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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La telebasura, tóxica como las drogas

Clemente Ferrer (Madrid)
Redacción
jueves, 15 de abril de 2010, 22:38 h (CET)
La telebasura vino de la mano de Gran Hermano, un famoso reality show donde una tropa de participantes coexisten en una mansión, incomunicados y con filmadoras observándolos las 24 horas de cada jornada. Deberán eclipsar las destituciones que la audiencia sentencie y así lograr la recompensa final. El programa televisivo fue fundado por el neerlandés John de Mol. El prototipo de Gran Hermano apareció en 1997, durante una reunión brainstorm en la productora del holandés. Fue transmitido por primera vez en Holanda en el año 1999, siendo más tarde adaptado en más de 70 países. Ha llegado la soez y vejatoria televisión basura.

Seis inválidos son dejados a su suerte en un oculto islote céltico con viandas básicas y filmadoras que evaluarán todos sus ajetreos. “Cast Off” –abandonados- es el reality show de la televisión anglosajona, Chanel 4, que pretende exhibir la fiel realidad de los mortales que viven con alguna discapacidad. Cada personaje es interpretado por un famoso actor que sufra la misma incapacidad que su “alter ego”: Jerry es sordo, Carl es invidente, Dan está postrado en una silla de ruedas, tras un atropello automovilístico. Diana es pequeñuela, John un aquejado por talidomina y William padece querubismo, un achaque genético que origina la protuberancia en la parte inferior del rostro. Cada capítulo exhibirá la trama vista desde la realidad de cada uno de ellos.

Los anhelos primarios de la televisión deben ser; informar, enseñar y recrear. La Federación Internacional de Asociaciones de Telespectadores y Radioyentes asevera que, los programas basura son “un cáncer cuya metástasis, tiende a invadirlo todo”. Es necesario eliminar de las parrillas toda esta telebasura que puede ofuscar a los chiquillos que pueden terminar trastornados.

No podemos consentir que se produzca la aseveración de Félix Lope de Vega y Carpio, uno de los más importantes poetas y dramaturgos del Siglo de Oro; “Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio para darle gusto”.

La telebasura es un problema más grave que el del terrorismo o las drogas.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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