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Etiquetas:   Buñuelos de viento  

España acosa al juez, salgamos a defenderle

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 27 de abril de 2010, 05:05 h (CET)
El juez le ha echado valor y se ha atrevido a lo que nadie había osado previamente, por eso hay antidemócratas que le acosan y los demócratas deberíamos salir a la calle a defenderle. Es un juez valiente al que una minoría está intentando coaccionar y arrinconar por el habitual procedimiento del acoso popular y mediático. Conviene que los demócratas salgan a la calle a apoyarle y defenderle.

Me refiero al juez Varela, el juez que está instruyendo el proceso contra Baltasar Garzón. Varela era un juez de izquierdas, para algunos “ilustrados” exclusivo sinónimo de “demócrata”, hasta que se le ocurrió pensar que tal vez Garzón, juez facha cuando se le ocurrió meter mano a lo del GAL, debería pasar por un banquillo. Conste que hace ya días he escrito y defendido en una tertulia televisiva que Garzón no ha prevaricado, conste que ya he afirmado que lo absolverán en el caso de que llegue a ser juzgado, conste que sin embargo pienso que se ha equivocado gravemente, he ahí su error.

El juez Varela y ya de paso todo el Tribunal Supremo, e incluso el Constitucional y los tribunales de la más pequeña capital de provincias cuando convenga a los intereses zapateriles, se han convertido en fascistas de la mañana a la noche porque así lo han dictaminado una serie de personas con gran capacidad de movilización. Y desvergonzadamente lo dice incluso un exfiscal que empezó su carrera acusando al os enemigos de Franco.

Decía yo en la tele el otro día que hay que devolver a los fusilados de las cunetas a las tumbas de los cementerios, que los nietos o los hijos deben encontrar a sus antepasados, que es un derecho elemental. Añadía también para decepción de alguno de mis interlocutores que sin embargo de ello no debería hacerse una batalla política ni sacar rendimiento de ello. Tan desesperados están ante los resultados de las encuestas y por la situación económica, a pesar de la inutilidad de la derecha mariacomplejada que padecemos, que se empeñan en volver a tensar la situación social con cualquier excusa con tal de que hablemos, y escribamos como es el presente caso, de lo que a ellos interesa. Todo menos que el pueblo piense en la realidad que le acogota.

Pero la derecha española está con frecuencia tan acomplejada de serlo que es incapaz de seguir el ritmo de callejero y de pasacalles de la izquierda, la derecha es pasota e incapaz de movilizarse para defender sus ideas, la derecha es casera y egoísta, la derecha se encoge de hombros, se ha dejado hacer y dar por donde amargan los pepinos desde tiempos inmemoriales. La calle, lejos de ser de aquel Fraga grandilocuente y fachorra, en tirantes y remangado hasta los codos, es de la izquierda que es más decidida e impulsiva y que tiene una fe ciega en sus posibilidades.

España está tan harta y avergonzada de haber sido de derechas, avergonzada de haber ido mayoritariamente a misa y de haber apoyado a Franco, miren, en esto último estoy de acuerdo, que cree que el punto justo está exactamente en el extremo opuesto y ha dado el pendulazo habitual hasta situarse al borde del precipicio votando a un inepto en economía al que ha abandonado hasta el maestro que le iba a hacer premio nóbel de en un par de tardes.

La izquierda tendrá siempre las de ganar callejil y mediáticamente porque la derecha prefiere quedarse en casa lamiéndose las heridas en vez de salir a la calle y pelear por sus ideas y sus ideales, pensando como los que tienen síndrome de Estocolmo que algo de razón tendrán quienes les insultan, ofenden la dignidad y acogotan. La victoria social de la izquierda es evidente y es por consentimiento cobarde de la derecha. Se está demostrando estos días en la calle, donde parece de recibo llamarse demócrata y acosar a un juez que se está limitando a hacer con mayor o menos acierto, para determinarlo está la Justicia, su labor de instrucción. Y he dicho la victoria social, que otra cosa puede ser, podría ser, la victoria en las urnas. Ahí, donde nadie te ve, donde nadie te puede señalar con el dedo acusa fachas, la derecha puede sentirse tranquila y votar a quien le de la gana. Si le deja la conciencia, claro, porque para desacreditar a alguien no hay nada más fácil que llamarle facha, aunque lo digan los que presionan desde la calle y desde las tribunas públicas (¿No es eso alguna forma de fascismo?) a los jueces, que se suponen ajenos a la pelea política. Pero para qué vaticinar a tantos años vista.

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