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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Merece algo más

Pedro J. Piqueras (Gerona)
Redacción
lunes, 26 de abril de 2010, 06:20 h (CET)
Pienso que en el quinto aniversario de la elección de Joseph Ratzinger al solio pontifico es obligatorio un reconocimiento público a la generosa entrega de Benedicto XVI al servicio del Evangelio, personalmente ya lo he hecho, pero me parece que desde este medio también se puede hacer, al menos estas líneas eso pretenden.

El Papa gobierna la Iglesia con la firmeza de la esperanza y con la dulzura de la caridad, conoce bien los desgarros del corazón del hombre moderno al que pretende hablar de tú a tú, de corazón a corazón, con el testimonio de una fe que hace más bella, libre y razonable la vida del hombre. Y es que Benedicto XVI ha cumplido cinco años en los que no ha cejado en el empeño de mostrarnos el camino de la felicidad auténtica, de la vida verdadera. ¿No les parece que esta dedicación merece algo más que lo que está recibiendo por parte de algunos grupos y medios de comunicación?

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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