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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Vivir mejor para vivir más

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 1 de abril de 2010, 08:59 h (CET)
Las principales causas de mortalidad, son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y las enfermedades cerebrovasculares. Las tres juntas representan en torno al 60% de las muertes de nuestro país. Con ello se pone de manifiesto la importancia de las condiciones de vida y de trabajo y los estilos de vida en la salud de los ciudadanos.

La nueva mortalidad y morbilidad plantea la necesidad de analizar las causas sociales de las mismas. La salud no se distribuye en la sociedad de una forma aleatoria, sino que el nivel de salud de la población reproduce con bastante exactitud las diferencias socio-económicas existentes en la sociedad.

A mayor nivel de ingresos mejor nivel de salud, así la población que presenta un estado de salud bueno o muy bueno oscila entre el 44% de los que tienen bajos ingresos, pasando por el 50% de los que tienen ingresos medios, al 54% de los que tienen ingresos altos. A este respecto también conviene señalar que la causalidad de muchas de las enfermedades actuales, es fundamentalmente social.

Las estadísticas son contundentes. La probabilidad de que los trabajadores y trabajadoras no cualificados no alcancen la edad de jubilación es 2,5 veces superior al de los hombres y mujeres del grupo de profesionales, disminuyendo claramente la probabilidad a medida que se asciende en la escala social.

El gran desequilibrio interregional existente en nuestro país tiene también su reflejo en las diferencias de las tasas de mortalidad por toda causa entre las distintas Comunidades Autónomas. Cataluña es la Comunidad Autónoma con la esperanza de vida más elevada, en el momento de nacimiento, 76,88 años, y ocupa con Baleares, cuya esperanza de vida es de 75,76 años, los primeros puestos del “ranking” de la renta familiar disponible por persona. Por el contrario Andalucía y Extremadura que son las dos Comunidades Autónomas con menor renta familiar disponible por persona, tienen una esperanza de vida de 74,46 y 74,82 años, respectivamente.

No se trata tan sólo de aumentar la renta familiar disponible por persona sino también de adoptar hábitos muy relacionados con la salud, tales como, fumar y beber menos, mantenerse activo, vigilar el peso y procurar una dieta sana.

Las nuevas enfermedades colocan al sistema sanitario actual ante una situación de relativa impotencia. Las enfermedades crónicas, el estrés, los problemas psicológicos y mentales, los tumores y las enfermedades cardio-cerebrovasculares están íntimamente relacionadas con las condiciones de trabajo y de vida de las personas.

Los que tienen rentas más altas además de vivir mejor, disfrutan de una mayor salud y viven más.

La reducción de las desigualdades sociales en salud pasa por una definición de salud más social y por la articulación de una política que contribuya a eliminar los desequilibrios regionales, así como, a mejorar la calidad de vida personal y colectiva, incluyendo aspectos laborales, económicos, de vivienda, de medio ambiente, a la vez que socio-culturales. Pues en la actualidad, a pesar de la existencia de servicios sanitarios para todos, los pobres siguen viviendo menos y peor. Y es que, como dijo el poeta: “Si no he tenido en vida / en donde caerme muerto, / ¿para qué voy a querer / después de morir tenerlo?”.

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