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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Efectos nocivos

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 7 de abril de 2010, 08:42 h (CET)
Brendan Fevola, 28 años, jugador destacado del fútbol australiano y ganador de importantes trofeos por su calidad deportiva, ha sido transferido de club debido a una seria de incidentes acompañados de alcohol fuera del estadio, que culminaron con el acoso sexual de una periodista del Herald-Sun. Según The Atlantic, 100.000 incidentes de carácter sexual están relacionados con el alcohol entre los adolescentes norteamericanos que asisten a la escuela. Como se puede comprobar por las noticias, ni la élite deportiva ni la adolescencia anónima se escapan de delinquir por la ingesta desmesurada de alcohol.

Al alcohólico le es muy fácil decir que puede dejar de beber cuando quiera. Lo cierto es que esta facilidad no acostumbra a verse reflejada, si no en una abstemia total, sí en una moderación en el beber. A un conductor detenido en diversas ocasiones por embriaguez, se le preguntó sobre los efectos que producen el alcohol, a lo cual respondió: “Ya no me siento inferior. Olvido todas mis dificultades. Tengo la sensación de que domino totalmente mi coche, que puedo hacerlo ir más de prisa o más lentamente. Pero nunca quiero reducir la velocidad”:

Por alguna razón se bebe una copa de más. Jesse Smith nos da alguna pista al respecto: “Las mujeres beben por los mismos motivos que los hombres: esconderse a sí mismas algún defecto, narcotizarse el dolor físico o psíquico o sólo por el deseo de ser más sociables”. Analizarse a uno mismo con el propósito de descubrir todas aquellas características que pueden inducir a beber más de la cuenta puede ser el inicio de la regeneración y conseguir que la ingestión de alcohol pertenezca a una etapa del pasado.

Mc Cheyne, ilustre cristiano escocés del siglo XVIII, con el lenguaje propio de aquella época, pero que no deja de ser actual su mensaje, escribió: “Estos lugares (cervecerías, cafés, bares, etc.), son la maldición de Escocia. Nunca puedo evitar cuando veo en alguno de estos locales el cartel. ‘Autorizado para vender licores’, pensar que el permiso que se tiene es el de arruinar a las almas”.

No es ningún secreto que el alcohol ha sido y es el causante de muchas peleas, acabando algunas de ellas con derramamiento de sangre e incluso en la muerte de alguno de los contendientes. También en la violencia de género, en muchas ocasiones el alcohol anda por medio. Las estadísticas también manifiestan que en algunos accidentes de circulación el alcohol ha sido el culpable de haber ofuscado el cerebro de los conductores que los han provocado.

El vino es creación de Dios y es útil y saludable cuando se consume con moderación en las comidas. En la antigüedad se lo usaba como medicina. El apóstol pablo recomienda a su discípulo Timoteo: “Y no bebas agua, sino usa un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (I Timoteo 5:23).

Cuando se pasa de la ralla el vino deja de dar un punto de alegría y perturba el entendimiento hasta convertir a las personas que beben en exceso en objetos del escarnio de quienes se mantienen sobrios. “Fornicación, vino y mosto quitan el juicio” (Oseas 4:11). La adicción a las mujeres y al alcohol, el texto del profeta Oseas dice que hacen perder el juicio. Esta afirmación no es un supuesto sino una evidencia demostrada en muchos casos. La cosa no tendría demasiada importancia, si en el caso del alcohol que examinamos hoy, los efectos que provoca sólo son temporales. Es muy triste que alguien pierda la vida en una pelea porque se haya perdido el sentido común por el alcohol. Es muy lamentable que una mujer sea maltratada y ultrajada porque el marido haya perdido la compostura debido al exceso de alcohol. Por muy desagradables que sean las consecuencias físicas debido al consumo excesivo de alcohol, todavía son más graves los resultados eternos. Debido a que somos miopes no percibimos los golpes mortales que afectan al alma: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis…ni los borrachos…heredarán el reino de Dios” (I Corintios 6:9,10). A la persona que tiene la mente perturbada por el alcohol no le funciona su raciocinio. Está incapacitada para pensar correctamente. Tampoco está en condiciones para levantar la mirada hacia el cielo de donde le llega el socorro que necesita. La gracia de Dios es el origen de la curación. Ser consciente de que los borrachos no heredarán el reino de Dios es el incentivo más fuerte que se pueda sentir a dejar la bebida que le perjudica la existencia terrenal y que le mueve a buscar en el Padre de nuestro Señor Jesucristo la vida eterna, que, en definitiva, es lo más importante para el ser humano.

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