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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

Alicia en el país de Tim Burton

Raffa Ávila
Redacción Siglo XXI
@DiarioSigloXXI
miércoles, 21 de abril de 2010, 13:05 h (CET)
Alicia en el país de las maravillas es la última película del director californiano Tim Burton. Es el primero de un pack de trabajos firmados con la gran Walt Disney Pictures, en lo que significa la vuelta del hijo pródigo. El segundo será sacar del recuerdo el primer cortometraje de Burton con actores de carne y hueso, “Frankenweenie”, rodado en 1984 y archivado por el estudio porque estimaban que daría demasiado miedo a los niños.

Alicia de Tim Burton combina los libros de Lewis Carroll, Alicia en el país de las Maravillas (1865) y A través del espejo (1871), con increíbles efectos especiales y la más novedosa técnica RealD3D, la misma que “Avatar”. La película cuenta cómo Alicia de 19 años regresa al estrafalario mundo que conoció de niña, donde se reunirá con los habitantes del Submundo: el Señor Morsa, el Carpintero, la Lirona, el Gato de Cheshire, y por supuesto, el Sombrerero Loco. Alicia se embarca en un viaje de fantasía en busca de su verdadero destino y también para poner fin al reinado de terror de la Reina Roja.

En relación a la obra literaria hay que explicar que Burton hace una versión muy personal, libre y casi disparatada de los cuentos de Lewis Carroll. Quizás el director olvidara de qué iba el libro ya que lo leyó cuando apenas contaba con ocho años. No sería entonces necesario pero conviene refrescar la memoria al respecto.

Alicia en el país de las maravillas es un cuento satírico que narra un extraño sueño que la muchacha tiene mientras se queda dormida bajo un árbol. Convivirá en un mundo grotesco donde los animales hablan, jugará el más raro de los partidos de criquet y será juzgada por un supuesto robo de tartas, entra otras aventuras. Todo esto aderezado por un saco inmeso de juegos de lógica y acertijos matemáticos. No en vano, Charles Lutwidge Dodgson, nombre real de Lewis Carroll, creador de la fantasía, era profesor de matemáticas de profesión. A través del espejo y lo que Alicia encontró allí es la desconocida segunda parte del cuento. En esta ocasión, Alicia está meditando sobre cómo debe de ser el mundo al otro lado del espejo, se sorprende al comprobar que puede pasar a través de él y descubrir de primera mano lo que ahí ocurre. Mientras que el primer libro juega con cartas vivientes, en esta ocasión Alicia se ve envuelta en una partida de ajedrez un tanto alocada.

Pero Tim Burton sólo se basa en la historia y en los personajes para contar otro cuento. Nos situamos en el Londres victoriano. Alicia (Mia Wasikowska) sufre una pesadilla constante. Cae por una madriguera y convive en un insólito mundo con animales que hablan. Su padre intenta calmarla. Pasados los años y fallecido su papá, Alicia debe aceptar casarse con un joven Lord, hijo de un antiguo socio de su padre. Alicia escapa en mitad de la pedida de mano y seguirá a un conejo blanco que le conducirá al Submundo. Un lugar donde Alicia ya estuvo de pequeña. La pesadilla es un recuerdo y Alicia deberá cumplir la profecía que la elige como liberadora del déspota gobierno de Iracunda (Helena Bonham Carter), la Reina Roja, que ejerce el poder a través del terror por el dominio de una gran bestia voladora, el Galimatazo. Para ayudar a Alicia, se congregan a lo largo del metraje todos los personajes que apoyan a Mirana (Anne Hathaway), la Reina Blanca: el Sombrerero Loco (Johnny Depp), el Conejo Blanco o la oruga Absolem entre otros. En el otro bando, Stayne (Crispin Glover), la Jota de Corazones o el Magnapresa que finalmente se aliará con Alicia. Finalmente, la joven protagonista tomará la decisión que todo el mundo espera que tome en el Submundo, ya que la decisión que todo el mundo espera que tome en el mundo real será distinta. El viaje de Alicia supone un alegoría de del mundo real y de las determinaciones que se han de tomar allí.

