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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Dónde esta la iglesia?

Antonio Cánaves (Palma)
Redacción
miércoles, 21 de abril de 2010, 13:29 h (CET)
La difusión publica de los abusos a niños por el clero y su ocultación por parte del Vaticano. Vienen a sumar motivos de descrédito para un sector creciente de católicos.

Lo desconcertante es, que escándalo tras escándalo, polémica tras polémica, los fieles católicos, críticos con la jerarquía, continúen defendiendo y obedeciendo esta institución con el Papa al frente.

Más preocupante es, que esos fieles de diferentes asociaciones católicas, que demandan un cambio a la jerarquía, no son conscientes de lo que acontece en el interior de si mismos. Que ese impulso interior, que demanda un cambio de actitud en el clero: es inspiración divina, porque se basa en el amor, en querer deshacer una injusticia.

Tantos años de dominio y sometimiento al poder religioso, han arraigado un sentimiento en los fieles de desconexión con lo divino. Al asumir, que todo lo divino es “un acontecimiento mágico, reservado para unos pocos elegidos por la cúpula religiosa”. Un sentimiento de culpa de “ser pecador”, incapacitados para que Dios nos de una muestra de amor a través de cada uno de nosotros. Como si la infinitud de actos cotidianos de amor, de cada ser humano, no fueran manifestación de Dios.

Han degradado tanto la sencilla vivencia interior de los fieles, que pocos se atreven a desafiar al guardián de la fe vaticana, por temor a ser tildados de herejes, charlatanes, o soberbios. No se cuestionan, que si el Papa mantiene posturas intransigentes con sus semejantes, apartadas del amor y la justicia, es porque desconoce el amor de Dios.

Causa pena y rabia, que si las desafortunadas afirmaciones sobre la pederastia que hace el Papa o sus ilustrísimas, las hiciese un don nadie, lo tratarían de depravado o perturbado mental. La única diferencia estriba, en que unos creen que la opinión del clero esta inspirada por Dios, y la opinión de los fieles, solo es eso, una opinión sin trasfondo, fruto de los “devaneos de unos exaltados que solo buscan fastidiar”. Como si alguien, fuera capaz de escudriñar en las almas de los hombres para determinar su intención divina o mundana. Solo se da credibilidad a quien hace ostentación del hábito.

Y los fieles, tristemente descreídos, de que cualquier simple mortal pueda tener más amor, que aquel que en su infinita soberbia se hace llamar, único representante de Dios en la tierra.

Ciegos que no ven, que cualquier humilde persona, que da amor sin esperar nada a cambio, esta más cerca de Dios, que aquel que se erige en juez de la moral de todos.

¿No son estos fieles, que tienen “sed de justicia”, los bienaventurados del sermón del monte: los pobres, los perseguidos, los pacificadores…?. ¿Tiene el clero vergüenza de las palabras del carpintero de Nazareth, por no incluir en las bienaventuranzas: a los que predican la palabra de Dios por un salario; a los que se hacen llamar Santo Padre, representante de Dios en la tierra; a los que viven en palacios vaticanos o palacios episcopales; a los que cobran por predicar, y los que pagan por escuchar; a los que condenan a infiernos eternos, a los que bendicen a los ricos, a los banqueros, a los que arman guerras y venden armas, a los que bendicen a reyes y nobles, a los dictadores, a los militares y tantos otros que viven de enriquecerse y matar a sus semejantes?. No, estos no son bienaventurados.

Dice Dios por boca del profeta “No tendrás Dioses ajenos delante de mi”. Así millones de fieles católicos, como protestantes y de todas las religiones, en lugar de escuchar su voz interior, en lugar de ser guiados por el amor al prójimo, por el Cristo que mora en todo ser humano. Son guiados por otros seres humanos, que tan siquiera se han liberado de su apego al dinero y al poder, y como mercenarios, comercian con la palabra de Dios. Y así, sus fieles se sorprendan y escandalicen de cualquier nueva aberración cometida en nombre de Dios. Cometiendo sacrilegio ante el clero, por darse de baja por escrito de la religión oficial, para darse de alta en la verdadera iglesia que esta en cada casa humilde, en cada casa obrera, en cada ser humano bondadoso que busca y vive a Cristo en uno mismo. Que no explota al prójimo para enriquecerse, siendo consciente que se forma parte del pueblo elegido por el amor al prójimo. Porque solo rinden cuentas de su vida y moral, ante Dios, ante si mismos.

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