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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

"Demasiado sensible": Un breve relato sobre el poder de la palabra

Nuria Rubio González
Redacción
jueves, 15 de abril de 2010, 22:55 h (CET)
Quien repare en este relato se preguntará, con toda seguridad, qué significado tiene remitir un texto de estas características a una sección destinada a recoger opiniones sobre temas de actualidad. No puedo ofrecer una explicación basada en sólidos argumentos; sólo puedo invitar a su lectura con el deseo de que se encuentre entre sus líneas algo que mueva a la reflexión:

Me miró fijamente a los ojos y sentenció: "Eres demasiado sensible". Lo dijo con la entonación con que se pronunciaría un reproche, incluso un insulto. Lo dijo como si escupiera algo que estuviera oprimiendo su garganta y amenazara con asfixiarle. No supe, no pude o no quise contestarle. Simplemente, dejé que se marchara.

Al cabo de muchas primaveras, regresó. Me costó reconocerlo; tenía la mirada apagada, profundas arrugas surcaban su rostro, enmarcado por un pelo grisáceo, sucio y enmarañado. "¿No vas a preguntarme dónde he estado durante todo este tiempo?", surruró lánguidamente. Cuando, al confesarme su triste historia, las lágrimas recorrieron sus mejillas, deteniéndose en aquellos interminables surcos, un sentimiento que jamás había experimentado se apoderó de mí: una absoluta indiferencia. Ahora era él el ciervo herido y yo la que contemplaba impasible su dolor. Ahora era él el que sufría, el que tenía instalado en lo más recóndito de su ser ese intenso vacío, esa oscura desesperación, esa enfermedad del alma... Como pupila que hace suya una árida lección tras horas de fatigoso y durísimo aprendizaje, le miré fijamente a los ojos y sentencié: "Eres demasiado sensible". Nunca más supe de él.

De vez en cuando, su imagen acude a mi mente. En esos momentos, me invade una honda tristeza y no puedo evitar pensar en lo distinta que hubiera sido nuestra vida si nunca me hubiese enseñado que es posible ignorar el padecimiento ajeno, que es factible convertir dos simples palabras en una cruel arma de destrucción... Por fortuna, hay daños que no son irreparables; hoy en día continúo siendo "demasiado sensible" y espero, de corazón, que él haya modificado la negativa acepción que daba a esta expresión, bien para reconocerse en ella, bien para advertirla y respetarla en la piel de otra persona.

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