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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

¿Giro a la derecha en el Supremo?

Ruth Marcus
Ruth Marcus
domingo, 11 de abril de 2010, 08:41 h (CET)
WASHINGTON - He aquí un pensamiento inquietante para los que esperaron ocho años a tener un presidente Demócrata designando magistrados: Barack Obama podría terminar su primer mandato con un Tribunal Supremo más conservador que el que heredó.

Esto es, me apresuro a admitir, especulación prematura - hasta en el caso del conocido anuncio de que el juez John Paul Stevens, pilar del ala progresista de la sala, se jubila.

En primer lugar, el único candidato del presidente hasta la fecha, la juez Sonia Sotomayor, ni siquiera ha finalizado su primer ejercicio. En qué extremo del espectro ideológico se situará en comparación con el magistrado al que reemplazó, David Souter, se desconoce.

En segundo lugar, la veracidad de esta conjetura dependerá en gran medida de a quién elija el presidente para cubrir la vacante.

Por último, como demuestran los ejemplos de Souter (nombrado por el Presidente George H.W. Bush) y Stevens (designado por el Presidente Gerald Ford), las predicciones sobre el futuro resultado de un magistrado nuevo hace que la previsión meteorológica parezca una ciencia exacta.

Sin embargo, es muy posible que un tribunal más conservador pueda ser la paradójica herencia de Obama - sobre todo si sólo preside un mandato. La probabilidad de que el tribunal se escore a la derecha es mayor que la de su desplazamiento a la izquierda.

En parte, esto se pudo haber previsto antes incluso de que Obama fuera investido. Ello no es tanto reflejo de él como de la identidad de los jueces que se marchan, un izquierdista tras otro. El siguiente magistrado más veterano es Ruth Bader Ginsburg, de 77 años. Los conservadores están cosechando los beneficios de que los Bush padre e hijo designasen magistrados relativamente jóvenes. El juez Clarence Thomas tenía 43 años cuando fue seleccionado, el presidente de la sala John Roberts tenía 50 años, y el juez Samuel Alito 55.

Es probable que sólo en el caso de la marcha del magistrado Antonin Scalia, de 74 años - que no es probable que se produzca de forma voluntaria durante la presidencia de Obama - o del juez Anthony Kennedy, de 73, el presidente tendría oportunidad de alterar dramáticamente el equilibrio ideológico aparente del tribunal.

Pero hay muy poco en la trayectoria de Obama como presidente que sugiera que vaya a dedicar un capital enorme a garantizar una sala lo más progresista posible. Desde el punto de vista de los colectivos de izquierdas, los candidatos de Obama a las salas federales de justicia han sido, en general, decepcionantemente moderados.

Al elegir a Sotomayor, Obama actuó con la vista no tan puesta en la ideología como en la etnia; la elección no ofrece muchas pistas de lo que busca el presidente, como cuestión de interpretación constitucional, en los futuros magistrados. El escándalo conservador a propósito del supuesto fundamentalismo de Sotomayor tiene tan poca base en la realidad como las afirmaciones paralelas acerca de Obama.

En palabras de Tom Goldstein, de ScotusBlog, tras analizar la trayectoria de Sotomayor en las salas de apelación, "Nuestro estudio de sus veredictos la sitúa esencialmente en la misma posición ideológica que el juez Souter". A juzgar por su comportamiento desde el estrado hasta el momento, no hay motivo para cambiar esta apreciación.

Por el contrario, es probable, aunque no seguro, que un relevo de Stevens sea más conservador que el magistrado saliente. De ser así, seguiría en gran medida la tendencia histórica. Durante una entrevista con Jeffrey Rosen para el New York Times Magazine en 2007, Stevens señalaba, "incluyéndome a mí, todo magistrado designado para el Tribunal desde Lewis Powell (elegido por Richard Nixon en 1971) ha sido más conservador que su predecesor". Stevens exceptuaba a Ginsburg, que sustituyó al más conservador Byron White.

En cualquier caso, el relevo de Stevens será casi seguro un jugador menos influyente entre la izquierda que el magistrado que se jubila. En calidad de magistrado veterano de la sala, Stevens emitía su voto particular inmediatamente después del presidente de la sala durante la deliberación de las sentencias; tenía el poder de consolidar resoluciones y cierta influencia entre los magistrados indecisos como Kennedy y, antes de su partida, Sandra Day O'Connor.

No estoy defendiendo, a propósito, que Obama vaya a cometer algún error eligiendo a un sucesor de Stevens que probablemente vaya a decantar al tribunal a la derecha. De hecho, existe un motivo plausible para que un magistrado considerado más centrista tenga más posibilidades de sumar a sus colegas conservadores en algún caso concreto. Dos de los que se mencionan como posibles relevos, el juez Merrick Garland, del tribunal de apelaciones del Distrito de Columbia, y la Fiscal General del estado Elena Kagan, son considerados más moderados que Stevens. Cualquiera de los dos sería una elección soberbia.

Pero mi predicción sigue siendo válida: el tribunal que abra sesión el primer lunes de octubre será probablemente más conservador que el tenemos ahora.

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