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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Vive la Pasión

Octavi Pereña
Octavi Pereña
viernes, 2 de abril de 2010, 08:10 h (CET)
La escenificación de los últimos días de Jesús que se hace en Balaguer, Lleida, tiene por título ‘Vive la Pasión’. Uno de los significados de vivir es: “Estar presente una cosa en la memoria”. La pregunta que es necesario hacerse es: La escenificaciones de la Pasión, ¿sirven para tener presente en la memoria lo que Jesús hizo para la salvación del hombre? Las representaciones teatrales de la vida de Jesús despiertan admiración por la escenografía bien realizada, por el buen trabajo de los actores, por lo agradable que es ver una buena representación teatral, pero no sirven para mantener presente en la memoria lo que Jesús hizo para bien del hombre.

La Pasión de Cristo no es un hecho que debe recordarse superficialmente durante unos pocos días al año, en la época de las procesiones de la llamada Semana Santa que visualizan el hecho de que Jesús murió por nuestros pecados, cuando el recuerdo debe ser hecho por fe. Las representaciones teatrales de la Pasión de Cristo pretenden reconstruir el aspecto externo de los sucesos, pero se olvidan de recordar el motivo que impulsó a Jesús a ofrecerse para pasar por el cruel sufrimiento de que fue objeto con el sublime propósito de rescatarnos de nuestro pecado.

A Dios no le ha pasado por la cabeza que el recuerdo del sufrimiento por el que pasó su Hijo enviándolo a morir a favor de su pueblo se tuviera que hacer mediante representaciones teatrales. El sistema que Dios ha establecido es el de la predicación: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron el evangelio, pues Isaías dice. Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:15-17).

Una representación teatral gratifica los sentidos haciendo que los espectadores se lo pasen bien. Como mucho, el recuerdo de la experiencia agradable dura dos o tres días. Después, el recuerdo se evapora. El tema de la Pasión de Cristo es para vivirlo, para tenerlo presente en la memoria todos los días de nuestra vida porque es básico para la salud del alma y la vida eterna. Es por ello por lo que Dios ha escogido la predicación para recordárnoslo. La predicación merecedora de este nombre expone la muerte de Cristo, sin artificios oratorios que despiertan sentimientos enfermizos, y los motivos que le impulsaron a padecer los sufrimientos que recibió transporta el corazón de Dios hasta nosotros y nos expone el amor inmensurable de un Dios que por amor a nosotros entrega a su Hijo a morir. La Escritura habla de este Dios único que se interesa por el pecador desvalido. La lectura persistente de la Biblia y escuchar la predicación basada en lo que Jesús ha dicho y hecho nos acerca al amor infinito que Dios siente por nosotros.

La representación teatral de la Pasión de Jesús no sirve para acercarnos a Dios que nos ama de una manera increíble, porque no comparte con el espectador lo mucho que Dios le ama. Se limita a reproducir mecánicamente los acontecimientos del Gólgota, dejando embelesado al espectador con la dramatización pero dejando su alma marchita por la falta del agua viva que es Jesús.

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