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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Bono, el ser y el parecer

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
viernes, 23 de abril de 2010, 00:20 h (CET)
Que no. Que no voy a afirmar, porque no tengo pruebas que lo sustenten, que el al parecer multimillonario señor Bono se haya llevado indebidamente (debidamente lleva viviendo de los contribuyentes décadas; a ver quién le paga el sueldo desde que accedió a esto de lo público) un solo Euro de las arcas públicas. Más hay algo que es meridianamente claro para cualquiera: Bono debe de explicar en el Congreso, en el órgano competente para conocer del asunto, nada de prerrogativas presidenciales, de dónde saca “pa” tanto como destacan él, su mujer y hasta su potentada hijita de diez años, que tan joven ya paga una hipoteca de 110.000 euros. Y conste que nada tengo contra las donaciones entre padres e hijos. También debe de explicar cómo una hípica puede obtener los beneficios que si nos atenemos a la prensa habría tenido, ya que para lograr tan pingües réditos toda Castilla debería de ir a caballo. Y justificar por qué olvidó mencionar algunas de sus propiedades en la declaración de bienes, administrados por la mano derecha del constructor Santamaría (Reyal Urbis).

Y es que con el extraño católico (a favor de la ley del aborto comiendo rosquillas junto a la extrema izquierda en la ya no parroquia San Carlos Borromeo) José Bono, tan defendido ahora por ciertos sectores del centro-derecha que no dudan en arremeter en su defensa contra compañeros periodistas de Intereconomía o Extraconfidencial, los dos medios que están dando las exclusivas acerca del inmenso patrimonio del presidente del Congreso de los Diputados, jamás nada es lo que parece.

Tengo aún fresco en mi memoria el calvario que dos personas, ciudadanos corrientes y molientes, un jubilado y un ama de casa, pero militantes del Partido Popular, tuvieron que pasar cuando José Bono, indignado por no ser recibido por el gentío entre aplausos y pétalos de rosas, se inventó que había sido agredido durante una manifestación en defensa, nada más y nada menos, que de las víctimas del terrorismo. Recuerdo también cuándo José Bono, Ministro de Defensa del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, quien tanto presume de patriotismo, ordenó retirar de los montes catalanes el lema “a España servir hasta morir”. O cómo permitió, en plena polémica por la tragedia del Yak, que no del Cougar del cual a día de hoy siguen sin esclarecerse los puntos oscuros, la entrada en el Congreso de los Diputados de un grupo de asilvestrados progresistas que a punto estuvieron de agredir a Federico Trillo.

Fue también Bono, intimísimo de otro socialista de derechas como él, Alberto Ruiz-Gallardón, quien convenció al hoy imputado Baltasar Garzón para que fuera en las listas del PSOE de número dos de Felipe González. Más entonces corrían otros tiempos y Bono reinaba en solitario y sin oposición en Castilla- La Mancha. Eran los tiempos en que Bono parecía. Luego su ambición, de nuevo como al otro socialista de derechas, le pudo. Y, después de perder, por la gracia del PSC y de José Luis Balbás, el de Tamayo el del tamayazo, la Secretaría General del PSOE a manos de José Luis Rodríguez Zapatero, se vino para la capital.

Y aquí, en Madrid, comenzó a languidecer su estrella. Porque lo que antes parecía pronto se descubrió que era más falso que una defensa de la democracia en boca de Willy Toledo.

Bono, el ser y el parecer. Que explique lo de su patrimonio. Por ver si es o sólo parece.

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