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Etiquetas:   The Washington Post Writers Group   -   Sección:   Opinión

Mal sitio para ser voyeur

Ruth Marcus
Ruth Marcus
viernes, 2 de abril de 2010, 08:12 h (CET)
WASHINGTON - Una mujer lo hizo.

Resulta que el becario del Comité Nacional Republicano que acompañó a un grupo de donantes a Voyeur, el club nocturno de temática sado de West Hollywood y luego presentó una cuenta de gastos del orden de los 2.000 dólares, es una tal Allison Meyers, directora - mejor ex directora - del programa de Jóvenes Águilas del Comité Nacional Republicano destinado a los donantes de menos de 45 años.

Yo había supuesto que la excursión de picos pardos fue una especie de aventura exclusivamente masculina, parecida a una despedida de soltero. Que fuera una excursión mixta, y que el aparente líder de la manada fuera una mujer, sólo hace aún más espeluznante todo el asunto.

Según lo descrito en Los Angeles Times, el club, "inspirado en la película 'Eyes Wide Shut', pretende ser 'rompedor y provocador' y 'una combinación entre intimidación y sexualidad'", en palabras del socio David Koral. "Artistas ligeras de ropa interpretan 'escenas' de bondage y sado durante la noche". La noche del estreno, dice el Times, "Una actriz con el arnés de un caballo en la boca era atada a la pared por otra".

Llámeme ingenua, llámeme mojigata, pero ¿qué es lo que está haciendo en un lugar así cualquier mujer que se respete, alguien que quiera ser tomada en serio profesionalmente - y no digamos ya pasando la cuenta de gastos a la empresa? De acuerdo con un correo electrónico del Comité Nacional Republicano acerca del incidente, "esa persona (Meyers) era consciente de que esta actividad no estaba considerada como dieta de gastos y había sido anteriormente aconsejada en esta misma materia. En consecuencia, ese miembro de la plantilla ha sido despedido". Esta actividad - ¿quieren decir que ella había presentado gastos en clubs de baile erótico con anterioridad?

Ríase del episodio si le apetece, pero hay antecedentes problemáticos de mujeres profesionales y clubes de striptease. Agasajar a clientes en clubes de striptease era una práctica habitual de Wall Street hasta que las mujeres empezaron a ganar los pleitos por discriminación denunciando la práctica como un patrón más extendido de trato desigual y entorno laboral hostil.

Carly Fiorina, la antigua consejera delegada de Hewlett-Packard que se presenta al Senado por California, describe en sus memorias, "Decisiones difíciles", cómo le fue retirada la invitación a una importante comida a principios de la década de los 80 en cuanto los clientes expresaron su deseo de acudir a un club de striptease. "No tenía ni idea de lo que tenía que hacer en esta situación", escribe. "No puedo decir que no me importara - claramente era importante reunirse con estos clientes y convencer (a su jefe) de que yo debía ser tomada en serio. Nunca se me ocurrió indignarme y exigir que no fueran - no habría servido de nada de todas formas".

Fiorina decidió tragar, "intenté sonar comprensiva... y traté desesperadamente de ignorar lo que sucedía a mi alrededor" -- su jefe borracho seleccionando mujeres para realizar bailes privados. Al "día siguiente en la oficina", concluye, "el equilibrio de poder había cambiado sensiblemente. Había demostrado (a sus jefes) que no me iba a dejar intimidar, aunque estuviera aterrorizada".

No entiendo esto como la victoria que ve Fiorina: ¿por qué tuvo que tragarse el orgullo y aguantar los bailes privados para ascender? Tres décadas más tarde, la presencia de Allison Meyers con su bandada de águilas en Voyeur es aún más preocupante. Puede que se sintiera presionada para acompañar a los muchachos -- en cuyo caso no hemos avanzado tanto después de todo. O pensó que era totalmente normal ver, en la descripción del Washington Post, "bailarinas en topless con arneses de caballo y demás indumentaria bondage imitando actos sexuales" - en cuyo caso hemos retrocedido muchísimo.

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