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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Nada de tontos

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
martes, 13 de abril de 2010, 09:57 h (CET)
De tontos, nada, y de que se gobierna a impulsos más o manos caprichosos, menos. En mi opinión se equivocan radicalmente quienes creen que Zapatero o los miembros de su Gobierno son criaturas que tienen ocurrencias durante el sueño que luego implantan visceralmente durante la vigilia. De eso, nanay del peluquín. La piscina de los políticos es un tenebroso estanque de tiburones en el que, para crecer y poder llegar a ocupar cualquier cargo de relevancia, siquiera sea en el ámbito comarcal, hay que ser mucho más cruel y hacer mucha más sangre que los otros escualos competidores (aun entre correligionarios), además, por supuesto, de saber obedecer ciegamente (mientras se les siega la hierba bajo los pies para poder seguir creciendo) a los tiburones más feroces de la manada. Para todo esto, además de una crueldad depredadora carente de todo atisbo de compasión, se precisa una notable capacidad de elaborar estrategias, que es, ni más ni menos, la aplicación práctica de la inteligencia. En consecuencia, nadie que haya alcanzado cierto poder dentro de un partido –tanto más si ha llegado a ser secretario general de lo que sea, y si fuera ministro o Presidente, ya no digamos- es preciso ser un desalmado capaz de merendarse crudos a sus propios niños y tener una inteligencia privilegiada.

En base a este razonamiento, no es de recibo, pues, que en ocasiones valoremos las acciones de Gobierno como si fueran los actos de un orate. Antes bien, son piezas de un puzzle perfectamente definido, por más que en un momento dado, cuando se colocan sobre el tapete social, no parezcan tener mucho sentido o den la impresión de estar puestas al buen tuntún. Hay, no lo duden, una estrategia directora y un plan final premarcado. Nada, absolutamente, obedece a la casualidad. Para poder colegir el dibujo final de las piezas sueltas que se están poniendo a golpe de aparente estupidez, es preciso desapasionarse, investirse de cierta independencia exenta de flebilidad emocional, retirarse unos pasos y tratar de ver el cuadro con las piezas que aún faltan, tal y como hacemos con un cuadro impresionista, que de cerca todo son desangeladas pinceladas y colores mal mezclados, pero que desde unos metros de distancia se nos presenta como un sugerente paisaje dotado de todos sus matices.

Así, pues, es preciso considerar la androfobia gubernamental no como un hecho aislado, sino que se debe tratar de ver vinculada a la promoción de la homosexualidad y a las leyes que defenestran y discriminan lo masculino en favor y ventaja de lo femenino, a la vez que hay que vincularlo a la mayoría de edad sexual de los nenes de 13 años, al adoctrinamiento escolar, a la prohibición de cuentos universales infantiles en que los protagonistas no sean mujeres con tegumentos en plan Agustina de Aragón o María Pita, a que cada vez los ámbitos culturales estén más dominados por mujeres, aunque no sepan hacer un gorgorito o escribir la O con el culo de un vaso, al intervencionismo estatal en el ámbito íntimo familiar y a que se quiera imponer una política de cuotas forzosas en cada segmento de la actividad social, no en base al talento o capacidad, sino al género físico aparente, hoy hombre y mujeres, y mañana, sin duda, hombres, mujeres y mixturas.

Lo mismo sucede con la economía y este afán de crear canteras subvencionadas que dependan del herrén gubernamental para su subsistencia, de la política de subvenciones sociales a empresas que crean filones de adeptos, de la implantación de esoterismos que anulen las religiones tradicionales que imponen rígidas normas de conducta moral, etc. Ni puede ni deben verse las acciones de gobierno como hechos aislados, sino como partes de un todo. Quien, aun a título de ejercicio, pone en planta este sistema, comprende al punto que nada hay de azar en las aparentemente absurdas leyes y decretos que pasito a paso va imponiendo el Ejecutivo, sino que configura un cuadro impresionista un tanto gore o gótico, el cual chorrea perversión en todos sus matices.

La casualidad, en las acciones de gobierno, no existe. Todo, absolutamente, tiene su razón de ser y un objetivo final que materializar si al Gobierno se le da el tiempo suficiente. En este caso, en el de España, se trata de un panel en el que el PSOE se está asegurando una legión de adeptos que sí o sí les deba obediencia, bien por deuda o subvención; exento de hombres con criterio, en virtud de la defenestración de los códigos morales y de la vejación permanente de la masculinidad y cuanto la es inherente; y sin más credos que los dimanados desde el poder, en virtud del adoctrinamiento implantado desde la más tierna edad en los colegios. El dibujo final, así las cosas, sólo puede pasar desapercibido para los ciegos.

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