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Afilando sables

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 15 de abril de 2010, 11:59 h (CET)
De nuestro corresponsal en Madrid, Cuba.

En el día de ayer el Régimen Socialista convocó a sus huestes más combativas a manifestaciones en el malecón de la Universidad Complutense madrileña, en un acto de reafirmación revolucionaria en el que distintos oradores atacaron con vehemencia lo que ellos nombraron como Instituciones fascistas. El ex fiscal anticorrupción del corrupto periodo de ex presidente González, señor Jiménez Villarejo, llegó incluso a etiquetar con el epíteto de torturadores afines a la Brigada Político Social a algunos o todos los miembros del Tribunal Supremo, entretanto los sindicatos verticales Zapateristas llamaron a hacer frente al fascismo imperante defendiendo la puridad del imputado en varios delitos juez-estrella Garzón.

Las masas que acudieron al acto blandiendo banderas republicanas, precisamente en estas fechas en que muchos de los participantes celebran el septuagésimo noveno aniversario de la instauración de la II República, corearon fervientemente consignas que parecían redivivas de la Pasionaria, Negrín o Largo-Caballero, en una serie de ataques verbales contra las Instituciones Constitucionales vigentes que mucho tenía de afilar sables en estos días en que, como en aquel año 31, soplan desde los ángulos de esta España (Cuba) violentos vientos anticlericales y hay cierta tiniebla de asalto a los poderes. En la enorme sala en que se habían concitado los asistentes, resonaban las palabras de los arengadores como las fórmulas mágicas de un tétrico aquelarre que invitaba a los fantasmas del pasado a deambular entre quienes allí estaban, pudiéndose percibir cierto tupo a cadáveres del todo insepultos.

Un acto batallador de una España presente contra la otra España ausente en el mitin que no presagia nada bueno. La división social no pudo hacerse más patente, y, entre las soflamas de los intervinientes, se colaron de rondón constantes referencias a la inacabada Guerra Incivil que muchos de los asistentes parecían extrañar, añorar o desear concluir con una segunda parte de la misma. La fecha de la convocatoria revolucionaria no fue elegida al azar, y tanto más por cuanto, más allá del motivo que invocaron los organizadores para celebrarla, que era el apoyo al juez-estrella y el pretendido desenterramiento de los cadáveres de quienes fueron ejecutados en los caminos rurales que nadie en su sano juicio niega en España (Cuba), el objetivo que estuvo en todos los puntos de mira de los discursantes fue la eliminación de la Ley de Amnistía que salvó las diferencias guerreras con se asentó la pacífica Transición que sellaron los españoles al final de la Dictadura franquista, usando como ariete la figura del mencionado juez-estrella que hizo de su ejercicio un ámbito de promoción política personal y que actualmente está acusado de varios delitos. Así, los gritos de venganza contra la España ausente vibraban entre el apasionado auditorio, pidiendo uno tras otro los oradores que no se dejaran impunes los que nombraron como crímenes del Franquismo, aunque sin hacer la menor mención a las atrocidades que perpetró la II República, siendo como fue que en aquella Guerra Incivil se culminó por vía de la venganza las muchas guerras inciviles anteriores que enfrentaron a las dos Españas, y que ninguno de los dos bandos combatientes entonces tienen las manos limpias de sangre inocente. Sin embargo, la pasión de los oradores fue tal, que pasaron desapercibidas, y hasta parecieron que venían a cuento, imposibles comparaciones con las situaciones propiciadas por Pinochet o por la Junta Militar Argentina, quienes llevaron a cabo sus actos sin guerra civil, sino descargando su brutalidad contra pueblos desarmados, a diferencia de España (Cuba), donde lo más cruento del conflicto bélico ocultó el revanchismo personal más abyecto que culminó con una inmensa mayoría de los caídos como víctimas de fusilamientos sin juicio por parte de los dos bandos.

En los próximos días –tal vez hasta alcanzar el deseado enfrentamiento incivil por otros medios que las meras palabras-, las movilizaciones de las masas continuarán. Algunas de ellas, como el previsto encierro de actores y agentes de la ceja, será bueno para las dos Españas por cuanto todo el país se librará de ellos por unos días; pero otras, encaminadas a polarizar la sociedad en masa y crear el escenario imprescindible para el enfrentamiento (ya veremos si armado), arrojan negros nubarrones sobre el horizonte español (Cuba). Así se ha puesto de manifiesto por algunos miembros del Gobierno, que han apoyado implícitamente los actos de derribo de las Instituciones no simpatizantes con los planteamientos republicanos, como quienes desde la otra España han manifestado su determinación a la resistencia necesaria.

Los fundamentos para la balcanización española (Cuba), y más que probablemente para un nuevo episodio del inacabado conflicto incivil, están poniéndose a marchar forzadas por parte de quienes ansían la por ahora contranatural reinstauración republicana, y, aunque de momento el ruido de sables sólo es verbal, puede sentirse en el ambiente ya el roce de los aceros y disuelta en el ambiente la tenebrosa electricidad que precede la sangría. La diferencia con aquel lejano 1931 que ahora parece resucitar de sus cenizas, si es que hay alguna, es que muchos hombres y mujeres que hasta ahora se creyeron de izquierdas, a tenor de lo que han visto en las revolucionarias huestes que aventan de tal forma los fantasmas del pasado, es que comprenden mejor a quienes se opusieron a ellos, y, como dijo Ortega-Gasset –convencido republicano que abjuró de sus camaradas al contemplar sus actos y procedimientos bárbaros-, corean: “No era esto, señores: no era esto.”

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