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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Abaratar el despido o conseguir que lo paguemos entre todos?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 2 de abril de 2010, 08:12 h (CET)
No sé si se trata de revivir la famosa anécdota que se le atribuye a Cristóbal Colón, cuando retó a todos los comensales que le acompañaban y que, al parecer, le restaban méritos por su gran gesta del descubrimiento de América, a que pusieran un huevo duro de pie sobre la mesa; todos la conocemos, por lo que no revelaré el final de tal prueba; sin embargo, después de que, tanto desde Europa como desde los ámbitos empresariales de este país, se haya venido insistiendo en la necesidad de que el Gobierno emprendiera una reforma a fondo del mercado laboral, sin poderlo conseguir debido a la actitud negativa del Gobierno y el obstruccionismo de los Sindicatos obreros; no nos puede menos que chocar el hecho de que, ahora, se vuelva a traer a colación el tema y ¡lo más inimaginable, que CC.OO y el señor Fernández Tocho parezcan dispuestos a aceptar un despido según el modelo austriaco!, cuando, tanto ellos como la UGT del señor Méndez, amenazaran con la huelga general si se intentaba abaratar los costes del despido! Claro que, hecha la ley hecha la trampa, y todos ya sabemos aquello que se publicaba en el TBO de nuestra infancia de los maravillosos inventos del profesor Franz de Copenhague, unos inventos que, a través de complicados artilugios y rebuscados conductos, se solucionaban problemas sencillos que, con un simple movimiento mecánico se podían ejecutar.

Vamos a ver si lo podemos entender. Se propone un tipo de despido similar al que existe en la actualidad en el “contrato de fomento de empleo” que contempla una indemnización de 33 días por año de servicio con un máximo de 24 mensualidades. Es sabido que, lo usual en las regularizaciones de plantilla que se llevan a cabo en estos momentos, es que se apliquen las indemnizaciones contempladas en el Estatuto para los Trabajadores, de 45 días por año de servicio, para el caso del denominado “despido improcedente”. Parece que la propuesta que se ha sacado de la manga el Gobierno consistiría en una indemnización por el empresario, en efectivo y en el acto del despido, similar o quizá algo menos a los 33 días por año de servicio, pero que, a cambio, se compensaría al trabajador con una especie de hucha (fondo), que se habría constituido para él durante el tiempo en que trabajase en la empresa, y que, si nadie me desmiente, se iría formando con aportaciones realizadas por la propia empresa. Este fondo se pone “a disposición” del trabajador que pierde su empleo que puede elegir entre “rescatarlo” y disponer de él o mantenerlo para “llevárselo” a otra empresa donde decida trabajar, para que ésta lo siga nutriendo hasta que se produzca un nuevo despido o bien el trabajador se jubile; en cuyo momento puede cobrar o rescatar el fondo que tenga a su favor. Con ello se pretende establecer una especie de seguro a lo largo de toda la vida laboral del trabajador. Esta modalidad está inspirada en el modelo “austriaco” y parece que, para el gobierno, ha sido lo mismo que descubrir la “piedra filosofal”.

No obstante, con la información que hasta ahora ha ido apareciendo en la prensa, a uno se le plantean algunas cuestiones que vale la pena de exponer. Por ejemplo, ¿cuál sería el montante del fondo a constituir?, ¿correría todo este gasto a cargo de la Empresa?, ¿tendría algún beneficio fiscal la empresa a cuyo cargo se creara?, ¿las empresas estarían obligadas, cuando se constituyera esta nueva modalidad de despido, a dotar con sus aportaciones los fondos de la totalidad de sus trabajadores?, ¿una empresa que tuviera necesidad de despedir personal ( hablamos de esta crisis en la que estamos) estaría obligada, además de a apechugar con sus gastos, deudas e impagos, a constituir el indicado fondo o sería el Estado quien lo adelantara?, ¿ se ha calculado el dispendio que la aplicación de semejante medida constituiría para los miles de empresas actualmente en crisis?, ¿se arbitrarían créditos especiales para ayudar a las empresas?, y, en el caso de que así se hiciera, ¿ de dónde sacarían los bancos los fondos para hacerlo? O, ¿sería, de nuevo, el ICO quien, actuando de banco público, financiara este nuevo gasto? Tendría muchas más preguntas que hacer, pero la limitación de espacio no me permite hacerlo. Pero si se me ocurre que, a primera vista, a golpe pronto, comentar la impresión que me está causando esta propuesta del Gobierno, y si se me permite la reflexión, aún más, al saber que les parece bien a los sindicatos; pues, en realidad, es como la pescadilla que se muerde la cola, algo que, es bastante difícil de llevar a cabo y, todavía más, si se tiene en cuenta que se debería empezar a aplicar y, por consiguiente, a constituirse los fondos individuales para los trabajadores; en unos momentos en que las empresas están bajo mínimos y, muchas de ellas, con el agua hasta el cuello, con el peligro de que muchas de ellas se vean obligadas a bajar las persianas y declararse en quiebra.

Por otro lado, volvemos al tema de cómo se puede poner un cambio de la trascendencia económica de este que se anuncia, cuando el Estado está endeudándose cada día más, el desempleo engordando, sin que las medidas adoptadas por el señor ZP y los suyos, hayan conseguido mejora alguna y un déficit público que supera los 100.000 millones de euros. Mucho me temo que, al fin de todo este proceso, ocurra lo que siempre sucede en España, que seamos los sufridos ciudadanos, los de la clase media para abajo, los que tengamos que apechugar, una vez más, con nuestros impuestos, tasas, recargos etc. a que el Gobierno se quite de encima una responsabilidad que le resulta demasiado pesada en tiempo de elecciones. Ya sabemos que nos aumentarán el IVA, el IRPF, el IBI, los recibos del gas y de la luz (y no el incremento del coste de vida, sino mucho más) y los combustibles, de aquí al mes de julio. También sabemos que las promesas de Zapatero y la señora Salgado respecto a que, este primer semestre, mejoraría la situación, han quedado en agua de borrajas, como, con toda seguridad, van a quedar aquellas otras que pretenden endosarnos que, a finales del 2010, va a repuntar la economía. Un sandez tras de otra, un cuento tras de otro, una mentira tras de otra.

Es imposible, señores del Gobierno que, con los pocos panes y peces de que disponemos, se produzca el milagro de que, todos los españoles que quedan trabajando en España, puedan tirar de la pesada carga de un Estado mal dirigido por ustedes; de un despilfarro del gasto público; y de una defensa de unos supuestos derechos de los trabajadores, basados en más endeudamiento y en mayor déficit público; sin que se produzca una hecatombe económica, como parece que se va a gestar si se sigue por este camino. Los socialistas se han empeñado en ir parcheado de veleidades, de propuestas absurdas, desmesuradas y absolutamente insensatas, toda su gestión; empeñados en ir por el mundo como si fuéramos la nación más rica del orbe, regalando cientos y miles de millones a otros países cuando, no sería nada extraño, si no es que sea muy probable que, en un corto lapso de tiempo, sean ellos quienes deban venir a apoyarnos a nosotros para que no sucumbamos en la miseria. Y no se crean ustedes que exagero un ápice, porque de esta posibilidad ya se está hablando por los pasillos de la CE, en la propia Bruselas; donde los mandatarios de otras naciones ya no se fían del señor Rodríguez Zapatero y, algunos están convencidos de que, al fin y a la postre, tendrán que echarnos de la zona euro, para que no acabemos de hundir el valor de la moneda única europea. Quizá estemos equivocados pero, por si acaso, no se descuiden y póngase a salvo… si pueden.

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