Partiendo de la base de una gran admiración por Burton, hay que comenzar recordando que hace tiempo que el director gótico y oscuro por excelencia dejó de crear para convertirse en un mero artesano más. Cosa que no tiene en ningún caso desmérito, ya que en toda la historia del cine nos encontramos una gran lista de directores de películas sin ser creadores de nada. Pero sabiendo de dónde viene, las críticas se antojan casi obligatorias para intentar salvar el barco. Las últimas películas de Tim Burton son la misma a grandes rasgos: una obra literaria adaptada con su congénito, fantástico, barroco y creativo toque artístico, interpretada por su álter ego en pantalla, Johnny Depp, su señora esposa Helena Bonham Carter apareciendo por ahí, con la música de Danny Elfman y con unos inconsistentes guiones impropios de la categoría de Tim Burton. A saber, “Charlie y la fábrica de chocolate” inspirada en la obra de Roald Dahl, “Sweeney Todd - El barbero diabólico de la calle Fleet” sobre la obra teatral primigenia de Christopher Bond, la propia Alicia, y casi apurando, “Sleepy Hollow” de Washington Irving o “El planeta de los simios”, novela de 1963 de Pierre Boulle.

Y es que para que el binomio que sirve de tarjeta de presentación de Tim Burton, historia-estilo surta efecto, debe surgir algo parecido a lo que generó películas inolvidables que suponen sus mejores trabajos, como “Ed Wood” o “Eduardo Manostijeras”. Pero habiendo leído la biografía de este director no hay muchos motivos para la esperanza, ya que agotada la vena autobiográfica de flagelación existencial, la influencia de Edgar Allan Poe y madurado el toque infantil, no se astiba ningún rayo de esperanza.

Alicia sólo se sostiene por el increíble mundo imaginario creado y el diseño de una grotesca fauna de personajes inverosímiles. Tim Burton quiere abarcar demasiado y se le escapa de las manos el experimento. El endeble y superficial guión de Linda Woolverton naufraga estrepitosamente y desemboca en una delirante y liosa historia que no salva ninguna interpretación individual, ni siquiera Johnny Depp con su sombrero y sus lentillas verdes, agigantadas digitalmente, que roza el ridículo en la danza de la victoria final, un ridículo que supera a la estúpida risa de Willy Wonka; o la gran Anne Hathaway, tan atractiva como siempre. Una historia de un viaje imaginario que recuerda a la gran “El mago de Oz” pero que no alcanza la altura ni de las baldosas amarillas.

No es casualidad, de todos modos, ver una película en 3D. La parafernalia que engloba el hecho de ver la cinta aumenta en grados la percepción real. Y en este caso tampoco sirve para aumentar la nota ya que, por ejemplo no alcanza la calidad de otras cintas. Para poder obtener la sensación de tridimensionalidad el realD utiliza las mismas técnicas ya conocidas hasta ahora: ofrecer a cada ojo una imagen ligeramente diferente a la del otro ojo haciendo que el cerebro las interpole con sensación de profundidad. El espectador usa unas gafas polarizadas de tal modo que cada ojo solo ve una imagen. El cerebro confía la misión de interpolar las imágenes obteniendo la sensación 3D. Es una técnica diferente al 3D habitual como la que vimos en “Los mundos de Coraline” y similar a la de “Up”. En Alicia, la expectación del maravilloso país de las maravillas nos despista de algunos fallos tecnológicos y de la únicamente aprobada técnica, por debajo de sus competidoras. Por cierto, hablando de otro aspecto, la BSO de Avril Lavigne, es algo insípida.

Tim Burton ya no tiene nada nuevo que contar. Sólo se espera que lo que haga siga teniendo ese toque de fantasía tan particular que únicamente él puede aportar. De hecho los fans del director y la expectación por el estreno de la película han hecho que en los primeros tres días, la cinta haya recaudado más de siete millones y medio de euros. Bien viaje Burton.

Calificación: FF (en una escala de 1F a 5F)

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