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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

La película de la vida: Imágenes antes de la muerte

María José Navarro
Vida Universal
martes, 6 de abril de 2010, 08:24 h (CET)
La mayoría de las personas quitan la muerte de sus pensamientos. Insisten en estar ocupados con la vida para apartar el único acontecimiento que se les presentará con seguridad, la muerte. La mayoría cree que existe una continuación, pero que es el ser humano quien determina por sí mismo cómo será esta continuación en el Más Allá, queda como una vaga suposición que uno considerará tal vez tan sólo poco antes del fin.

Si la muerte se presenta debilitando el cuerpo poco a poco, transcurre en la persona la película de la vida algunos momentos antes del fallecimiento. Alma y hombre reconocen en las imágenes, las situaciones que pueden arreglar o reparar, bien en pensamientos o todavía con palabras. Cuando la persona ha vivido orientada a Dios y puede aún arrepentirse, algunas cosas pueden ser liquidadas todavía en los últimos instantes de la existencia terrenal, si nuestros semejantes estén dispuestos a perdonar de corazón. Si no fuera así, el alma seguirá atada al alma de aquella persona que no le ha perdonado. En esto vemos lo sumamente importante que es vivir conscientes de cómo nos comportamos.

Si el hombre acepta su muerte física, podrá experimentar la misericordia divina en las horas de la muerte. El hombre vive entonces esta película de la vida con plena conciencia. Mientras la respiración fluye todavía por el cuerpo, el alma y el hombre observan aquello que se ha presentado para ser purificado. También reciben la fuerza y la posibilidad para llevar a cabo esta purificación todavía plenamente consciente. Hasta nuestro último aliento terrenal tenemos la oportunidad de reparar lo que hayamos ocasionado a nuestro prójimo o contra las leyes de Dios que conocemos en los 10 Mandamientos, también lo que hayamos causado a los animales o al planeta Tierra. Puesto que nuestra alma se lleva al Más Allá todo aquello que no hemos purificado aquí en la Tierra.

Por tanto, cada hombre determina por sí mismo que el Más Allá se le presente como cielo o infierno. Nuestro pequeño mundo existe tanto aquí como allá. Nos llevamos al otro lado todo, tanto la luz como las sombras. Si el hombre aprovechó los día terrenales y purificó en gran medida sus encarnaciones anteriores, si vivió las leyes cósmicas del amor, el alma entrará en esferas de irradiación luminosa. El alma oscura, sin embargo, pasará por delante de sus demandantes que le acusarán e inculparán por su comportamiento, que le acosarán y perseguirán en su interior ocasionándole el fuego infernal.

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