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Las razones del catalán

Francisco Rodríguez Barragán
Francisco Rodríguez
miércoles, 21 de abril de 2010, 08:15 h (CET)
Entrevistaron hace poco en una cadena de televisión, a un alcalde catalán y le preguntaron sobre las dificultades que encuentran las personas que residen en Cataluña para que sus hijos reciban educación en castellano.

Contestó este alcalde que no hay ningún problema con el castellano porque todo el mundo sabe hablarlo, pero que Cataluña tiene una legua propia, que es el catalán a la que tienen que cuidar y defender para que no desaparezca, por lo que es imprescindible conseguir que todos los niños la aprendan desde pequeños.

Le vi tan convencido de lo correcto de su postura, que es la del nacionalismo catalán, que no creo que pueda llegar a admitir ningún razonamiento en contra.

Pienso que su rotunda afirmación de que “Cataluña tiene una lengua propia” es una falacia que por mucho que la repitan no se convierte en verdad, por la sencilla razón de que los territorios no hablan, no tienen lengua, son solo el soporte físico donde viven y se comunican las personas, únicos seres que han sido dotados de la maravillosa facultad de hablar, inicialmente en la lengua de sus padres, ya sea catalán, castellano, árabe o senegalés. De los territorios puede predicarse que tienen extensión, límites, clima o accidentes geográficos, pero en ningún caso que hablan, razón por la cual no pueden tener una lengua propia.

Los que allí vivan están en su perfecto derecho de hablar en la lengua que prefieran, siempre que les sirva para comunicarse con los demás. Si la lengua que se habla mayoritariamente es el castellano, no hay razón para que la minoría que habla catalán se empeñe en imponerla a los demás, utilizando la facultad coactiva de su gobierno. La democracia es el gobierno de la mayoría y el respeto de las minorías. Hacer lo contrario es claramente tiranía.

El nacionalismo, al identificarse esencialmente con la tierra y lengua catalanas, vulnera los derechos de todos los que viven en esa tierra, salvo que traten de clasificar a los que no sean nacionalistas ni catalano-hablantes con vecinos de segunda categoría y que aprender a hablar catalán sea el requisito necesario para que les sea otorgada la plenitud de la ciudadanía por los próceres de pura sangre que detentan el gobierno.

Pensemos en el futurible de que la minoría musulmana consiga, paso a paso, el control creciente de pueblos y ciudades y decida que todos tienen que aprender el árabe clásico. ¿Una tontería? Quizás. Pero ya tenemos a una minoría que impone a la mayoría hablar en catalán, aunque eso no aporte ninguna ventaje a la gente, pero satisfaga a lo políticos que hoy controlan Cataluña.

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