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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Ventoleras permanentes

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 18 de abril de 2010, 08:51 h (CET)
Aquella expresión popular referida a los cuatro vientos, como indicador fehaciente de las múltiples direcciones y encrucijadas; ha sido superada con claridad por las ventoleras violentas que nos sacuden. Por el número, dado su aumento; pero también por su procedencia, desde todos los ángulos posibles. Los cuatro puntos cardinales resultan escasos. Los aires naturales parecen haberse encabritado, se enfurecen al menor cambio de isobaras. No obstante, las caprichosas VELEIDADES de las actuaciones humanas, les superan en numero y en las retorcidas orientaciones. Ahora, desde cualquier punto se desencadenan furiosas andanadas. Decimos de los cambios climáticos, que se han vuelto locos; que no diremos de los cerebritos en plena efervescencia. Arrecian las inconveniencias desde todas partes.

Los sabios antiguos, aquellos de los proverbios y sentencias lacónicas, solían citar al viento como experiencia nítida de lo invisible; con los rotundos efectos provocados por lo que no se ve, árboles arrancados y provocación de destrucciones, placentero y provocador de trastornos mentales. En nuestros tiempos recurrirían a las MAQUINACIONES de los politicastros vestidos de demócratas, como ejemplos de lo que no se ve, hasta que se mueve y origina devastaciones de serias consecuencias. Estábamos en eso de la reconducción de las tensiones sociales, de la participación de todos, consideraciones y debates; cuando, ¡De pronto!, nos damos cuenta de una imperiosa necesidad, la de recomponer el tinglado, porque esto se viene abajo al paso de los vientos nefastos y desde todas las procedencias.

Antes se oía aquello de bono, bonito y barato; que también ha sido superado con claridad. Los medios informativos le asedian a uno con curiosas modificaciones a dicha expresión, con cambios significativos del sentido. Bono, famosos no hay muchos, ¿A cuál de ellos se referirán?; Bonito, quizá el hijo de Bono; y con respecto a lo de Barato, ¡De eso nada!, porque se le atribuyen unas propiedades valoradas en cifras millonarias de euros. ¡Qué capacidad!, por su juventud, por sus actividades de poco peso y por ese enorme patrimonio. No se que tiene La Mancha, porque este BONITO de la MANCHA es ejemplar. Me llama la atención, otra vez, la transformación de lo invisible en las primeras observaciones, y como, a través del movimiento, nos permite observar sus grandiosas dimensiones; elogiables o despreciables, quién lo sabrá en estas misteriosas circunstancias de las vidas. ¿O quizá, no tan misteriosas?

Estoy asombrado, sin llegar a la perplejidad, al observar el alto grado de creatividad en los gestores y gobernantas actuales; ya me estaba yo cansando de los mismos cuentos con sus protagonistas archiconocidos. Confío en la pronta edición de DOÑA QUIJOTA, de la Mancha o de Cataluña, porque no es bueno que campe sólo el atribulado hidalgo. Disponemos de ministras con alta capacidad para afrontar esta crisis, y ellas cuentan con equipos subvencionados e imaginativos para ello. La historia o los modos literarios no suponen ningún obstáculo. Blancanieves y Caperucita también se remueven en las diferentes encuadernaciones, temblarán ante el ciclón que se les avecina. El paro y los problemas acuciantes no sé como se resolverán, pero confío en la labor “ceniza” de estos equipos o equipas ministeriales. Y ansío con cierta zozobra la edición de la renovada CENIZIENTA, quizá con la imagen de la candorosa ministra del ramo. Toda una revelación conceptual y literaria. ¿Percibiremos con la suficiente perspicacia la verdadera significación de dichas transformaciones? La respuesta popular está en el alero, júbilo, indiferencia o desmadre, en lontananza.

Con imágenes de ayer mismo, queda patente la ventolera social con respecto a la administración de la justicia. ¿Pretendemos lo justo para todos o una adaptación según las conveniencias partidarias del momento? Dejando a un lado eso de los “jueces estrellas”; me parecen demasiados focos para unas acciones tan delicadas. Un juez, como cualquier otro ciudadano, puede efectuar labores meritorias y hasta la heroicidad en numerosas circunstancias. Lo cual no es óbice para que en 2 ó 3 actuaciones se salte la LEY de todos, confabulando con los poderosos del momento, acaparando dinero improcedente, o tomando decisiones en campos que no le correspondían; estaríamos ante prevaricaciones u otros actos ilegales. ¿Deben someterse estas últimas actuaciones a la calibración y respuesta judicial? O bien, aquella suma anterior de actuaciones buenas, les exime y les confiere MANGA ANCHA para el desarrollo de su caprichosa voluntad.

Son dos hechos diferentes, unos buenos y otros malos. Pienso que la CRÍTICA es EXIGIBLE, sobre todo hacia los personajes públicos y precisamente por serlo. Los desmedidos aplausos de unos “intelectos” escorados hacia sus criterios sectarios, artistas con zeja o sin ella, sindicalistas, no constituyen un argumento consistente del juicio. Si admiramos a una persona, eso no incluye los tapujos para saltarse la legalidad; esta es de todos y no de un sector. Evitando las prevaricaciones o ilegalidades, sería aún más digno de admiración el encausado. Que hable pues la justicia. En caso de disconformidad, se impondría la modificación democrática de la legalidad vigente, nunca presionada o cambiada por los aplausos plebiscitarios o voces estentóreas, muy propios de los sectarismos totalitarios que no pasan desapercibidos a la vista de manifestaciones como las referidas.

Se nos vienen encima aires sociales huracanados en forma de exageraciones peligrosas. Según estos embates, potentes y habituales, las personas hemos de plegarnos sin remedio a las estructuras de la sociedad que tengan a bien diseñarnos. No se acaban los objetivos que debemos de cumplir si queremos ser socialmente correctos. Si nos deprimimos o flaqueamos mentalmente, conviene solucionarlo con el psiquíatra; para nada lo de pensar en soluciones particulares. Cuando falte trabajo o dinero, la creatividad ya no sirve y no está bien vista; las directrices persiguen las subvenciones y el servilismo. Uno debe adaptarse a los esquemas y estadísticas pergeñados por los poderes públicos. Los individuos nos vemos involucrados en una ORIENTACIÓN INADECUADA. No al servicio del bien común, no; si fuera así, lo festejaríamos; nos enredan con un servilismo que sólo beneficia a unos cuantos. Dónde se aparcaron las sensibilidades peculiares de cada persona, ilusiones, deseos, cariños, actitudes espontáneas; eso ni se plantea en términos preferentes. Engañados con ese pretendido servicio a los mastodontes comunitarios, intratables y maquiavélicos; en realidad, trabajamos para la más individual abyección, la de los nuevos caciques dominadores.

Borges hablaba de “…aquel arte… que es pasar de un país a otros países y estar íntegramente en cada uno”. Pues bien, cuando soplan aires violentos y desde cualquier procedencia, pierde uno el sentido de la colocación, aunque se trate del propio país. Qué hacemos, dónde estamos. Tamaño DESCONCIERTO propaga nuevas turbulencias y tempestades preocupantes; se pierde la cercanía de las argumentaciones, la captación reflexiva de las distintas tendencias de gente como nosotros. Con estos ritmos alocados se pierde el contacto y las decisiones como personas. Nos convertimos en motas de polvo desplazadas sin rumbo.

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