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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Sombras en lo público

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 11 de abril de 2010, 06:21 h (CET)
Salta a la vista la cantidad de cosas y acontecimientos expuestos diariamente a la observación de cada quisque. Aunque surja alguna presencia simpática, se impone lo insignificante, intrascendente y anodino; mientras, abundan los exabruptos, pasividades y un malhadado muestrario de violencias. Uno saca la impresión de SER ARRASTRADO por la riada. Bien por indolencia cómplice, dada la tolerancia hacia los comportamientos al uso; bien por desconocimiento, no pocas veces voluntario; o por participación nefasta en las incongruencias; digamos, que uno tampoco se esfuerza en la generación de valiosos aportaciones. Si prestamos un poco de atención, no son tales evidencias las proclamadas por los más afamados medios; ni tampoco tales las transparencias de las actuaciones en los denominados espacios públicos.

Cabe plantearse el renovado sentido con el que percibamos lo público. ¿Común y participativo para todos? ¿Pensamos en un ideal utópico? ¿Hablamos de la realidad apremiante? La fisonomía de lo público se conforma como un ente AJENO. ¿Igual para todos? Esa parece ser la característica dominante. El nexo de unión se vislumbra tenue y discutible. Cuesta un poco la confirmación benefactora de lo público, la sanidad (EEUU), la protección, los avances convenientes de la ciencia. Desde la voracidad de los gobernantes, la desfachatez de los corruptos o la desconsideración general, se ofrece una imagen de ENEMISTAD, esa si está generalizada, por no ser tan pesimista de calificarla como de agresión permanente y progresiva. Ante tamaña disyuntiva, ¿Hemos de ser críticos o conformistas?

Me hago eco del estupendo artículo de Bernard Lamizet en Le Monde; plantea las vicisitudes a las que nos vemos abocados, cuando de las áreas públicas se trata. ¿Se tienen en cuenta los sentimientos íntimos y peculiares de los individuos, aunque sea mínimamente? ¿Qué permanece de la identidad personal? Incide sobremanera en los ocultamientos practicados y sus repercusiones sobre los principios de la actuación democrática. En su línea, reflejaré algunos matices lamentables que desvirtuan los pretendidos ámbitos de colaboración; por lo que se lee, cuecen habas podridas en los sitios de apariencia más lustrosa y con las técnicas de mayor refinamiento. A este respecto, la simple duda deja de ser razonable; ocurren así las cosas.

Resulta patente y flagrante, el hecho de que se escondan conductas y maquinaciones, mina desde la base a cualquier régimen de pretendidas libertades; si las actividades no son transparentes, las decisiones parlamentarias y las opciones de los ciudadanos nacerán viciadas. Un caso aislado, podrá ser grave y con derivaciones penales tras su paso por los juzgados; no obstante, se comprende la caída ocasional de un sujeto. Lo que me cuesta más de entender es lo de las CAMARILLAS SILENCIADORAS. El conjunto de gentes del entorno, cargos superiores y compañeros de labor, ¿No se enteraron? Un sinvegüenza podrá destaparse en la Generalitat catalana, en el Gobierno balear o en la Junta andaluza; pero tampoco nos detengamos ahí, en el Guggenheim, inmobiliarias o en los entornos de los partidos políticos. Contratos y adjudicaciones amañados. Comisiones y recalificaciones. Con tanto comadreo como suele manifestarse para otras andanzas frívolas, me parece grave la ausencia de filtraciones para destapar los ocultamientos. ¡Nadie lo supo! Ni quienes ocupaban cargos de control. O quizá sí, para agravar el resultado final en el que se impone la contrapartida; son juchas las responsabilidades de esas tramas. Es un decir eso de que estaban escondidas.

En cambio, Lamizet destaca la dilución de la personalidad íntima en el grumo de la globalidad, se perderían sus peculiaridades, se volverían imprevisibles sus actuaciones; mientras me parece predominante la deformación de la sociedad en el sentido contrario; lo que se ha deshecho totalmente es el NÚCLEO COMÚN, el concepto social en sí, y no digamos, el compromiso de servicio hacia ese núcleo. Si uno mira la lista de subvenciones de los diferentes gobiernos, se entenderá mejor eso de las OMG (Muy gubernamentales), poniendo en entredicho el verdadero sentido social de una meritoria ONG. Si la mirada la dirigimos hacia los Sindicatos, a sus comportamientos en plena crisis, ¿Habrá que añadirles también las siglas MG? Individuos y agrupaciones soslayan la labor pública; lo que ejercen es un particularismo poco recatado, desvergonzado, disfrazan de “social y público”, lo que son sus intereses no confesados. Lo público se fue recluyendo.

En cuanto a la TRANSPARENCIA, es un concepto polivalente, requiere de una mayor concreción, o significará bien poco. En primer lugar, no se trata de la simple exposición voluntaria de los hechos que nos quieran mostrar, datos, imágenes, argumentos, pero sólo los favorables. Por ese camino, como señala Lamizet, se convierte en un problema, por el exceso de estadísticas y declaraciones, no dejan reposo para la asimilación; vemos las abundantes ramas del arbolado, pero no se distingue la mansión oculta. Se empleó la palabra transparencia inadecuadamente; hasta aquí representa una prestidigitación para embaucar al personal. Lo que aparentaba una información diáfana, es un ENGAÑO REDOMADO, con sus secuelas desagradables e incluso trágicas. La transparencia pública nunca se considerará como tal si no está sometida a la crítica, accesibles sus datos a los ciudadanos. Se les debiera de caer un diente cada vez a quienes hablen de transparencias falsas, que llegan a ser diabólicas.

El conjunto vivo se resiente también por aquellos tonos pesimistas reflejados con acierto por Leopoldo de Luis, “No fuimos”, “Somos quienes ni estamos ni estuvimos”. Nadie se libra de los misterios radicales, esa es una verdad y un fondo inexpugnable; con eso, la resignación y la melancolía, pocas salidas encontraremos. El poco ánimo, ese carácter pusilánime y cobardón, nos achanta y es la manera de permanecer atrancados. Por eso es grave la promoción de la DESILUSIÓN, eso que ocurre cuando domina la convivencia corrompida. ¿A qué otra cosa sino nos precipitan las conductas sombrías a las que hacemos referencia? Esa que llamamos razón social, debiera ser el revulsivo creativo, el proceso ilusionante; aunque ya vemos como se utilizan esos recursos del intelecto en los países avanzados.

A este paso, lo escandaloso ya no tiene el aspecto de los entuertos, su reiteración los transforma en habituales; por eso domina el panorama ESCABROSO, con tal ímpetu y petulancia, que se adueña de la realidad. Se trata de un absolutismo reinante, y de los fuertes. Alcanza a todos, con grados diversos de tolerancia. El observador no puede ser neutral, porque es un participante en los juegos públicos. Si se queda en la contemplación exclusiva, adopta la mirada extraviada y estúpida de quien se considera ajeno a ese mundo. Uno pensaría que la abrumadora lluvia de despropósitos nos condujera a la indagación de mejores recursos vitales, antiguos y nuevos, razón y belleza, arte y armonía, amor y respeto; de lo contrario, los instantes seguirán teñidos de negruras, poblados por la resignación y la complicidad meliflua.

La belleza de la vida, exige un ejercicio en consonancia; en eso conviene ser consecuentes.

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