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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Justicieros

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 25 de abril de 2010, 07:25 h (CET)
Una advertencia desde el comienzo. Traigo a colación una mentalidad muy arraigada en la sociedad actual, y quizá también en las anteriores, como seguramente ocurrirá en las próximas que se constituyan, vistas las tendencias al uso. Lo de justiciero tiene un matiz preocupante. La ESTRICTA JUSTICIA se menciona con una facilidad evanescente; con la controversia de una práctica polémica, complicada; con frecuencia plasmada en rotundas actitudes utópicas. Tanto dará el área social donde se intente su adscripción, las actividades a las que se aplique, o las ensoñaciones que la pretendan; estaremos ante un planteamiento imponente, convertido en un reto supremo. ¿Justo? ¿Injusto?

Disyuntiva radical donde las haya, porque no disponemos de la respuesta precisa; sus soluciones serán transitorias y limitadas a los casos concretos. No estamos dentro de un tarro de cristal fijados con formol, ni representamos un código escrito para siempre con letras inamovibles. El movimiento y las variaciones determinarán las directrices vitales básicas. La circunstancias CONDICIONANTES se suceden; y por consiguiente, las definiciones rígidas constituyen un serio problema. Por desgracia, esto se olvida con demasiada frecuencia, se prescinde de las condiciones incómodas, sobre todo si se refieren a los demás, y así, todo queda “justo” para el desarrollo de las pretensiones sectarias. ¿Es justo que unos decidan sobre el derecho a la vida de otros? ¿Las imposiciones educativas, a qué calificativo se adscriben? El menosprecio de los condicionantes particulares es un buen indicador de la respuesta adecuada.

En una cosa somos muy ricos, en pretextos y argumentaciones facilonas. Cada mentalidad bulle con sus intenciones, francas o disimuladas, excusas o verdaderas tergiversaciones. Es un cargamento muy propenso también a las exageraciones, desde las cuales, cada uno dispondría de vía libre para sus arbitrariedades, de una JUSTIFICACIÓN para casi todo, y ese tampoco es el camino. Las palabras son muy sufridas y las usamos con poco miramiento; lo cual amplia las posibilidades para la manipulación de las argumentaciones, qué dijo o quiso decir. Ambigüedades de curso continuo, presentes en grandes y pequeñas actuaciones. ¿Podemos aclararnos con la actitud del Gobierno español respecto a Cuba o los Derechos Humanos? O, a menor escala, quién prescinde de los subterfugios para disimular sus acciones erradas. Habrá que establecer alguna frontera razonable.

En este entramado, pleno de intereses y modalidades, los impulsos y criterios se abren al espectáculo de una diversidad agresiva. Se trata de un escenario a disposición de buenos y malos, sensatos e insensatos; donde aparecen , y no por casualidad, los “iluminados” que no suelen faltar, agarrados como lapas a su foco deslumbrante. Son los JUSTICIEROS. Piensan la justicia con inmediatez y con carácter de indiscutible, sus mentes soñaron y encontraron la solución. Permaneciendo en esas reflexiones, quedarían como simples opiniones o teorías. Su presencia ofrece otras tendencias lamentables, especialmente 3. La imposición de sus criterios, la ejecución práctica según sus bases sectarias y la sordera con respecto a la consideración de los pensamientos de los demás especímenes humanos. ¿Cómo puede haber gente que no vean sus soluciones?

Aunque no sean los únicos, por su ceguera y por su agresividad, enseguida nos vienen a la cabeza los diversos núcleos de TERRORISTAS, imbuidos de los fanatismos de diverso pelaje, lanzados a la ejecución de sus soluciones. Albert Camus plasmó con acierto sus desatinos en la obra de teatro “Los justos”. Parten de una fe insobornable, la suya propia; se erigen en representantes del pueblo con el que no contaron para nada. Y hablan de honor, repiten esa palabra como fachada lustrosa, aunque nadie sea capaz de precisar con acierto el sentido del término. El tono petulante sirve como factor de aglutinación, desde él apabullan a quien se atreviera a esbozar una mínima idea discordante. Aislados del murmullo palpitante del resto de la gente, su alienación elimina cualquier asomo de tolerancia. Quienes no piensen como ellos, sólo tienen cabida plegados a sus dicterios.

Prisioneros de sus malandanzas. “Condenados a ser más grandes que ellos mismos”, en palabras de “Los justos”. Inmersos en una FRATERNIDAD ASFIXIANTE, que ahoga a los diferentes y sólo reúne a quienes no admiten otras razones que las de sus lunáticas propuestas. “Que gusto horrible de la fraternidad”, como dice uno de los personajes. No es suficiente con un adjetivo frívolo, el vacío se asienta entre ellos cuando se alejaron hasta los extremos trágicos, carentes de principios, indiferentes de cara a los sufrimientos generados por sus actos. Hemos topado de nuevo con la pureza de ciertas ideas, según se califican ellos mismos, no podía ser de otra manera. Al tiempo que se refleja el despotismo de quienes se denominan revolucionarios. Se silencia el detalle crucial, unos serán los gestores de las maniobras y de los bienes disponibles, los “justicieros”; mientras otros continuarán como sufridores, los “ajusticiados”.

Hay otras áreas sociales afectadas. Merecen una atención aparte los casos desencadenados por motivos SEXUALES, con el pringue frecuente de una DEGENERACIÓN complementaria. Violaciones, asesinatos, mutilaciones, niñas pequeñas involucradas. ¿Bastaría con llamarles asesinos a los relacionados con el crimen de Marta del Castillo? Su regodeo posterior les convierte en perversos “justicieros” de la jóven y de su entorno. La casuística se agranda cada poco tiempo. La pederastia no se queda atrás en la perfidia de sus actuaciones, son abrumadoras las pruebas en este sentido, con independencia de los momentos y de la gente involucrada. La pregunta sobre los factores favorecedores de semejantes dislates no se hace esperar. Sin embargo, en estas sociedades tan libertarias y poco dadas a la reflexión, ¿Interesan a alguien dichos planteamientos previos y preventivos?

Tampoco quiero dejar de lado, en esta consideración de justicieros implacables, a los SECTORES BANCARIOS. Se manejan bien entre la crisis general, con sueldos de vértigo y blindajes monstruosos para sus directivos, beneficios millonarios para la entidad cuando niegan los préstamos a los hipotecados; añadiéndoles las tapaderas aportadas por el Gobierno para cubrir “sus errores”, ya que el beneficio lo contabilizan aparte, no tuvieron pérdidas precisamente. A estas alturas del guión, la politización, con sus contubernios y sablazos, ha transformado de plano las Cajas de Ahorro. ¿Se acuerdan del apelativo inicial de obras sociales? ¿En qué ha quedado eso? ¿Serán POLTRONAS SOCIALES?

¿Cómo podemos ser tan permisivos con los abusos y perversiones con las que nos avasallan? Se abren los medios de comunicación para las parafernalias agobiantes, con un servilismo y oportunismo flagrantes; con el beneplácito de grandes mayorías. Pese a ello, me resisto a creer que este sea el caos evolucionista que nos espera. Me resisto, pero quizá la única opción posible sea la claudicación. ¿Cómo lo ven ustedes? La corriente no tiene visos de aminorar su potencia.

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