre a otro. A más endeudamiento más riesgo de país y a más riesgo país menos confianza de los inversores extranjero. La pescadilla que se muerde la cola y, mientras tanto, Bruselas nos está vigilando de cerca, nos va a controlar nuestros presupuestos y puede que, si no somos capaces de reducir nuestro déficit público para alcanzar el famoso 3% requerido por el Plan de Estabilidad, decida volvernos la espalda y crear una bolsa de países “desechables” en la que se incluirían naciones como Portugal, Islandia, Grecia, Letonia y España, para que nos las compongamos como podamos, mientras ellos intentan salvar la cotización del euro ante la renaciente potencia del dólar americano.

Rajoy ha dicho que “el tiempo se está acabando” añadiendo, sensatamente que “la etapa de la propaganda y del discurso se ha terminado”. En efecto, en Davos ya se le advirtió de ello a Zapatero y hace poco, desde el FMI, se le ha vuelto a recomendar alargar la edad de jubilación. Nadie podrá decir que no se nos haya advertidos, tanto desde Bruselas como desde el BCE (que ya habló de posibles subidas de intereses si ello convenía a las naciones en vías de recuperación) que nos advirtió de que no se tendrían consideraciones especiales con aquellas naciones del grupo que no hubieran hecho sus deberes y que, por ello, quedaran rezagadas del resto. Podemos intentar tomárnoslo a broma, los de la farándula pueden seguir incordiando y predicando las bondades del progresismo sostenible y ecológico, incluso podemos pensar que con amistades como la de Hugo Chávez, Evo Morales ( el comedor de pollos con hormonas femeninas), Correa y los Castro, tenemos solucionado nuestro porvenir; pero, lo cierto es que, nuestra marcha hacia un abismo económico y una posible recaída en la crisis (batacazo mayúsculo) parece inevitable, si es que nos miramos con ojos europeos.

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