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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La mascarada del IVA

Robert J. Samuelson
Robert J. Samuelson
miércoles, 21 de abril de 2010, 08:16 h (CET)
"Existe siempre una solución fácil a todo problema humano - limpia, plausible y errónea". H.L. Mencken.

WASHINGTON - El impuesto sobre el valor añadido se ha convertido en la panacea indicada del déficit federal presupuestario. Es promocionada por los economistas de laboratorio de ideas y mencionada por los principales congresistas. Un impuesto sobre el valor añadido, se dice, podría recaudar fuertes cantidades de dinero que, como sabe todo hijo de vecino, son necesarias para cubrir las estimaciones del déficit. El IVA es equiparado a un "impuesto sobre la venta a nivel nacional", así que una vez implantado, la mayoría de los estadounidenses apenas lo notarían - del mismo modo que apenas notan los impuestos estatales y locales sobre la venta. ¿Hasta qué punto es una política favorable? Un IVA también contrae el consumo y fomenta el ahorro y la inversión, haciendo a América más rica a largo plazo. ¿Cuál es la pega?

Mencken (1880-1956), uno de los grandes genios de Estados Unidos, se mondaría. Casi todos los argumentos a favor del IVA son exagerados, engañosos, incompletos o erróneos. Se está vendiendo el IVA como la forma casi indolora de evitar profundos recortes del gasto. El mensaje implícito, aunque a menudo tácito, es que el IVA puede recaudar tanto dinero que por sí mismo es capaz de cancelar futuros déficit. Este razonamiento, de ser suscrito, crearía sobrecogedoras cargas fiscales y nos eximiría de un debate que necesitamos tener desesperadamente.

¿Qué tamaño queremos que tenga el gobierno -- y qué tamaño nos podemos permitir? A la hora de extinguir el déficit, ¿cuál es la combinación de subidas tributarias y recortes del gasto más eficaz? ¿Qué programas son antiguos, ineficaces o innecesarios? ¿Cuánto debemos gravar a los jóvenes y los no tan jóvenes para financiar a los ancianos? ¿Los jubilados más acomodados deben recibir prestaciones más limitadas? ¿Deben elevarse las edades mínimas para la jubilación?

El problema presupuestario básico es simple. Durante décadas, la ampliación de la seguridad social, Medicare y Medicaid - programas destinados sobre todo a la tercera edad -- se financió principalmente reduciendo el gasto en defensa. En 1970, la defensa representaba el 42% del presupuesto federal; la seguridad social, Medicare y Medicaid suponían el 20 por ciento. Hacia 2008, los porcentajes se invertían: la defensa, el 21 por ciento; los grandes programas para la jubilación, el 43%. Pero la defensa dejó de caer después del 11 de Septiembre, mientras los primeros jubilados del baby boom y el descontrolado gasto sanitario impulsaron al alza el gasto de la jubilación.

Por sí solo, el gobierno crecería. Entre los ejercicios de 1970 a 2009, el gasto federal alcanzó de media el 20,7% de la economía real (producto interior bruto). Hacia el año 2020 podría llegar al 25,2 por ciento del PIB y seguiría creciendo, reconoce la Oficina Presupuestaria del Congreso en la estimación de los presupuestos Obama. En el año 2020, el déficit (suponiendo una economía saneada con un paro del 5 por ciento) sería del 5,6 por ciento del PIB. Para financiar eso, los impuestos tendrían que subir casi un 30 por ciento.

Un IVA no puede cubrir la diferencia de forma indolora. Aplicado a cualquier gasto de consumo -- alrededor del 70% del PIB -- el tipo impositivo obligatorio rondaría el 8%. Pero el aumento real podría estar más cerca de un 16 ya que habría una enorme presión para declarar exento al pequeño comercio, el alquiler y la vivienda, la sanidad, la educación y las organizaciones de caridad. En conjunto, suponen casi la mitad de los 10 billones de dólares del consumo. También se darían otras presiones alcistas (y más técnicas) sobre el tipo impositivo del IVA.

¿Alguien cree que los estadounidenses no notarían una subida del 16% en el precio de los coches, las televisiones, los billetes de avión, la gasolina -- y mucho más -- incluso si se sube paulatinamente? En cuanto a los presuntos beneficios de un IVA (simplicidad, fomento de la inversión), dependen principalmente de que el IVA sustituya al entramado del impuesto sobre la renta actual que discrimina a las inversiones. Eso es poco probable porque requeriría tipos tributarios inverosímilmente acusados. Lo más probable es que pagáramos tanto el impuesto sobre la renta como el IVA, complicando más el sistema tributario en general.

Los generalizados impuestos sobre el valor añadido que tiene Europa no son modelos de simplicidad. Entre los 27 miembros de la Unión Europea, el tipo base oscila entre el 15% (Chipre, Luxemburgo) y el 25 por ciento (Dinamarca, Hungría y Suecia). Pero hay muchos tipos preferenciales y exenciones. En Irlanda, los alimentos se gravan a tres tipos (del cero, el 4,8 y el 13,5 por ciento). En Holanda, los hoteles se gravan a un 6 por ciento. Un IVA estadounidense fomentaría una feroz presión política en busca de un trato de favor.

Los precios al consumo más elevados fruto del IVA también podrían desacelerar la economía. La Reserva Federal se enfrentaría a dilemas legislativos. Si intentara evitar que las empresas trasladaran el impuesto al consumidor, tendría que elevar los tipos de interés y arriesgarse a una recesión. Si intentara paliar el efecto de la subida de los precios sobre el gasto, su política de circulación del crédito podría desencadenar una nueva espiral inflacionaria.

Un IVA no es la panacea; la reducción del déficit no puede ser indolora. Vamos a necesitar recortes drásticos del gasto y subidas fiscales en la misma medida. Un IVA podría ser el impuesto menos malo, aunque me decanto por los impuestos sobre la energía. Pero lo que el activismo simplista en defensa del IVA tiene de malo es que resta importancia al recorte del gasto. Las consecuencias serían impuestos innecesariamente elevados que debilitarán la economía y discriminan a los jóvenes. Será más difícil para las familias cuidar a sus hijos. Los entusiastas del IVA han de responder a dos preguntas: ¿Qué gasto público se recorta primero? Y ¿en qué máximo sitúa los tipos de su IVA?

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