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Un gorro de papel para doña Bibiana Aído, por favor

Ángel Ruiz Cediel
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
viernes, 9 de abril de 2010, 22:07 h (CET)
La deriva que están llevando algunos miembros y miembras del actual Gobierno –por no decir todos-, hace ya tiempo que pasó el mero ridículo y la risible ocurrencia para instalarse de pleno de en la estupidez más supina. Me refiero, claro, no sólo a la afección del término que se refiere a la dificultad de algunas personas para comprender las cosas más elementales, que también, sino especialmente por cuanto parece que todo lo que dimana de sus actos son una sucesión de hechos o actos llevados a cabo por estúpidos; esto es, por necios o faltos de inteligencia. Negaron la crisis que ni veían ni entendían mientras nos sumergíamos en la debacle nacional que nos asola, llamaron antipatriotas o incluso traidores a quienes sí estábamos en nuestros cabales lo veíamos con meridiana claridad -tal y como ha sucedido-, llegaron tarde a todas las soluciones posibles y no hicieron desde entonces otra cosa que perpetrar despropósitos contra el sentido común –léase historias absurdas tales como lo de las zapatillas para el alquiler de los pisos, las astronómicas inversiones en webs, consejeros que aconsejan tarde, mal y nunca, mapas de clítoris, cursos de masturbación, regulación del cachete, adoctrinamiento de la perversión, legalización de la pedofilia al hacer mayores de edad sexual a los niños desde los 13 añitos, etc., etc., etc.-, y, no satisfechos con esta colección de desvaríos, van ahora algunos elementos de escaso nivel intelectual, como la señora Aído de mis pecados, y, en su tendido galope hacia el desquicio, declara lectura non grata a los cuentos universales de todos los tiempos.

A lo mejor lo que esta persona necesita no es un ministerio, sino un gorro de papel para usarlo de forma permanente, y quién sabe su una trompeta para hacer el turuta. Por fuerza, los dioses nos están volviendo locos, porque no es fácil de entender que esté el país entero cayéndose a pedazos como si tuviera la lepra y que venga está señora y, ¡zas!, cada vez que abre la boca suelte una simpleza (si es que no la pone en planta directamente) de tal magnitud que uno no puede sino preguntarse que quién ha tenido la ocurrencia de ponerla ahí donde está, y, lo que es peor, por qué la sostiene. Tal vez esta señora de tan menguadas luces pretenda también proscribir El Quijote porque doña Aldonza Lorenza no es una andrófoba feminista, condenar a Eurípides al ostracismo, a Ovidio al olvido, a Shakespeare a la proscripción, a Goethe a la ignominia y así con toda la Cultura Universal, con la única excepción de los lamedores de la ceja y adjuntos de la recaudación trabuquera.

Insisto una vez más en que para ocupar los cargos públicos debe ser imperiosamente obligatoria no sólo una formación adecuada, tal y como la que los miembros del Gobierno no tienen ni parece ser necesaria para ellos, sino que además deben pasar forzosamente una serie de exámenes psicológicos que certifiquen que no están afectados de complejos severos y que tienen una mínima estabilidad emocional, cosa que en muchos casos, tal vez demasiados, es más que cuestionable. No es que sean risibles las acciones que esta señora ha emprendido desde que está en el cargo, que lo serían si no fuera una falta imperdonable reírse de quien se conduce de esta manera sin duda por causa de algún tipo de problema íntimo, sino que se ha instalado con solaz relajo en el ridículo más espantoso como si tal cosa, y, por ende, nos ha puesto a todos en la misma tesitura.

Las acciones de esta señora serían criticables, aún aportando sesudos argumentos, si tuvieran el menor punto de coherencia; pero ello es que no lo tienen, y, más allá de la lástima que inspiran, lo único que se puede colegir de toda su andadura política es que debe hacerse ver de urgencia por especialistas, tal vez lo mismo que quienes la pusieron al frente de ese ministerio creado ad hoc para hinchar los nueve del respetable. ¿De veras que no existe una fórmula legal para destituir del cargo a quien da muestras evidentes de perturbación mental?... Lo hay en las estructuras más rígidas, como la Marina o el Ejército, incluso hay resortes que inhabilitan a quienes incluso en lo privado no se conducen de manera mínimamente coherente: ¿por qué en los cargos de Gobierno no existe un procedimiento para deponer a quien se conduce de forma tan desquiciada?...

España no se merece ministros de esta lastimosa categoría y tal magnífica incultura. Como intelectual considero a esta señora persona como una ofensa a la inteligencia más elemental y a la cultura más básica, alguien en todo contrario a lo que se debería esperar de un miembro del Gobierno de la nación. Y es mucho lo que me juego al decir esto, que estas personas, debido a sus carencias elementales, son extremadamente peligrosas cuando tienen algún poder. Recuérdese que en estos días vuelve a hablarse de las gracietas de Stalin con los intelectuales polacos en los bosques de Katyn.

Vivimos tiempos peligrosos, muy peligrosos, y estas poco estables fundamentalistas androfóbicas que creen que la Cultura es un tipo de ensalada, nos tienen en un fil. Y los tratamientos psiquiátricos aún no son cubiertos por completo por la Seguridad Social. España: ¡qué pena, qué vergüenza!

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