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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La cita de Goldman con la realidad

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
viernes, 23 de abril de 2010, 00:18 h (CET)
WASHINGTON - No está claro que la Comisión de Valores y Cambio pueda triunfar sobre Goldman Sachs en los tribunales. Las obligaciones legales de Goldman en esta transacción compleja y polémica son difusas. Pero al margen de lo que suceda en los tribunales, la denuncia contra Goldman representa un momento clave. Desafía una transformación moral en Wall Street que ha venido a justificar comportamientos que la mayoría califica de fraudulentos o deshonestos.

Hace mucho tiempo, los líderes de Wall Street se veían a sí mismos como los árbitros del capital, que ayudan a distribuir los ahorros de la sociedad entre sus usos productivos. En contraste, grandes nombres de Wall Street se ven ahora como capitanes de "el mercado", pilotándolo - para su beneficio y a veces el de sus clientes -- rumbo a la máxima rentabilidad. Es una diferencia como de la noche al día.

En calidad de árbitro del capital, a Wall Street se le pagaba para emitir valoraciones. Asesoraba a los inversores en la compra de valores. Aconsejaba a las empresas en las fusiones y las adquisiciones que llevar a cabo. Decidía qué empresas merecían el capital a través de la venta ("suscripción") de nuevas emisiones de acciones y bonos entre los inversores. Wall Street ganaba dinero a través de honorarios y comisiones. El modelo que impera ahora es muy diferente. Las firmas de Wall Street todavía asesoran - y se llevan comisiones. Pero su actividad principal es el intercambio para beneficio de sus propias cuentas y la creación de oportunidades comerciales para los clientes.

Por pura causalidad, la reciente presentación de resultados por parte de Goldman Sachs destaca el alcance del cambio. Durante el primer trimestre de 2010, alrededor del 80 por ciento de los 12.800 millones de dólares en beneficios que registró Goldman salieron de sus propias operaciones y actividades de inversión. El resto se ingresó en concepto de emisión de activos, asesoría financiera y gestión de carteras externas.

La codicia y la miopía financiera no se inventaron ayer. El viejo modelo de Wall Street fomentaba los abusos. Los corredores "movían" las carteras de los clientes para generar comisiones. Los banqueros de inversión cobraban comisiones por calificar positivamente fusiones dudosas. Las agencias de riesgo bendecían empresas mal administradas o compañías sin actividad real (acuérdese de la burbuja punto com). Y hubo estafas. Mucho antes de Bernie Madoff, Richard Whitney, gerente de la Bolsa de Nueva York en la década de los años 30, entró en la cárcel por malversación de fondos.

Pero bajo el viejo modelo, los lapsos por lo general se reconocían - como deficiencias morales así como financieras. Eran "desviaciones de la norma". El nuevo modelo de Wall Street es más permisivo.

Considere el expediente de la Comisión de Valores y Cambio abierto contra Goldman. A principios de 2007, a petición de un fondo de protección administrado por John Paulson - sin parentesco con el ex Secretario del Tesoro Henry Paulson - Goldman sacó una emisión de títulos sintéticos CDO (obligaciones de deuda colateralizada), ABACUS 2007-AC1. Por su naturaleza, no se trataba de un título de inversión; era un instrumento para hacer predicciones del sentido del mercado de la vivienda. El valor del CDO sintético estaba vinculado a una serie de títulos hipotecarios. Si el valor de los títulos hipotecarios se contraía, un grupo de inversores (los "shorts") ganaba; si los títulos hipotecarios consolidaban posiciones, otro grupo (los "longs") ganaba.

Paulson informó a Goldman de su intención de invertir en short. Su fondo de cobertura sugirió 123 valores hipotecarios a ser titularizados mediante la emisión de los valores CDO. Pero para mejorar el atractivo de los sintéticos CDO de cara a los inversores, Goldman quiso que una tercera parte independiente fuera identificada como emisor de los títulos hipotecarios. Escogió a la firma ACA Management, una empresa solvente en el mercado hipotecario. Se llevaron a cabo negociaciones entre ACA y Paulson. ACA rechazó 68 de los 123 valores seleccionados originalmente por Paulson. Finalmente convinieron en 90 títulos de respaldo hipotecario; no está claro a partir del expediente cuántos fueron propuestos por Paulson. Goldman nunca reveló a ACA ni a los inversores que Paulson iba a invertir en short, dice la Comisión de Valores y Cambio.

Eso, alega la Comisión, representa la omisión "material" que defraudó a los inversores. Los títulos hipotecarios perdieron su valor rápidamente. Paulson ganó cerca de 1.000 millones de dólares, dice la Comisión; otros inversores perdieron 1.000 millones de dólares.

La respuesta de Goldman es desafiante. Todo el mundo sabía que los sintéticos CDO habían tenido partes inversoras en "short" y en "long". Los compradores "long" se contaban "entre los inversores en deuda hipotecaria más sofisticados del mundo". Goldman sí se llevó la comisión de 15 millones de dólares de Paulson por sacar la emisión de deuda colateralizada; pero conservó una exposición "long" por culpa de la que dice perdió más de 100 millones. (Pérdidas netas: alrededor de 85 millones de dólares). Como intermediario, Goldman no revela las identidades cruzadas de compradores y vendedores.

Un tribunal probablemente aclare las cuestiones legales. Pero la cuestión moral es más persistente. Goldman abdica de parte de su papel en Wall Street como árbitro del capital, decidiendo lo que debe financiarse y cambiarse. Adopta el estándar estricto de mercado: si pueden encontrarse compradores y vendedores, se crea y se cambia casi todo, al margen de lo dudoso que sea. Precisamente esta forma de pensar justificó la titularización en valores de las hipotecas "basura" fraudulentas y temerarias. Casi nadie examinó el valor de los préstamos subyacentes.

El juicio brillaba por su ausencia. Muchos factores empujaron a Wall Street del modelo antiguo al nuevo: el final de las comisiones fijas en las operaciones en 1975, que contrajo los ingresos; la tecnología informática, que hizo posible una rápida negociación y exóticos instrumentos financieros; o la sustitución de las sociedades con empresas de titularidad pública. Cuando los socios eran personalmente responsables de las pérdidas y los errores de una empresa, eran reacios a la exposición excesiva al riesgo. Estos cambios no se invertirán. Pero si Wall Street no sabe controlarse, alguien más lo hará.

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Esta columna será publicada en Newsweek.

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