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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

El tribunal inaudito

Ruth Marcus
Ruth Marcus
martes, 20 de abril de 2010, 02:47 h (CET)
WASHINGTON - La opinión está dividida cero a siete en el Supremo este curso judicial.

Ese cociente no guarda relación con los votos de los magistrados en algún caso. Es el número de veces que el tribunal ha sido instado (siete) a convenir (cero) a desclasificar las grabaciones de la argumentación oral de casos importantes.

Sí, las grabaciones de audio. En la era de Twitter y la videoconferencia, la sala al parecer encuentra molestamente intrusiva la noción de permitir que la opinión pública escuche el audio de sus actuaciones.

No estamos hablando de cámaras de televisión aquí, amigos. La única pregunta es si las organizaciones de prensa pueden utilizar grabaciones de las deliberaciones - cintas que se están recogiendo en cualquier caso y que son desclasificadas con el tiempo - el mismo día en que tienen lugar las argumentaciones.

La petición rechazada más reciente se producía cuando el tribunal rechazó la petición de C-SPAN, ABC, CNN y Fox News en un caso, con proceso oral fijado el lunes, relativo a si una facultad de Derecho de una universidad pública puede negar la financiación a un grupo de estudiantes que exige a sus miembros suscribir determinadas creencias religiosas.

Si hay base racional, como les gusta decir a los abogados, para negarse a desclasificar el audio de este caso, que alguien me la explique. Se argumenta que las cámaras de televisión distraen demasiado y se entrometen demasiado en la privacidad de los magistrados. No estoy de acuerdo, al igual que la mayoría de la población; en una encuesta realizada el año pasado por C-SPAN, el 61 por ciento apoya la idea de que las deliberaciones del Supremo se televisen. En cualquier caso, los mismos argumentos tienen aún menos validez en el caso de grabaciones de audio.

Otro de los argumentos anti-TV es que los fragmentos serían demasiado susceptibles a ser utilizados con mala intención para crear cuñas de 30 segundos. De acuerdo, pero por todas estas razones tipo una imagen vale más que mil palabras, una grabación no me parece suponer un riesgo - si ese riesgo existe. Este argumento - de nuevo, como a los abogados les gusta decir - está fuera de lugar: si supone un problema que las palabras sean sacadas de contexto, ¿no es ese el caso de los cronistas de prensa o difusión, obligados a citar las palabras de los magistrados? ¿No es el riesgo de ser mal citado - equivocarse al elegir las palabras no, sino faltar al significado subyacente - (BEG ITAL)menor(END ITAL) cuando el sonido real se facilita? Cualquier abogado decente puede decir que el discurso frío de un procedimiento es un pobre sustituto.

De hecho, existe un precedente ante la sala sobre el que juzgar si difundir las grabaciones de audio plantea algún problema. El tribunal entendió algo bien en el caso Bush vs. Gore: permitió que el audio de los argumentos orales se emitiera más avanzado ese mismo día. Desde entonces, las organizaciones de prensa han solicitado el levantamiento del secreto sobre el audio en 44 casos; sus peticiones han sido concedidas en 19 más, según las estadísticas elaboradas por los interesados de C-SPAN. No parece un aluvión de peticiones.

Por desgracia, el tribunal se ha encaminado en la dirección equivocada bajo el presidente de la sala John Roberts. De las 11 solicitudes presentadas al tribunal bajo el presidente William Rehnquist, se concedieron nueve. El tribunal de Roberts ha aprobado sólo 12 de 35 solicitudes. El año pasado se levantó el secreto de sólo dos argumentaciones (el caso de la financiación de campañas, Citizens United, y un importante conflicto de derecho electoral en un distrito).

Tal vez el tribunal no quiera estar en posición de decidir qué casos eleva a la categoría de relevancia pública. Hay aquí una vía rápida de evitar ese juicio: desclasificar el audio de todos los argumentos. Sí, desclasificar el audio ha sido la excepción, no la regla. Pero de nuevo, no fue hasta hace poco que el tribunal hizo una práctica de proporcionar transcripciones del mismo día de las sentencias. Las cosas cambian, incluso en el Tribunal Supremo. La tecnología hace que esta transacción sea bastante simple.

¿Demasiado radical? Aquí hay otra solución: desclasificar el audio de un determinado número de casos todos los años. Que las cadenas se pongan de acuerdo en cuáles solicitar para que la sala no tenga que decidir. O tomar la determinación en función del número de escritos remitidos al tribunal que cada caso atraiga.

El presidente del Tribunal Supremo describió célebremente la función del juez como la de un árbitro que evalúa jugadas. ¿Por qué iba a querer negar a la opinión pública el beneficio de evaluar por lo menos el partido que se está jugando?

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