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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El PP de Rajoy ¿un reino de Taifas?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 9 de abril de 2010, 22:05 h (CET)
No por previsible deja de ser menos penoso contemplar el triste espectáculo que nos está proporcionando el PP, este PP de nuevo cuño, formado a la imagen y semejanza del don Mariano Rajoy, quien, no se sabe si por exceso de confianza, por miedo a que alguien le pudieran hacer sombra en el poder o por un exceso de confianza en sí mismo, en su capacidad de resistencia y en su tradicional parsimonia y , permítaseme la expresión, cazurrería de buen gallego, ha dejado que la formación que dirige haya sido controlada en todo momento por el PSOE que nos gobierna, hasta el punto de que parece que, hay ocasiones, en que semeja que quien está en el gobierno es el PP y la oposición la ejercen los socialistas; si nos atenemos a la posición, meramente defensiva, que se ve obligado a adoptar ante la evidente supremacía de las izquierdas, en cuanto a la efectividad de su propaganda destructiva, su habilidad para zafarse de las situaciones más comprometidas y su indudable eficacia a la hora de dar la vuelta a contextos peligrosos, hasta transformarlos en boomerangs que acaban impactando en el propio PP. Lo cierto es que, Rajoy, ha permitido que en el seno de su partido se produjeran –bajo la apariencia de un liderazgo firme del jefe de filas –, diversas tendencias, posturas individualistas que, al parecer, pueden diferir entre sí. En la actualidad, el partido de los populares, difiere radicalmente de aquella formación que mantenía una sólida unidad interna, basada en la claridad de ideas, la solidez de sus valores fundamentales, la nitidez de su posicionamiento político, la defensa a ultranza de los valores cristianos y el concepto inamovible de lo que es la nación, España. Entonces se tenía claro cuales eran los deberes y derechos de la ciudadanía, sometida al imperio de la Ley y bajo la garantía de los tres poderes, concebidos por Montesquieu, como garantes de la protección y defensa de las libertades de todo el pueblo español.

Los socialistas han acumulado, a través de su trayectoria durante las últimas legislaturas, infinidad de casos de corrupción, han sido pillados negociando en secreto con la banda de terroristas ETA; han participado en gobiernos de comunidades corruptos, como se ha visto en el caso de Baleares; se les ha sorprendido en tramas de urbanismo amañadas, como en el caso de Écija ( Trama de Andalucía); se han visto descubiertos haciendo apaños ilegales en el llamado caso Pretoria, en Catalunya; el propio ex presidente de la comunidad andaluza, el señor Chávez ha dado motivos para ser empapelado por ayudas, más que sospechosas,, a empresas en las que trabajaba su hija, saliendo del paso, milagrosamente, gracias a los buenos oficios de los fiscales que se ocuparon del expediente que, al parecer, confundieron su misión de acusadores con la de los abogados defensores. Su mayor hazaña la han venidos realizando con sus presiones continuas a los magistrados del TC, en el lamentable y peligroso para España, tema del Estatut catalán. Legislaron para mantener en su cargo a la presidenta del TC, señora Mª Emilia Casas, de tendencia socialista, a pesar de que ya hace tiempo que debiera haber cesado en él. Pero, vean ustedes, la influencia, la marrullería, la caradura y la falta de respeto por la Constitución de esta formación política, que siempre se las ha arreglado para que sus afiliados, aunque hubieran sido encartados en algún delito, tuvieran el apoyo de la fiscalía, fueran ignorados por la prensa y las TV’s, y su caso se sometiera al más hermético secreto y, como por arte de magia, se difuminase en el tiempo hasta ser pasto del olvido.

