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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

La tipificación del abuso en las aulas

Ruth Marcus
Ruth Marcus
jueves, 8 de abril de 2010, 06:54 h (CET)
WASHINGTON - Mi más sentido pésame a los padres de Phoebe Prince, la estudiante de 15 años de un instituto de California que cometió suicidio en enero tras ser acosada incesantemente en el centro y en la red.

Mi más sentido pésame a su hermana pequeña, que descubrió a Phoebe ahorcada del hueco de la escalera de la residencia familiar. Una bufanda que la hermana le había comprado como regalo de Navidad estaba anudada al cuello de Phoebe.

Mi más sentido pésame por Phoebe, que llegó de Irlanda el pasado otoño solo para soportar meses de abusos de sus compañeros de clase en el Instituto South Hadley, el resultado aparente de la breve relación de Phoebe con un popular jugador de fútbol.

Me duele en el alma, pero también cuestiono la inteligencia de los cargos recién presentados contra nueve ex compañeros de clase de Phoebe. El acoso escolar debe ser tomado en serio -- por el personal docente, por el personal administrativo, por los padres y, sí, por los compañeros de clase. Tengo dudas, sin embargo, de que la imputación del delito sea la mejor forma de penalizarlo o prevenirlo.

Se han presentado cargos contra nueve estudiantes, incluyendo tres chicas que no aparecen citadas en el auto por ser menores de la edad penal. Dos muchachos de 17 y 18 años están acusados de violación de menores; la edad mínima para mantener relaciones consentidas en Massachusetts es de 16 años.

A una de las menores se le imputa un delito de "asalto con objeto cortante, es decir: una botella, lata o envase de bebidas similar" - haber arrojado al parecer una lata de refresco a Phoebe mientras caminaba a casa desde la escuela el día de su muerte. Los demás cargos incluyen acoso, humillación pública, violación de los derechos civiles y, mi favorito, desorden público durante una asamblea escolar.

Si esto suena despectivo no es porque dude de la gravedad de la conducta, sino porque los cargos concretos ponen de relieve lo torpe que resulta el código penal para confrontar comportamientos así. Presentar cargos contra nueve estudiantes es tender una red desagradablemente amplia.

Los cargos de violación de menores son especialmente preocupantes, suponiendo que la relación sexual fuera consentida. Los adolescentes toman parte en esta conducta con las adolescentes a diario sin serle imputado un delito. Esta actividad, al margen de lo imprudente que sea, no adquiere por las buenas un matiz penal porque la chica involucrada se suicidara.

La fiscal del distrito Elizabeth Scheibel, al anunciar los cargos, describe "una campaña de casi tres meses de ataques verbales, conducta agresiva y amenazas físicas... actividad incesante dirigida contra Phoebe, diseñada para humillarla y hacer imposible su permanencia en el centro". El acoso escolar, dice Scheibel, "superó con creces los límites de las disputas usuales propias de las relaciones adolescentes".

¿Cómo lo sabe - y queremos que los fiscales establezcan de forma rutinaria estas diferencias? Emily Bazelon, de Slate, informa que entre los estudiantes del South Hadley, "la opinión predominante es que, sí, Phoebe había sido maltratada, pero en absoluto de alguna forma extraordinaria. 'Gran parte era propio del drama normal de las chicas', me decía una. 'Si lo quiere llamar acoso escolar, entonces yo he acosado a varias chicas y a mi me han acosado. Fue una de las peores cosas que he oído contar que unas chicas han hecho a otra. Pero no habría hecho tanto daño a la mayoría de la gente".

La tipificación del acoso escolar es un terreno resbaladizo a medida que avanzamos en la horquilla de edades. En Waltham, Massachusetts, una menor de 11 años fue acusada de dos cargos de asalto y agresión con un arma - su pie y una puerta de armario - y un cargo de asalto con arma con unas tijeras.

Los menores que acosaron a Phoebe Prince deben ser castigados -- suspendidos, expulsados, obligados a asistir a terapia. Aun así, ser adolescente consiste en hacer cosas estúpidas. El cerebro del adolescente es un trabajo inacabado. La corteza prefrontal, la parte relacionada con el control de los impulsos, el juicio y la toma de decisiones, todavía está madurando. Por eso, todos los adolescentes necesitan la supervisión de un adulto, de padres y maestros.

Y es el motivo de que no se halla responsabilizado lo suficiente a aquellos cuyos cerebros estaban totalmente desarrollados: el personal del centro que al parecer era conocedor del hostigamiento y no hizo lo suficiente para detenerlo. Como informaba Scheibel, "la investigación ha desvelado que parte del claustro, el personal docente y administrativo del centro también fue alertado del acoso de Phoebe Prince antes de su muerte".

El centro dice que hizo lo que pudo cuando tuvo conocimiento de la situación. En su favor, había incorporado a una experta en acoso escolar antes incluso de que los problemas de Phoebe salieran a la luz. Sin embargo, la interesada declaró a USA Today que cuando volvió al centro tras la muerte de Phoebe, "Me dijeron que no había señales visibles de que estos chicos se hubieran enfrentado a las consecuencias de lo que habían hecho".

Como cuestión legal, no es un delito. En un sentido más general, es un delito en toda regla.

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