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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Qué piensan en la Zarzuela sobre la situación de España?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 22 de abril de 2010, 04:51 h (CET)
Debo confesar mi preferencia por la música instrumental. No es que le quite mérito a las cantatas y existen voces privilegiadas que son capaces de elevar el ánimo a las más altas esferas del placer; sin embargo, el hecho de que a uno le desvelen lo que significa, el argumento o lo que tenía en mente el autor de una melodía cuando la compuso, le resta el misterio, le priva de la valoración que la imaginación de cada uno puede intentar hacer del conjunto de notas de una melodía. Una suite, una romanza o un oratorio pueden despertar distintas sensibilidades según sea la persona que las escucha y, en consecuencia, inducir, en cada una de ellas, distintos estímulos, sensaciones y figuraciones, según fuere su particular estado de ánimo. No, no se espanten que no voy a seguir por estos derroteros musicales. Si los he citado ha sido debido a que he tenido ocasión de leer una información, quizá de poco relieve, acaso de poca monta y escasa trascendencia, pero que, no obstante me ha hecho reflexionar sobre el papel que la monarquía española está representando en la actual situación de España; porque, sin duda, a la familia real se la puede comparar, sin demasiados esfuerzos de imaginación, con una pieza instrumental a la que le está vedado constitucionalmente dar su verdadera opinión, su real opinión, a los ciudadanos de la nación, sobre los que reina pero no gobierna.

Por ello, debemos aprender a descifrar este complicado lenguaje de los gestos, de las agendas, de los itinerarios, de las medias palabras y de las visitas oficiales; para intentar descifrar lo que guardan encerrado en sus mentes estas personas reales; que parecen permanecer ajenas a lo que sucede lejos de sus reales aposentos, siempre rodeadas de aduladores, de informadores sesgados, de amigos impuestos y de cofrades de años mozos; todos ellos formando un tupido círculo que los aísla, salvo esporádicas salidas por las provincias, pretendidamente, para adquirir conocimientos y pulsar el sentir de los españoles. En realidad, las posibilidades de que estas visitas les puedan proporcionar, a tan augustas personas, estos periplos por España, no dejan de ser muy remotas, debido a que la corte de personalidades que, tanto el gobierno de turno como los políticos locales de las ciudades que visitan, no están por la labor de que los egregios visitantes saquen la impresión de que los ciudadanos están mal gobernados, tienen necesidades que no son atendidas o que quienes les gobiernan son unos corruptos como la copa de un pino.

Lo que sucede es que, aquellos que siempre nos hemos declarado de derechas, los que no comulgamos con la teorías frentepopulistas de nuestros gobernantes y los que nos lamentamos de que el PP del señor Rajoy no actúe con más decisión, sin tantas pamplinas y siguiendo lo que fueron los valores fundamentales del partido; obviando tantos circunloquios, tantas concesiones a la galería y tanta condescendencia con determinadas leyes socialistas, que atentan gravemente contra la sensibilidad de todos aquellos que pensábamos que en España nunca podría consentirse que fueran implantadas y, mucho menos, sin una oposición numantina de los partidos de derechas; no acabamos de entender como SM el Rey, no parece sentirse preocupado por lo que está sucediendo en España; no da la sensación de estar pasmado por la política del Ejecutivo del señor ZP ni da muestras de desagrado o repugnancia por leyes tan impactantes como ha sido la “del aborto” de la señora Aído o los matrimonios de homosexuales con posibilidades de adopción y los evidentes atentados en contra de la unidad de la nación.. Ello nos puede llevar a dos conclusiones, una: que el Rey piense que es conveniente para la nación la aplicación de, tan discutibles, normas; dos: que difiera de la postura gubernamental, pero que prefiera seguir en el trono de España antes que exponerse a que le ocurra lo mismo que le sucedió a su abuelo Alfonso XIII, cuando se proclamó la II República en abril de 1931.

Hay algo que no acabo de comprender y es que resulta evidente que las relaciones de don Juan Carlos con Zapatero, al menos en apariencia, son más fluidas de las que tenía con el señor Aznar. No da la impresión de encontrarse incómodo con los socialistas lo que, al menos a primera vista, no deja de ser extraño, si tenemos en cuenta que ambicionan implantar de nuevo la República en España, lo que supondría la abolición de la monarquía; a no ser que se inventaran la figura de un monarca presidente de la República. Pero si en el monarca, por su edad, se podrían entender determinadas concesiones a los socialistas; creo que, en lo que hace referencia a su heredero, al futuro Rey, habría muchas cosas que decir. Por ejemplo, todo da a entender que quien manda en casa del Príncipe es una señora, convertida en princesa, pero de origen plebeyo; que parece más escorada a los de la farándula (recordemos algunos de los amigos de la pareja como, por ejemplo, el señor Sabina) y a la izquierda, que no a lo que podríamos calificar como la derecha. Fuimos de los que no estuvimos de acuerdo con esta frivolidad de la casa real de saltarse las costumbres y pretender ponerse al nivel del pueblo llano, casando al heredero con una señora que, por si fuera poco, estaba divorciada. La realeza impone sacrificios y el príncipe, por muy romántico que resulte este final de película, debiera de haber emparentado con persona de su estirpe. Las consecuencias no han tardado en quedar evidenciadas y, mucho nos tememos, que quien reine sea doña Letizia y, quien figure hacerlo, sea su esposo, don Felipe.

Pero hay gestos que llaman la atención y que crean inquietud en aquellos que vemos como España se desmorona por la cuesta de la quiebra económica, moral y ética; a la que vienen contribuyendo descaradamente, tratando de engañar a los ciudadanos, empeñados en sostener a un Ejecutivo insostenible y cargando con todos su medios contra el único partido que, por ahora, parece que le pudiera para los pies a Zapatero y a toda la banda de separatistas y progresistas que lo mantiene en el poder; como es el caso de la SER. Así pues, nos admira, decepciona y entristece que, algunas de las actividades principescas sean las de visitar, dar ánimos y ensalzar la labor de medios de comunicación que se vienen caracterizando por su fanatismo, inquina, maledicencia y, sobre todo, empeño en desacreditar a la derecha; empleando, para ello, todos los medios, importantes medios, de los que disponen para crear, en torno a el PP una aureola de descrédito, calumnias, generalizaciones y acusaciones, que sólo se podrían entender si fuera un partido en el Gobierno, pero nunca se pueden aceptar, cuando es, precisamente, el partido gobernante, en un intento de consolidarse en el poder, el que se vale de semejante política para hundir a su principal rival que, por raro que parezca, va por delante en las encuestas de intención de voto.

No creemos que la monarquía, sin el apoyo de la derecha y demás partidos moderados, consiga que el príncipe Felipe siga gobernando España, cuando falte su padre, si ha de esperar el soporte de comunistas y socialistas. Lo que debiera de empezar a pensar es si, siguiendo los consejos de sus allegados más inmediatos, si pretende jugar con dos barajas, va a conseguir granjearse las simpatías de una derecha, de vuelta de tanto romanticismo, y poco proclive a dejar pasar una conducta poco clara y, evidentemente, poco prudente, del sucesor de la corona. Los socialistas han hecho demasiado daño para exponernos a continuar teniéndolos gobernando, con el apoyo de la monarquía.

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