Cuando se ha tratado del PP, las cosas han tenido un cariz diferente. El PSOE no ha desaprovechado la ocasión de puentear a su adversario político; tenderle trampas en las, ingenuamente, el señor Rajoy ha caído de bruces; hurgar, a través de sus acólitos de la prensa, hasta conseguir que algún funcionario corrupto fuera desvelando parte de los sumarios abiertos a alguno de sus miembros, para, luego, irlos filtrando a través de los medios, para intoxicar a la audiencia de tal modo que, incluso antes de que los imputados se enterasen de los cargos existentes en su contra, ya todo el país los conocía, y lo que todavía es más traumático, influir en el pensamiento del pueblo llano para inclinarlo hacia un determinado juicio de valores. Ahora, si se me permite, yo haría la siguiente pregunta: ¿se imaginan ustedes que, en tiempos de Aznar, un partido socialista, en sus horas bajas, con una crisis a cuestas y dando palos de ciego a diestro y siniestro, convertido en el hazme reír de toda Europa, endeudado hasta la coronilla y con un déficit público que hace que, de sólo nombrarlo, tiemblen todos los cimientos de la nación; el PP, el partido de la oposición, se encontraría a la defensiva por culpa de un caso Gürtel o de un caso Matas? Con dos millones menos de votantes, en estos momentos los socialistas estarían al menos a 15 puntos de diferencia del PP; por contra, aún siendo optimista, sólo han conseguido distanciarse 5 o 6 puntos, en el momento peor de la recesión. ¿Qué sucederá de aquí a dos años, cuando se celebren las elecciones? No quisiera ser agorero, pero mucho me temo que, el señor Rajoy, podría sufrir su tercera derrota y el PP, después de su tercer fracaso, estaría en vías de descomposición.

Una reflexión. ¿Hace dos años alguien hubiera apostado por el partido de Rosa Diez? Seguro que no, pero vean lo que le están concediendo las encuestas si hoy se celebraran elecciones. ¿De dónde se alimenta este pequeño partido que, por añadidura, ha tenido problemas internos que han puesto en cuestión su supervivencia? No, por supuesto, de los nacionalistas, ni de IU, no señores, se está nutriendo de los desencantados del PP y del PSOE y, si me apretaran, diría que más del PP que de los socialistas. La clave: Rosa Diez es una excelente política, conoce donde le duele el zapato a la gente, mantiene una línea clara de españolidad, sabe argumentar con soltura en el Parlamento y da la sensación de honradez y de estar convencida de aquello que defiende, aunque he de decir que yo no la votaría, porque existen puntos de su programa en los que no coincido. Pero ahí está, plantando cara a los partidos poderosos y, quien sabe, si en algún momento, si no se cambia la ley electoral, podría actuar de partido bisagra, poniendo en apuros a los nacionalismos excluyentes. Y esto era impensable sólo hace dos años.

Hagamos un recorrido por los barones del PP. En Galicia, el señor Feijoo, está trampeando con el tema del castellano y al gallego. Los hay que ya le han llamado traidor a la causa del castellano y otros, sus enemigos ya dicen que está comprando coches caros para los miembros de la Xunta. En Barcelona, la señora Alicia Sánchez tampoco sabemos si es partidaria de ceder ante CIU o si va, en último extremo, como ya dio a entender, a someterse a la presión nacionalista y aceptará el Estatut, salga como salga; en Valencia la situación es preocupante, porque si bien Rita Barberá es un puntal en aquella región, el señor Camps está tocado, lo mismo que sus compañeros de equipo, y no resulta muy claro el porqué Rajoy no ha hecho movimiento de piezas. En Baleares el panorama no es mejor y, contrariamente a lo que hubiera resultado ser un aldabonazo para el partido y una inyección de aire fresco para sus sufridas bases, si se hubiera nombrado al eficiente y batallador alcalde de Calviá, el señor Calos Delgado; el señor Rajoy ha querido poliquitear, para poner a uno de sus peones, el señor Bauzá, una nueva equivocación que, es muy posible, deba pagar, si resulta que el señor Bauzá continúa jugando a consentir la persistente catalanización de la isla. ¿Con estos mimbres, como se va a sostener el PP? ¡Un enigma! La solución en unos meses.

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