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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Tres que dejaron huella

David S. Broder
David S. Broder
viernes, 9 de abril de 2010, 08:19 h (CET)
WASHINGTON - Siendo un joven corresponsal destacado aquí en la década de los 60, esta ciudad estaba llena de gente que desempeñaba su trabajo no sólo con habilidad y energía sino con incuestionable integridad. No le dábamos muchas vueltas por entonces, tan corriente como era, pero cuando tres de ellos fallecieron casi simultáneamente el mes pasado, recordé lo vital que es verdaderamente su ejemplo.

Mostraré mi propio sesgo señalando que un porcentaje mayoritario de ellos - dos de tres - salieron directamente de mi propio oficio de información: J.F. "Jerry" Terhorst y Liz Carpenter. El tercero fue Stewart L. Udall, figura clave en primera persona en la Cámara de Representantes y hermano mayor de su sucesor en la Cámara, Morris "Mo" Udall, uno de mis políticos favoritos de todos los tiempos.

Los tres guardan escaso parecido excepto el carácter - y esto: En los momentos cruciales de sus vidas, cada uno de ellos abandonó lo que había sido una vida cómoda para asumir un reto más difícil y estuvieron a la altura.

Por aquel entonces y durante muchos años después, Jerry Terhorst fue uno de mis mejores amigos en Washington. Cuatro de nosotros que trabajábamos para cabeceras de la tarde en Detroit, St. Louis, Newark y Washington con las ediciones dominicales nos pusimos de acuerdo en un plan estrambótico. Queríamos hacer entrevistas conjuntas con importantes figuras de actualidad que aparecerían en las ediciones dominicales y que se filtrarían a "Meet the Press" y los demás programas matinales de los domingos.

Nunca funcionó, y finalmente nos dimos por vencidos. Pero no antes de descubrir lo obstinados y dedicados periodistas que eran mis tres colegas, Terhorst, George Kentera y Richard Dudman.

Jerry había cubierto a Gerald Ford siendo un joven candidato al Congreso en Grand Rapids. Cuando Ford se convirtió en presidente tras la renuncia de Richard Nixon, contactó con Terhorst para nombrarle secretario de prensa, como dijo a los reporteros destacados en la Casa Blanca, con la esperanza de mantener "el tipo de relación y amistad que hemos tenido en el pasado".

Un mes más tarde, las esperanzas se marchitaron cuando Terhorst renunció en protesta por el perdón de Ford a Nixon, una de las contadas ocasiones en que alguien ha dimitido de un alto cargo público por principios.

Carpenter, texana de quinta generación con un penacho de pelo blanco, cubría Washington para las cabeceras de Texas con su marido Les hasta 1960, cuando se unió a las filas de Lyndon Johnson, recién nominado a la vicepresidencia. Fue a la Casa Blanca con él y Lady Bird, donde su talento y su incontenible sentido del humor sobrevivieron a los agitados años de su presidencia.

Luchó contra el chauvinismo de los periodistas acreditados en Washington y el mundo en general, y trataba la madurez con el mismo desprecio que manifestaba hacia los idiotas masculinos. En el último discurso de Carpenter que escuché, decía que acababa de recibir un sobre de la Asociación de Alzheimer y pensó: "Estoy llegando al punto de tener que enviarles algo. Así que abrí el sobre y pude leer, 'Gracias por su contribución’".

Udall, precursor de los presentes Demócratas conservadores, se forjó su reputación en la Cámara enfrentándose a la enorme presión del sindicato de transportistas y de los demás sindicatos y luchando por la aprobación de la legislación laboral de finales de la década de los 50. Su mayor apuesta política fue desafiar al estamento conservador Demócrata de Arizona a poner la convención de 1960 al servicio de John F. Kennedy. Udall pasó a convertirse en uno de los mejores secretarios de interior que nunca ha habido, cuyos logros incluyen los parques nacionales y las reservas de todo el país.

La última vez que le vi, hace un par de años durante un homenaje de la administración Bush celebrado en el edificio del Departamento de Interior a la herencia Udall, estaba casi ciego, pero seguía trabajando con entusiasmo en un guión sobre el Oeste. Su hijo y su sobrino prolongan su legado como parte del Senado.

Terhorst, Carpenter y Stewart Udall no sólo aceptaron sino que celebraron cada desafío. Fueron ejemplos para el resto de nosotros.

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