Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

De reyes y tauromaquia

Julio Ortega Fraile
Redacción
jueves, 1 de abril de 2010, 08:28 h (CET)
Hay más en común, Don Juan Carlos, que una dinastía entre “El Deseado” y “El Designado”, extremos ambos de una línea negra de la que desde entonces hasta ahora, mana de forma incesante una sustancia roja que tiñe a este País de dolor y de vergüenza. El padre de su antepasado pretendió, sin éxito, secar rastro tan indigno, pero Usted hoy, como el “Felón” hace dos siglos, sigue alentando la sangría feroz de la tauromaquia, logrando que la España del XXI comparta los atavismos de la del XIX.

Sus declaraciones en Sevilla, durante la entrega de los Trofeos Taurinos de 2009, dejan claro que tanto la puya, como la banderilla, la espada y la puntilla, son armas que adornan el blasón de su real conciencia, y allá cada uno con sus mayestáticas querencias mientras sean sólo perversiones del pensamiento, lo pavoroso es que sus palabras son un estímulo para que ese acero, siga hundiéndose en el cuerpo de animales a los que le aseguro, la dignidad de su cargo, no les resta un ápice de sufrimiento.

No acierto a ver dónde encuentra Usted “el nacimiento de un mundo cultural y artístico fecundo tras un buen lance”, yo sólo aprecio tortura, agonía y muerte. Y no creo, que mi vista de plebeyo sea más aguda que la suya para contemplar las heridas del toro, ni mi oído más fino para escuchar sus gemidos. Somos ambos testigos de una misma realidad, lo que nos diferencia es que en su caso, antepone su pasión a cualquier consideración hacia el martirio experimentado por la víctima que excita sus sentidos produciéndole placer. Es como la caza Señor, al hombre nunca le duele, por eso la disfruta. Supongo que la empatía con el mal ajeno es un arcano para algunas sensibilidades.

Puede seguir felicitando a matadores y afirmando que “por supuesto que apoya a la Fiesta Nacional”. No seré quien me asombre por ello, y menos cuando prefiero el catorce de abril al veintidós de noviembre, por lo que aún con lo regio de su condición, no distingo sus palabras de las de cualquier otro taurino, esos que exigen libertad para seguir desgarrando músculos y perforando vísceras de toros. Lo que lamento es que para muchos ciudadanos, lo que su Rey da por bueno lo es sin más. No resulta fácil despertar al Pueblo de un letargo servil impuesto por siglos de educación y de tradiciones. Posiblemente por eso, van tan ligadas unas a otras y entre todas, se amparan y contribuyen a perpetuarse.

Noticias relacionadas

¿Cuándo dejará Europa de ser un vasallo de EEUU?

El fracaso de las sanciones de EEUU a Rusia

Eso de la Cuaresma ¿va contigo?

Ahora es tiempo favorable para convertirnos y creer en el Evangelio

¿El castellano en Cataluña? ¿Quién permitió que se aboliese?

La Constitución española no necesita ser interpretada respeto a la vigencia, en todo el territorio español, de la lengua que hablan más de 500 millones de personas: el castellano.

Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

El riesgo feminista

Hace unos días el arribafirmante escribió sobre los peligros del neomachismo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris