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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

"¡Otra de gambas, garçón!"

Luis del Palacio
Luis del Palacio
martes, 27 de abril de 2010, 05:07 h (CET)
Es difícil no preguntarse a veces por qué en España tenemos esa tendencia a “dar la nota”. Y un ejemplo lo hemos tenido estos días con todo el vocerío montado alrededor del juez Garzón y sus problemas con la justicia. La cosa no es que vaya a desequilibrar la balanza de pagos y hacer caer la bolsa, pero sí contribuye a que de vez en cuando –por no decir, con bastante frecuencia- nuestros “amigos” de Europa alcen la ceja (no la de Zapatero, sino la suya) y se digan: “¡Vaya! Otra vez los españoles”.

La feria –que coincidía con la mucho más noble, de Sevilla- que se ha montado a favor de ese adalid de la justicia universal llamado Garzón es inaudita, insólita en su afán de entorpecer el curso de la aplicación de la ley por medio de una serie de actos orquestados y manipulados por “intelectuales de reconocido prestigio” (es decir, los maestros ciruelas de siempre) La idea de que estos “intelectuales y artistas” apesebrados de “la cosa”, del sindicato de la Sinde, se concentren en el Ateneo de Madrid o donde les apetezca para decirnos a todos los españoles lo bueno, casto y puro que es Grazón y lo perversos que son ciertos magistrados tardofranquistas que “van a por él”, produce vergüenza, sonrojo y bastante asco. Es una manifestación más de los antaño “abajofirmantes” y que hoy constituyen el contubernio de la ceja. Suelen ser artistas tronados, en vías de extinción o de tercera categoría. Entre los primeros figurarían Concha Velasco y Pilar Bardem y de los segundos serían ejemplos Miguel Bosé y José Sacristán, respectivamente. Son los que no se resignan a no ser el fiambre en el entierro o el padrino en la boda. Se huele en ellos una añoranza de las checas, del bigote de Stalin y de las doctas enseñanzas del catecismo rojo de Mao. Forman parte de esa “cultureta” que fomentó en los 80 el Demagogo Mayor del Reino, don Enrique Tierno Galván, y que aportó frutos sublimes, como Alaska, Ramoncín y el propio Miguel Bosé. Estos y aquellos recibían los parabienes de los más veteranos –Ana Belén y el “cantor de la mina, el cabrales y la sidra en el lagar”, “el becerro que pasó su niñez en el Mediterráneo” etc.- ¡Casi na! Y así han ido perpetuándose de generación en generación.

Pero lo triste no es que sean una comandita mafiosilla y ramplona, sino que no quieran enterarse de que las acusaciones contra Garzón tienen una sobrada base jurídica y que, aunque la inocencia se presuponga, la ley debe seguir su curso. Parece también increíble que el clan de los cejijuntos se rasgue las vestiduras porque un partido que es tan legal como el Partido Comunista –Falange Española- haya sido quien interpusiera una de las demandas contra “el inefable”.

Parece que no se cansan de sacar sudarios sanguinolentos de los armarios; no les basta con saber que en las cunetas hubo víctimas de los dos bandos, y que no fueron menos víctimas o más verdugos los falangistas que los socialistas de Largo Caballero. Ignoran que hubo una ley de Amnistía, de la que se benefició Santiago Carrillo, principal presunto responsable –el único vivo, desde luego- de las matanzas de Paracuellos del Jarama. Necesitan revolver las entrañas al personal con esa nefasta Ley de Memoria Histórica.

Meten la pata… o la gamba, a sabiendas.

Y ¿por qué no? Puestos así, podemos pedirle a Garzón otra de gambas, como las que meten a diario los palmeritos del “Niño la Ceja”. Que en el mundo somos conocidos por la calidad de nuestras tapas.

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