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Desilusión

Pablo Primo
Pablo Primo
@primoarias
martes, 13 de abril de 2010, 08:20 h (CET)
Esta es la palabra exacta que define la situación del madridismo. Un escenario que se ha venido forjando a lo largo de la temporada con las eliminaciones en la Copa del Rey, primero, y en la Liga de Campeones, después. Tres días después del Clásico el desencanto sigue reinando en Concha Espina aunque la jornada liguera de entresemana ayudará a calmar los ánimos de la afición más dolida del momento, siempre y cuando se consiga la victoria en tierras andaluzas ante el Almería.

Pero quería comentar un hecho que me ha llamado la atención del partido del sábado noche. Una hora antes del derbi el ambiente por La Castellana y alrededores no era el de entusiasmo entre los seguidores blancos. La tarde invitaba a una noche grande de fútbol y a la entrega total del madridismo en la defensa del liderato ante el eterno enemigo. Mis sensaciones fueron distintas y no dudé en comentarlas con amigos y familiares minutos antes del duelo.

Es más, antes de Semana Santa el ambiente contra el Atlético de Madrid, o incluso Sevilla, era mucho más exultante que ante los azulgranas. Un complejo de inferioridad y el miedo a fracasar otra año más se había instalado inconscientemente en las mentes de la masa blanca. Quizá anonadados tras la exhibición de Messi con cuatro goles al Arsenal y también desalentados ante la posibilidad de que el grupo de Guardiola logre revalidar la ‘Champions’ en el Bernabéu.

En el transcurso del encuentro pensé que ante el eterno rival e igualado a puntos, la afición iba a estar entregada. En ningún momento me dio esa sensación durante los 90 minutos. Más me sorprendió, si cabe, la marcha de algunos hinchas a pocos minutos de finalizar el choque a modo de protesta. Fue así como se expresó libremente un público que estaba diciendo prácticamente adiós al último título por el que luchaban, viendo como el máximo rival se lo estaba llevando en su propia casa. La afición del Real Madrid parecía aturdida y sobre todo impotente ante la nueva hazaña culé.

Terminó el partido del sábado y el rostro del madridista reflejaba desesperación. Ahora bien, quedan 21 puntos en juego y reducir la distancia de cuatro es posible mientras las matemáticas no digan lo contrario. Manuel Pellegrini tiene otro trabajo, levantar el ánimo de su afición y de sus jugadores porque pensar en la próxima temporada es de cobardes, de falta de amor propio y de orgullo.

Por eso serán muy importantes los dos partidos de esta semana. Si el Madrid es capaz de reponerse del duro golpe del sábado y ganar a Almería y Valencia será una buenísima señal para meter presión al Barcelona. Por lo menos obligarle a rozar el centenar de puntos. En caso contrario, lo fácil será echarle la culpa a Pellegrini y no mirar a la zona noble de la entidad madridista, donde la desilusión es todavía más patente.

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