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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Los límites de la paciencia

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 23 de abril de 2010, 00:16 h (CET)
WASHINGTON - Recientemente escribí una columna elogiando al Presidente Obama por su amplia visión y la paciencia de esperar, más allá de su propio mandato de ser necesario, las recompensas.

La columna irritó de veras a un lector de Maryland, que se despachó sobre el defensor del lector del Washington Post Andy Alexander, quien me remitió la misiva.

"Andy", escribió el lector, "una forma de tener más información de la mentalidad de los reporteros de crónica del Post es leer las columnas de los reporteros de la antigua sección. He encontrado muy reveladora la columna de David Broder publicada hoy. Broder está entusiasmado con lo paciente que es nuestro presidente, y lo bueno que esto será de cara al futuro.

"Una mente más escéptica podría interpretar que esta 'paciencia' está convenciendo a Irán de construir una amenaza nuclear altamente desestabilizadora que será pésima para el futuro de nuestro país y pésima para nuestro mundo. Una mente más escéptica podría interpretar la acumulación de una deuda impagada tras otra por parte del gobierno federal no como una victoria de la paciencia, sino más bien como algo que conducirá a una enorme carga fiscal para la próxima generación y que deprimirá nuestro nivel de vida. Pero al menos Estados Unidos será un país menos excepcional en comparación con el resto del mundo.

"La paciencia no va a conducir a una mejor asistencia sanitaria para los nuestros. Más bien, la escasez de médicos prácticamente inevitable y varios problemas más creados a causa de los controles del gobierno conducirán a nuestro sistema a una calidad muy inferior y a tener listas de espera para recibir una atención mediocre. Pero al menos habrá más gente con cobertura médica.

"Si estos resultados son dignos de elogio", concluía, "entonces entiendo de dónde salen Broder y sus compañeros de viaje". Aparte de la fórmula "compañeros de viaje" del último párrafo, que me parece un golpe bajo impregnado del anti-comunismo estilo años 50, admiro realmente la carta y pienso que su redactor defiende ideas válidas e importantes. No estoy de acuerdo con él en que la reforma sanitaria vaya a tener necesariamente los malos efectos que él sugiere, pero creo que es una suerte que antes de que se implante en el año 2014, dos Congresos vayan a tener tiempo para consolidar sus disposiciones de reducción del gasto. Coincidimos mucho más en la amenaza de la deuda de lo que mi crítico quiere reconocer. He escrito con mucha frecuencia, hasta el extremo de que algunos lectores probablemente lo lamenten, sobre nuestro catastrófico déficit y la inevitabilidad de acometer recortes en las prestaciones y elevar la recaudación fiscal.

Pero a diferencia del caballero de Maryland, yo estoy dispuesto a reconocer la validez del argumento de Obama de que no tiene sentido subir los impuestos en general mientras la economía sigue luchando por recuperarse de la peor recesión vivida en más de 60 años.

En cuanto a Irán, la carta coincide con la crónica del New York Times que apunta a que el Secretario de Defensa Robert Gates, un destacado practicante de la sinceridad, habría remitido al presidente un escrito haciendo sonar las alarmas ante la ausencia de una estrategia estadounidense clara a la hora de hacer frente a la iniciativa de los mulás de hacerse con armas nucleares.

Se decía que Gates habría planteado directamente a Obama el riesgo tan discutido - que la paciencia de China y Rusia debilite y retrase cualquier régimen de sanciones impuesto a través de las Naciones Unidas y deje a Estados Unidos y sus aliados con la elección terrible entre el conflicto armado o la aceptación de un Irán con armas nucleares.

La administración y el propio Gates trataron de echar atrás la crónica rápidamente, pero está claro que existió una nota en esa línea y que la interpretación de su lenguaje no divulgado no anda lejos del significado que le dio el Times.

Siendo sinceros, yo había escuchado a un alto funcionario de la administración, cenando con un selecto grupo de periodistas hace dos semanas, decir que a su juicio, dentro de entre un año y 18 meses, después de que los diplomáticos hayan jugado sus cartas en la ONU, tendremos un enfrentamiento militar con Irán.

¿Qué decir pues de la paciencia que yo elogiaba en Obama? La respuesta sólo puede ser: que tiene sus límites. La paciencia no es suficiente por sí sola para resolver problemas. Sólo puede contribuir al éxito de la formulación de políticas cuando encaja en el momento adecuado.

En ninguno de estos temas cruciales entiendo que sería una ventaja que Obama se lanzara a tomar medidas, por no decir a invertirlas, como el lector de Maryland parece sugerir con la sanidad. Pero la paciencia no es suficiente.

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