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Tags: · Cesta de Dulcinea · Nieves Fernández
Cu ntame


Nieves Fernndez


Nieves Fernández Nieves Fernández
sábado, 25 de diciembre de 2004, 23:30
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La infancia y la Navidad parecen ir asociadas a esa necesidad de magia y fantasa que tienen los ni os. Las historias con base ms o menos real que les narramos en fechas claves navide as responden tambin a esa necesidad del ni o de relacionar el regalo que le llega con una narracin m gica pero real, efectivamente y afectivamente generosa.

El hecho de escribir una carta a los Reyes Magos ya tiene todos los elementos anteriormente citados: magia, fantasa, microhistoriaíŸí³” inocente del nio que la escribe que se sumar al resto de las microhistorias que recibirn los famosos Reyes Magos de Oriente, que no son en su conjunto sino un cuento m gico y real que har realidad muchos sue os de enero.

En esa necesidad que los pequeos tienen de que les cuenten o les lean historias, y que por desgracia cada vez se hace menos, ya sea al amor de la lumbre de hogar o chimenea o cerca de la almohada, aparece el maravilloso mundo de los libros. Parece ser que por poco tiempo, pues los agoreros, puede que simplemente realistas, los magos de la inform tica, que lo son de pleno derecho, hay algo ms m gico que los ltimos avances del microchip y el cable que hagan realidad todos los sue os?, los grandes del ciberespacio como el gran mago de los magos, don Bill Gates anuncian que en unos diez aos el libro en papel desaparecer y agonizar entre los f siles de las libreras record ndonos que no fueron sino relicarios de historias del pasado y la nostalgia.

Recuerdo de pequea c mo se elaboraba en casa la carta de los Reyes basada en una estructura de economa y reparto. Tras los saludos a sus majestades y las mejores intenciones de ser buenos llegaba la primera petici n: el regalo soado; la segunda: la necesaria ropa o el calzado, que a n no siendo mgica, luego se agradec a tanto que la hubieran trado, aunque s lo fuera para no pasearte por la escuela con extraos ropajes usados y heredados; la tercera: la ms dulce, la carga de golosinas de la que no dispon amos a diario y el broche de oro lo firmaba un cuento, un solo cuento, pero que fuera mgico o de hadas, ahora advierto que a quien se lo ped a realmente es a una editorial muy real, a la Editorial Vasco Americana. As era la carta de una generaci n, de la generacin del cu ntame porque casi todo nos era contado, por lo general de una manera oral o escrita, no disponamos de aparatos que de otra forma nos lo contaran, si acaso comenz bamos a tener algunos libros y eso en esa poca era como un lujo, iba a decir un lujo comparable a los modernos Dvds que pedir n este ao nuestros hijos y que tambi n nos cuentan sus historias, pero entonces, al menos en mi casa, el libro era ms lujo.

No estaba mal pensada la estructura maternalmente guiada de la carta de Reyes: Uno, algo m gico y soado; dos, algo necesario; tres, algo dulce; y cuatro, algo que contar o ser contado.

Cuando pasan los a os y das ms importancia en la memoria al libro de Mis cuentos de hadasíŸ…í³” que te lleg en enero en detrimento del m gico juguete, ese que luego no fue tanto y se qued aparcado en cuatro tardes l dicas orilla del brasero, es cuando das valor al libro y al gran poder de evocacin e imaginaci n que tenan sus p ginas, no siempre abundantes de color e imgenes en sus ilustraciones.

Cu ntame parecen decirnos los ojos y lenguas de todos los nios de todas las pocas y edades al llegar estas fechas. Pues contmosles los cuentos que nos piden ya sean reales, m gicos o inventados. Podrn desaparecer los libros, pero las historias se alojar n en nosotros en soportes de cables o de plstico, de vinilo o papel reciclado, en pantallas de cristal o de fibra de vidrio, pero siempre estar n ah en la memoria, a nuestra disposici n, y al alcance de todos, de mayores y nios, ocupando una peque a parte de la lista oficial y mgica de los regalos.

Es la propina de la fantas a, el aguinaldo perdido que reivindica la perdida infancia, la propina o el aguinaldo que nos traen las hadas que se empean en seguir con nosotros en cada Navidad vivida o inventada.

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