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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Tufillo

Lorenzo de Ara
Redacción
domingo, 11 de abril de 2010, 21:03 h (CET)
El senador al que todos señalan, el mismo senador que Rajoy salva pero también envía a la hoguera con mucho galleguismo, el hombre que al parecer tenía la facultad de estar en todos los sitios del mundo conocido por los pepes y compañía, ese hombre ha dimitido como tesorero de la fuerza de ataque que lidera el barbas que sube y baja, que baja y sube, que ahora pone cara de Gary Cooper y luego se deja mecer por la brisa primaveral.

La oposición –única e intransferible- está pasando por horas muy malas. Los cojones se agazapan y el cerebro no está para jueguecitos. En este desierto el peregrino no lleva agua, y el camello se empeña en tirar para un oasis veranea el PSOE junto a los otros partidos de la democracia corrupta.

Porque si de los partidos políticos no se fía ningún bicho viviente en este país de mierda, y si de los políticos nos escondemos bajo tierra para que no tener que escuchar sus cuentos y milongas, entonces la democracia, por muy abierta de piernas en las urnas y por muy constitucional que se nos presente, al final resulta que es una democracia agónica, francamente ruinosa, indeseable.

Rajoy se pavonea –así como suena- por su particular vía crucis. Tiene en la sangre lo indispensable para dar la cara cuando en realidad no ha movido un dedo. No se ha movido. El gallego es un hombre del siglo XXI en España. Es, pues, un hombre para la foto, para el silencio, para el confort, un hombre que sentencia a muerte al condenado, pero en su lugar ejecuta a otro que por allí pasaba para que el reo no se despeine ni ensucie el traje.

La corrupción no hacer perder elecciones. El gallego lo sabe. Es el paro, la crisis, el hambre, la miseria. Y está bien. El español vota con el estómago, y ese hecho convierte a Rajoy en un aspirante muy serio a ocupar la poltrona de un sistema que hace aguas, que se ahoga, que pide auxilio y sólo encuentra el silencio de los corruptos y de sus corderos. El tufillo a mierda ya nos resulta familiar.

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